La universalidad del cine africano cierra el Festival de Tarifa

  • El marroquí Daoud Aoulad-Syad gana el Griot a la mejor dirección con 'A Jamaa', que surgió del rodaje de su anterior filme

El Festival de Cine Africano de Tarifa concluyó ayer su octava edición, después de haber entregado sus premios, los Griot, a unos realizadores y actores que han mostrado que el cine "es la vida" y que, más allá de los tópicos, el continente negro tiene "historias universales" que contar.

Así lo explicó el marroquí Daoud Aoulad-Syad, ganador del Griot a la mejor dirección por su película A Jamaa (La mezquita), que ya obtuvo una mención especial en el Festival de Cine de San Sebastián "por la simplicidad de una historia que esconde lo complejo".

El filme es un fiel reflejo de las estrechas relaciones entre la ficción y la realidad. "A Jamaa surgió del rodaje del anterior filme del director marroquí, un profesor de Físicas y Matemáticas que llegó al cine "por casualidad" y que para su anterior trabajo alquiló varios terrenos en un pueblo para construir decorados, entre ellos el de una mezquita que los vecinos comenzaron a utilizar para rezar.

Cuando el rodaje acabó, el dueño de esos terrenos quiso derribarla para seguir cultivando sus hortalizas, pero se encontró con la oposición de los vecinos y autoridades, que ya la consideraban la mezquita del pueblo.

"A Jamma relata el enfrentamiento de este hombre sencillo con sus vecinos y con el poder político y religioso y refleja la conclusión a la que llegó el director cuando, al conocer el problema, quiso investigar su solución consultando a los teólogos de la Universidad de Religión de Marrakech. "Había gente que se oponía al derribo del decorado y gente que estaba a favor. Unos y otros citaban como argumento las mismas frases del Corán. Eso demuestra que la religión en todas partes es lo mismo, somos los humanos quienes la utilizamos para lo que queremos según nos convenga", dijo el realizador.

Junto al premio a la mejor dirección, Daoud Aoulad-Syad podría haber conseguido otro que no existe en el certamen de Tarifa, el de mejor director de actores ya que en A Jamaa logra que intérpretes profesionales sean confundidos con los no profesionales. Es así hasta el punto de que el jurado del Festival de Cine de Tarifa -como muchos críticos cuando la película pasó por el Festival de San Sebastián- ha valorado en su veredicto "la utilización de actores no profesionales" en A Jamma, cuando todos ellos, según apuntó el director, son actores.

"Todos son actores profesionales, mi objetivo es que cada uno de ellos se convierta en una persona cualquiera", explicó el realizador, que celebra así la confusión mientras cuenta que le gusta contar con intérpretes "que proceden del teatro" y que trabaja "mucho" con ellos antes de llegar al rodaje.

"Las películas se hacen antes del rodaje. Yo, como decía Hitchcock, hago las películas en mi oficina", subrayó el cineasta, que pese al premio, no cree que su película, la quinta de su carrera, llegue a los cines españoles.

Tampoco tiene planes para ello la película egipcia Microphone que obtuvo el Griot a la Mejor Película del Festival de Tarifa y en el que el joven realizador Ahmad Abdallah refleja el papel del arte en los cambios políticos y sociales de su país.

Pero se marchan contentos de un festival que cerró ayer sus puertas para abrir su camino de itinerancia por una treintena de ciudades españolas, que tendrán la oportunidad de acercarse a los 140 filmes que han desfilado por este certamen, y por diversas localidades africanas, a las que la ONG que organiza el Festival de Cine Africano de Tarifa llevará también sus películas.

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