Editorial

Alerta sanitaria y confusión

EL ministro de Sanidad, Bernat Soria, intentaba transmitir ayer desde Sevilla, en una improvisada comparecencia ante los medios de comunicación, un mensaje de tranquilidad a la población sobre el consumo del aceite de girasol, garantizando que la situación "está controlada" y que "se está cerca" -sin aclarar plazos- de levantar la recomendación de no consumir ese tipo de aceite. Pero ayer hacía falta algo más que una declaración ministerial para poner orden en la confusión creada al respecto por las propias autoridades y la lógica alarma levantada entre los consumidores, pues no en vano el aceite de girasol es un elemento básico en la cesta de la compra de muchísimas familias españolas. No parece que tenga mucho sentido decretar una alerta sanitaria sobre un producto como el aceite de girasol y, en la práctica, pedir que no se consuma y su retirada de los puntos de venta y, al mismo tiempo, anunciar que no existen riesgos para la salud. Son varios los países de la Unión Europea afectados por la entrada de aceite contaminado por hidrocarburos alifáticos procedente de Ucrania, pero sólo en España se ha tomado la drástica medida de pedir que deje de consumirse. Se trata de una medida profiláctica que no cabe censurar, pero que hubiera sido mejor comprendida si hubiera venido acompañada por una explicación más completa de lo que estaba sucediendo. En España existen, desgraciadamente, precedentes tan graves como el de la colza para tomarse muy en serio estas cuestiones. El caso del aceite de girasol contaminado viene, por otra parte, a confirmar la importancia de la trazabilidad en el control de los alimentos. Llama la atención en este sentido el retraso de varios días en identificar las marcas y las partidas concretas a las que han ido destinadas el aceite ucraniano que haya podido entrar en nuestro país. El daño que esto puede ocasionar a las empresas envasadoras y, en general, al sector relacionado con el cultivo del girasol puede ser enorme y ésta es una circunstancia que el Gobierno también debe tener en cuenta.

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