EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Grecia

GRECIA es uno de los países europeos que más me gustan, y si pudiera, me encantaría tener una casita en una isla griega, como esa isla de Hydra en la que Leonard Cohen compuso muchas de sus mejores canciones. Pero cuando leo cosas sobre Grecia se me ponen los pelos de punta. Por ejemplo, que la deuda pública griega asciende a 360.000 millones de euros, y que cada bebé ya debe al nacer 30.000 euros. No sé si estos datos son fiables, porque estos días se escriben tantas cosas que uno nunca sabe hasta qué punto son invenciones. Lo que sí es evidente es que todo lo que ocurre en Grecia es terrorífico.

Mucha gente acusa a los banqueros y a los gobernantes griegos de todo el problema, pero las cosas no son tan simples. La clase política que dirige un país no llega en una nave espacial, sino que se comporta de acuerdo con los códigos de conducta más arraigados en una sociedad. Si la sociedad es corrupta, la clase política es corrupta. Si la sociedad es irresponsable, la clase política es irresponsable. Y si la clase política vive una estrepitosa quiebra moral, toda la sociedad vive también una aparatosa quiebra moral. Y la clase política griega ha actuado durante muchos años de acuerdo con las costumbres más intocables de los griegos. Y entre esas costumbres estaban los sobornos indiscriminados, el fraude fiscal a gran escala y la falsificación sistemática de las cuentas públicas.

Veamos una serie de hechos. En Grecia, los partidos políticos no han sido capaces de formar un gobierno de unidad nacional, a pesar de que el país está al borde de la bancarrota y está poniendo en peligro a media Europa. En Grecia, el Gobierno falsificó en año 2001 la cifra del déficit público, declarando que era del 3% cuando en realidad era del 15%. En Grecia es una práctica habitual que los funcionarios cobren sobornos. En Grecia, cualquier usuario de la Sanidad Pública sabe que debe pagar un soborno si quiere ser atendido por un médico. En Grecia, los empleados públicos cobran tres veces más que sus homólogos en el sector privado. En Grecia, los monjes de Monte Athos crearon un tinglado financiero que defraudó millones de euros al Estado. En Grecia, el sistema educativo es el peor de Europa, a pesar de que tiene cuatro veces más empleados públicos que Finlandia. En Grecia hay tres compañías públicas que se dedican a la compra de armamento. En Grecia no hay un solo ciudadano que haya sido encarcelado por evadir impuestos. En Grecia, las aficiones de los equipos de fútbol llenan los estadios de bengalas sin que nadie se lo prohíba. Y en Grecia, los ciudadanos que se manifiestan ante el Parlamento exhiben unas grandes sogas para ahorcar a sus políticos, como si los políticos fueran los únicos culpables de lo que está ocurriendo.

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