la columna

Juan Cañavate

Señales

SOSTIENE Diana, mientras arrastra la barriga por la hierba fresca tratando de escapar del calor de la tarde que, a pesar de seguir depositando toda su confianza en la nariz, empieza a creer cada día más en los numerosos signos misteriosos, señales del más allá o del más acá, piensa ella, que seguro quieren decirnos algo y añade que si los humanos despreciamos el significado oculto de tantas señales, no hacemos más que evidenciar nuestra similitud mental con un lebrillo porque, de fijo, piensa ella, anuncian algo, aunque no tenga del todo claro si se refiere al fin del mundo o al ascenso victorioso de Rajoy a la Moncloa.

Defiende Diana su hipótesis predictiva amparándose en hechos tan significativos como que en los fastos organizados por el Instituto Cervantes para celebrar el día de nuestra lengua patria, fuera elegida como la más bella de nuestro idioma, la palabra Querétaro que, por lo que se sabe, no existe en el español de la Academia y en realidad pertenece a la lengua purépecha y dice que semejante disparate sólo puede interpretarse como premonición de algo y no como fruto de la casualidad o del azar y viene a comparar este acontecimiento, aunque con respetuosa distancia, con el momento en que el señor Aznar adquirió, de la noche a la mañana, el don de lenguas y acabó hablando español como si cantara la muy célebre Yellow Rose of Texas y que aquel signo, aparentemente vano para quienes no saben leerlos, indicaba la inevitable pérdida de razón que asalta a todos los presidentes poco antes de ser sustituidos.

Dice Diana, mientras mueve el rabo con lánguido abatimiento, que en todo caso, poca importancia tiene el asunto si se compara con lo de la Virgen del Rocío, que no se conoce en la tierra del Señor acontecimiento más aciago que el que a la Blanca Paloma se le haya ido un varal de las andas y haya tenido que volver a su templo sin rematar faena o, por seguir con la vena, que en la madrugá del presente año, se quedaran en casa todas las Esperanzas de Sevilla, que cosa igual no se había conocido desde el año 33 y menudos signos fueron aquellos con lo que cayó después.

Y dice, por si aún dudo, que a ver si puede entenderse como algo normal y cotidiano y no como una manifestación de lo divino, que el Granada haya subido a Primera División y, aunque le jode el oficio de profeta, dice también que no suelte la caña del timón que, por lo que se va viendo, van a soplar galernas.

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