editorial

Sonata de otoño

E L curso político puede darse por iniciado desde este mismo fin de semana, mucho antes del otoño meteorológico, como corresponde a un país cuyos problemas ni admiten esperas ni toleran pausas. Lo han abierto los líderes de los dos grandes partidos nacionales, Rajoy y Rubalcaba, en Galicia. No es casualidad: las elecciones autonómicas gallegas, convocadas para el 21 de octubre a rebufo de las vascas, serán la primera gran prueba de fuego para la dura política contra la crisis puesta en práctica por el Gobierno del Partido Popular, y también para la línea de oposición desarrollada por el Partido Socialista. El Gobierno, que ya recibió llamadas de advertencia del electorado en comunidades tan específicas como Andalucía y Asturias, pasará su test más relevante en Galicia, una región tradicionalmente afecta a los populares y cuando ya llevará nueve meses en el poder y ha plasmado los grandes rasgos de su respuesta a la crisis: austeridad, recortes y saneamiento de las cuentas públicas. Consciente de su limitado papel en el País Vasco ante la previsible marea nacionalista, el PP se juega en tierras gallegas un primer veredicto ciudadano sobre el ajuste y sobre su propia capacidad para sacar al país de la recesión y la debilidad financiera. Precisamente en Galicia se inició en 2009 el ciclo de victorias electorales del PP que terminó con el Gobierno socialista de Zapatero. Pero las pugnas electorales gallega y vasca, con la catalana también en el horizonte, es sólo el fenómeno más llamativo de una realidad compleja que exige muchas respuestas en el otoño político, económico y social que ahora se abre. En un contexto de malestar social creciente, agudizado por la subida del IVA, España se enfrenta en las próximas semanas a la concreción del rescate bancario, la posibilidad del rescate de toda la economía nacional con la consiguiente intervención europea, los rescates de las autonomías, el debate de los presupuestos de la UE y de los Presupuestos Generales del Estado -marcados por nuevos recortes- y las protestas callejeras ya previstas. Del desarrollo de estos asuntos y las decisiones con que se afronten depende mucho el rumbo que tome nuestra nación.

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