Cámara subjetiva

Ángeles Mora

El shock

LA escritora canadiense Naomí Klein se hizo famosa por un libro que hablaba del poder de las marcas comerciales: No logo. Pero su libro más importante hasta ahora es el titulado La doctrina del shock, que acaba de ser premiado por la prestigiosa Universidad inglesa de Warwick. En la contracubierta de La doctrina del shock se puede leer: "Naomí Klein ha escrito un libro brillante, terrible y valiente. Es la historia secreta de lo que conocemos como libre mercado y debería ser de lectura obligatoria". Frente a la idea de que el triunfo del capitalismo ha sido consecuencia del triunfo de la libertad -o al revés-, Naomí Klein demuestra en su libro que, por el contrario, el capitalismo se basa en la violencia y el terror que ejerce sobre los individuos, y al igual que con los electroshock se persigue dominar, domesticar y doblegar a los enfermos, el capitalismo ha utilizado el miedo, el shock social y aprovechado las sucesivas crisis (guerras artificiales o desgracias naturales) para hacer traumáticas reformas económicas que han favorecido siempre los intereses del tejido industrial, comercial y gubernamental frente a la cada vez mayor debilidad de una sociedad civil sumisa y doblegada.

Llega en un buen momento, o mejor dicho, en momento oportuno este reconocimiento al trabajo de Naomí Klein. Llega en un momento de extremado shock. Pareciera que se les ha ido el shock de las manos y que hasta el propio capitalismo y el libre mercado han entrado en estado de shock. Ahora todo el sistema tiembla. Tiembla la bolsa, la banca, la industria, la construcción, los gobiernos… Y no digamos los ciudadanos que andamos ya con los pelos de punta, parados o amenazados.

A todo esto resulta otro sarcasmo más el descaro con que los bancarios piden "intervención" del Estado, pero no "nacionalización". Que el Estado intervenga, o sea, que ponga dinero, que arrime el hombro para salvar a los bancos… pero nada de que el Estado controle. Es una lógica magnífica: capitalizar las ganancias y socializar las pérdidas. Así todo va la mar de bien para los banqueros y sus bonos/sueldos quedan siempre garantizados, pase lo que pase. Pues no, señoras y señores, ¿estamos rozando el límite? El Estado no puede regalar nuestro dinero a los bancos. Apenas se podría entender que comprara acciones, que serían de todos (es un decir), hasta que los bancos recuperasen su solvencia y las recompraran.

Aunque qué falta nos está haciendo en esta tesitura una banca pública española, tan irresponsablemente privatizada en su día.

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