Sombrillas sin dueño, bando olvidado

  • El polémico mandato municipal que hace cuatro años suscitó las críticas entre los bañistas del municipio pasa desapercibido para los visitantes, que siguen llenando la orilla de artículos para reservar su espacio

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Hace cuatro años la polémica se apoderó de Almuñécar. Su alcalde, Juan Carlos Benavides, decidió multar a aquellas personas que reservaran su espacio en la playa sólo con la instalación de su sombrilla y otros artículos. Años después y pese a que el bando de Alcaldía que prohíbe la reserva de espacio en las playas de Almuñécar sigue vigente, poco caso le hacen los visitantes. Las polémicas campañas de retirada de estos elementos para reservar el espacio realizadas en temporadas anteriores parecen no haber servido de escarmiento y la enquistada costumbre sigue más viva que nunca.

En pleno mes de julio, es impensable pasear por algunas playas sexitanas durante las horas del mediodía sin encontrarse decenas de sombrillas cerradas plantadas en primera línea de playa. Y por supuesto, ni un alma en varios metros a la redonda. El bando municipal ha quedado en el olvido tanto para los veraneantes como para el Ayuntamiento, que pese a reconocer que sigue vigente, en lo que va de verano no ha realizado control alguno que vele por el cumplimiento de la medida. Lejos han quedado aquellas polémicas disputas entre bañistas y policías locales, ante la intención de éstos de retirar sus sombrillas, tumbonas y cualquier otro elemento que sirviera para reservar un espacio en la arena.

A la luz de los hechos, que se repiten en playas masificadas como Velilla, el Tesorillo o San Cristóbal, de poco han servido las campañas de la Policía Local del municipio.

Los turistas, sobre todo aquellos de segunda residencia que llegan a la localidad en verano, continúan instalando sus sombrillas casi de madrugada -generalmente enviando a terceras personas- para asegurarse un sitio privilegiado junto a la orilla del mar. Pero más popular aún es la práctica de dejar estos enseres en la playa en horas del mediodía, para regresar al mismo lugar por la tarde, después de la comida y de la siesta.

El bando del alcalde Juan Carlos Benavides, que tantas críticas generó desde su primera temporada de vigencia hace ya cuatro años, preveía la retirada expresa por parte de las fuerzas locales de seguridad de todos los elementos de playa que se encontraran en la playa sin sus dueños, y con el claro objetivo de guardar un espacio.

Todos los artículos podían recuperarse posteriormente previo pago de una multa de 36 euros -más un adicional por día de depósito, como ocurre con los vehículos retirados por la grúa-, aunque en escasas ocasiones los objetos fueron reclamados por sus propietarios. Durante la presente temporada estos veraneantes están pasando un verano tranquilo, aunque deberán estar atentos porque el bando sigue vigente y los controles se pueden reactivar en cualquier momento.

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