Tribuna

Valeriana: Salud mental, mujer y futuro

HACE unos días fui invitado a inaugurar los actos conmemorativos del 15 aniversario de la asociación Valeriana. Hablamos de una iniciativa de ayuda mutua en Salud mental de la mujer, que opera en la comarca malagueña de la Axarquía. Conozco bien esta organización. De hecho, mi propia madre fue homenajeada como una de sus fundadoras. He presenciado eternas conversaciones telefónicas que acababan diluyendo la desesperación de un momento inicial, en un definitivo: "me alegro...  verás como mañana será un día mucho mejor". La mayoría de las antiguas enfermas se transformaban en nuevas voluntarias; reiniciando así un círculo virtuoso, auténticamente mágico.

Esa mañana, aquellas grandes madres y esposas que tenía ante mí, transmitían un aura de superación y bondad que, como hijo y marido, me hicieron sentir insignificante. El mundo moderno, que hemos conocido hasta hoy, ha sido siempre inspirado por los hombres. Pero, previamente no era así. Las mujeres, en las aldeas primitivas, tenían que hacer mil cosas al tiempo: cultivar el campo, criar los animales, cocinar, velar por la seguridad y cuidar de los ancianos, enfermos y niños. Por eso su mente es multitarea. Los hombres sólo sabían hacer una cosa al tiempo: esperar apostados sigilosos la aparición de una pieza de caza y no hacer nada más para no atraer las alimañas. Las tumbas prehistóricas están llenas de signos que demuestran la veneración a la fertilidad y la maternidad como  esencia divina. Por eso, la diosa suprema (madre) siempre fue mujer. Pero al final vinieron los dioses, con Zeus a la cabeza, a joderlo todo. La autoridad debía ser mostrada mediante rayos ejemplarizantes y violando mujeres y demás "animales" a voluntad. La cultura debía ser impuesta por las armas; y las guerras se transformaron en modernas batidas de caza. El macho acabó imponiendo su verdad.

Valeriana existe, porque existen mujeres que no entienden muchas cosas que pasan en sus vidas. No por falta de capacidad, sino por la tremenda contrariedad entre los mensajes políticos y la realidad masculina. Oyen que son libres, pero muchas necesitan recurrir a sus habilidades más pragmáticas para ejercerla sin cabrear. De lo contrario, ya sabemos cómo algunas acaban. Aunque no siempre es así. Muchos maridos son un gran apoyo ante la enfermedad; hombres que dejan fluir su lado más femenino.  Sí, el ying y el yang.

Ahora bien, en el mundo al que nos encaminamos, las clásicas dicotomías (capitalismo-comunismo,m izquierda-derecha, machismo-feminismo) serán superadas. La definitiva dualidad será la que distinga a los que apuestan por una relación basada en la masculina-dominancia, de los que apoyen la femenin-solidaridad. Y con toda seguridad, de ese pulso histórico, que ahora estamos dirimiendo, surgirán los pilares de la nueva era post red. Felicidades, Valeriana.

Lorca es  presidente de la  Fundación para     la eSalud, FeSalud.

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