El desafío de erradicar un estigma anclado en la sociedad

  • Para la mayoría de los afectados y sus familias transcurren años hasta que asumen el alcoholismo como una enfermedad · Con ayuda profesional y fuerza de voluntad los afectados pueden retomar su vida personal, familiar y laboral

Aceptar que el alcoholismo es una enfermedad es el primer paso hacia la recuperación. El problema está, según los personas que han cruzado las fronteras de este infierno, en que la sociedad asemeja el hábito alcohólico con un vicio o una conducta amoral y no con un cuadro clínico. Cirrosis hepática, gastritis, neurosis con dolores, calambres y hasta parálisis son algunas de las complicaciones físicas de la afección. Paranoia de celos y delirium tremens (alucinaciones) entre las complicaciones mentales del afectado. Y rupturas familiares o pérdidas de empleos son algunas de las consecuencias sociales. La vergüenza y la culpa marcan a los individuos con problemas con el alcohol hasta que ellos mismos, y su entorno, entienden que son pacientes y no "ovejas negras".

Según el estudio El alcohol en Europa: una perspectiva de salud pública, elaborado por el Instituto para el Estudio del Alcohol del Reino Unido, esta sustancia adictiva es responsable de unas 195.000 muertes al año en la Unión Europea, donde el consumo por bebedor alcanza los 15 litros anuales. Casi la mitad es consumido en forma de cerveza (44%), dividiéndose el resto entre vino (34%) y licores (23%).

José Coto tiene 49 años y es vecino de Brenes, Sevilla. Este hombre es profesor de carpintería, pero además , desde hace tres años dirige el Taller de Acogida del enfermo de la Asociación de Rehabilitados Alcohólicos Anclaje. "Es una terapia grupal al que el afectado asiste semanalmente durante unos ocho meses. En ella se trabaja el tomar conciencia de la enfermedad y los problemas que conlleva", describe Cotos. Según el monitor, que es ex-alohólico desde hace seis años y fue formado por psicólogos para vehicular este taller, "al principio, que te digan que eres un enfermo lo percibes como un insulto". En consecuencia, al tratamiento médico (farmacológico) y psicólogico que requiere la patología se suma el viaje hacia el autoconocimiento. Salvador (nombre ficticio con el que uno de los asistentes a la terapia desea conservar el anonimato) es pintor y decorador. Hace 10 meses que no toma una sóla copa. "Hace poco fue la boda de mi hija y ni se me pasó por la cabeza probar el alcohol. Estoy completamente convencido de que quiero recuperarme y para ello la fuerza de voluntad debe ser una constante. El taller de acogida es muy positivo porque te da ánimos, valentía en al lucha y confianza", dice orgulloso Salvador.

La enfermedad del alcoholismo es irreversible y para quienes la han desarrollado no hay vuelta atrás. Según los pacientes cada día durante el resto de sus vidas van a despertar con la frase "hoy no voy a beber" y van a irse a dormir con la satisfacción de "hoy no he bebido". Y así, el objetivo de ir sumando años a una vida normalizada como la de cualquier otro viandante. "El alcohólico puede salir de ese pozo sin fondo con ayuda profesional. Y puede retomar su vida con dignidad y felicidad, hacer su trabajo, tener relaciones saludables con él mismo, su familia y amigos, etc", defiende Rafael Cueto, presidente de Anclaje y rehabilitado desde hace treinta dos años. En este Sentido, Alberto Matilla, quien es fundador y coordinador de los servicios de la Asociación Alcohólicos Rehabilitados de Cádiz Arca, defiende que el tratamietno de esta enfermedad multifactorial debe ir dirigido a la integración y recuperación de la libertad personal.

Antonio García tiene 64 años y la historia de su alcoholemia data más de dos décadas. "Empezé como muchos siendo un bebedor social, tomándome una copita con mi compañero de trabajo, con mi amigo o con un cliente. Hasta que me convertí en un bebedor asiduo", narra. Con el transcurso del tiempo el cuerpo tolera cada vez más la sustancia adictiva y el afectado "ingiere más cantidad para llegar al estado de placidez. Pero nunca llegas a la euforia del principio y es el pez que se muerde la cola", afirma Antonio que hace dos años y medios que no consume. Según el doctor Alonso Fernández en su libro Los secretos del Alcoholismo en el proceso de conversión de un bebedor en alcoholoadicto, existen siete claves: cantidad y consumo; factores hereditarios; familiares; de resistencia biológica; de personalidad; las psicopatologías y de identidad.

Así, esta enfermedad no entiende de géneros , aunque a veces el género agrava el estigma. Lucía y Dolores (nombres ficticios elegidos por las entrevistadas) esperaban a que se durmieran sus hijos para acabar el día con la copa de vino o el cubata. Estas mujeres, relatos de heroínas anodinas, trabajadoras, amas de casa, únicas figuras parentales de sus hijos, exponen que la causa de su hábito era principalmente la soledad. "Sólo he vivido la alcoholemia una año y medio pero lo suficiente como para saber que es una puerta hacia la oscuridad", cuenta Lucía. En defenitiva, el enfermo alcohólico es un paciente que combate varios frentes: su cuerpo, su mente, su entorno. Un David contra Goliat.

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