La misión más dura del "peregrino de la paz"

  • El Santo Padre parece relajado pese a los cañonazos de bienvenida y los de la vecina Siria

El Papa Benedicto XVI parece realmente no tener miedo y mantiene la tranquilidad incluso cuando escuchaba los cañonazos en el aeropuerto internacional Rafik Hariri al arribar ayer a la capital del Líbano.

El Santo Padre deja claro que, a pesar de todas las tensiones en la región, la guerra civil en la vecina Siria y las fuertes protestas que desató en el mundo islámico el polémico vídeo parodiando al profeta Mahoma, él está relajado.

En su segunda visita a Oriente Próximo, Benedicto XVI trata de a promover la reconciliación y hallar soluciones para las personas de "cualquier origen y confesión". "Soy un peregrino de la paz", aseguró al llegar ayer a Beirut. Ya durante el vuelo del Vaticano al Líbano, el Sumo Pontífice, de 85 años, dijo claramente que en ningún momento pensó en cancelar el viaje debido a la guerra civil que amenaza con expandirse de Siria al país vecino.

"En una situación que se torna cada vez más complicada" es importante dar un mensaje de aliento y de diálogo contra la violencia, consideró.

Benedicto XVI asegura que para ayudar a Siria no hay que traer más armas al país. "Importar armas es un grave pecado", que mantiene vivo el conflicto, señala, pese a realizar una visita como líder espiritual y no político.

A cambio, hay que importar ideas de paz, agrega el Papa, quien al mismo tiempo elogia expresamente la primavera árabe como un grito de las generaciones más jóvenes por mayor democracia, libertad y participación en la sociedad.

"El fundamentalismo es siempre una distorsión de la religión", que se opone al sentido de la religión. Está en contra de la violencia y de la reconciliación, afirma el líder católico.

Las medidas de seguridad son muy estrictas. En el aeropuerto, así como en el lujoso hotel y en el centro de prensa se desplegaron soldados con uniforme de combate y metralletas. Al costado de la carretera muchos jóvenes y mujeres esperan el paso del Papa. Incluso el grupo radical islámico Hizbollah le ha dado la bienvenida en carteles dispuestos en todo Beirut.

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