Tocata -de pito- y fuga del 15-M

  • Entre trescientas y quinientas personas se 'indignan' durante la toma de posesión del nuevo equipo de gobierno y se reúnen en la Plaza del Carmen para abuchear a todo aquel que salía de la casa consistorial

Aunque no eran tan numerosos como en las primeras reuniones, los miembros del movimiento 15-M siguen haciendo ruido. Y ayer más que nunca. Armados con pitos, cacerolas, sartenes y tambores, alrededor de cuatrocientas personas se reunieron a las once de la mañana frente a la puerta del Ayuntamiento para dar su particular 'bienvenida' a los concejales que iban a ser envestidos en ese momento.

Algunos de los allí presentes habían dormido por última vez en la Plaza del Carmen y se habían levantado pronto. La Policía los había despertado a primera hora de la mañana al comenzar con el despliegue de un importante dispositivo para evitar enfrentamientos entre los manifestantes y los dirigentes políticos.

De la acampada tan sólo quedaban algunos restos de lo que en su momento fue. Un par de tiendas de campaña seguían aún en pie en la zona en la que antes se situaba el grupo de difusión. También estaba una pequeña carpa de información, que pretende ser permanente, en la que varios miembros del movimiento se encargaban de repartir folletos con las fechas de las próximas reuniones, dar los contactos de los diferentes grupos (hasta veinticinco) y vender camisetas con la palabra "Indignad@s" para poder autofinanciarse.

Con una de estas camisetas lograron colarse en el pleno del Ayuntamiento dos miembros del movimiento al inicio de la toma de posesión de la nueva corporación municipal. Inmediatamente fueron desalojadas de la sala por la Policía Local por "mostrar simbología ajena al propio acto", según les comunicaron los agentes. A pesar de ello, los manifestantes celebraron en la plaza lo que consideraron un triunfo.

Las jóvenes protagonistas del incidente, vestidas con ropa de domingo y tacones de vértigo para pasar desapercibidas entre los asistentes a la investidura, se unieron una vez expulsadas al resto de indignados para seguir gritando y reivindicando mayor transparencia política.

A lo largo de la mañana se repitieron los cánticos que desde el 15 de mayo vienen repitiendo como "No nos representan" o "No hay pan para tanto chorizo".

Los gritos y pitidos se intensificaban cada vez que alguna personalidad pasaba a través del pasillo de vallas que habilitaron los agentes de la Policía Nacional para que pudiesen entrar sin problemas al Ayuntamiento.

Una vez dentro todos los miembros del pleno y los invitados al acto, los manifestantes permanecieron en la plaza a la esperan de que saliesen los recién envestidos concejales.

Durante varias horas hubo momentos de confusión en el que la Policía cercó todas las salidas del edificio, cortando varias calles que impidieron el paso a turistas y paseantes. Temiendo que los políticos pudiesen irse por alguna de las puertas traseras sin enfrentarse a sus protestas, los indignados se dividieron en varios grupos para cubrir las diferentes salidas del edificio. Sin embargo, alrededor de las 13:00 horas volvieron a juntarse en la Plaza del Carmen para sumar fuerzas.

Entre los manifestantes se encontraban muchos de los miembros activos del movimiento, jóvenes estudiantes, trabajadores en paro, familias y el habitual grupo de curiosos que se acercaban a ver, preguntar y leer los eslóganes y carteles que habían hecho. En un momento dado, un grupo de unos treinta hinchas del Celta de Vigo, ataviados con la camiseta del club de fútbol e izando la bandera de su equipo, se unieron a las protestas de los indignados en una carrera a modo de avalancha humana.

A partir de las 13:30 horas comenzaron a salir los asistentes al pleno, quienes tuvieron que sufrir nuevamente los abucheos por parte de los manifestantes. Aunque no hubo ningún momento de tensión importante, la Policía Nacional tuvo que intervenir en un par de ocasiones para calmar a algunas personas que se excedieron en sus modos. Los propios miembros del movimiento trataban de controlar a las personas que se sobrepasaban con los insultos o que trataban de lanzar agua a los políticos. Los más pacíficos trataban de convencer al resto de que un simple gesto de rechazo con los brazos en cruz también servía de protesta.

Después de casi cuatro horas de protesta los manifestantes fueron desalojando la plaza. A las 19:00 horas volvieron a reunirse en el mismo para realizar una asamblea y evaluar los logros del acto.

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