El alcalde emplaza a la Junta para resolver los proyectos de la ciudad

  • Torres Hurtado le pedirá mañana a Griñán una reunión para abordar los accesos a la Alhambra, el museo del Banco de España, el plan de rehabilitación del Albaicín, el nuevo recinto ferial y el cierre del Anillo

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Cuando mañana por la mañana José Torres Hurtado se despierte e inaugure su tercer mandato como alcalde de Granada descolgará el teléfono -como ya ha hecho en dos ocasiones anteriores- y llamará al presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, para pedirle una reunión urgente.

La llamada, que ha repetido en varias ocasiones con sembradas esperanzas pero con escaso resultado, es vital para la ciudad ya que el flamante alcalde considera que todos los grandes proyectos de Granada están en manos de la Junta. Esto es, los nuevos accesos a la Alhambra, el museo en la antigua sede del banco de España, el plan de rehabilitación del Bajo Albaicín, el nuevo recinto ferial, el cierre del Anillo, la circunvalación, el Estadio de la Juventud y las obras del Metro.

Si a este escaso margen de maniobra del Ayuntamiento en la toma de decisiones se une la inexistencia de dinero municipal que gestionar, se explica que el discurso del alcalde de ayer para los próximos cuatro años estuviera embargado por un cierto aire de pesimismo en el que se echaron en falta propuestas y compromisos y en el que volvieron a sonar los mismos temas de siempre que ya se han convertido en lugares comunes de la ciudad.

Y junto a estos temas se repitieron algunas frases hechas, como la voluntad de tender la mano al diálogo y buscar el consenso con la oposición; una frase que preside todos las investiduras pero que se desvanece en el aire tan pronto como sale por la boca de su interlocutor. "No puede ser que porque en campaña electoral propuse un nuevo acceso a la Alhambra, desde la Junta de Andalucía se me llame terrorista", expuso el alcalde; una táctica que también utilizó el portavoz del equipo de gobierno, Juan García Montero recordando a los socialistas la destrucción de expedientes de la Diputación que ha denunciado estos días.

Al margen de las puñaladas políticas, el acto de investidura transcurrió dentro del Ayuntamiento según lo previsto, sólo alterado por los gritos y la cacerolada del movimiento del 15M que se convirtió, para unos más que para otros, en una molesta 'banda sonora'. De hecho, sólo IU y UPyD hicieron mención expresa a lo que estaba ocurriendo en la Plaza del Carmen, y esto pese a que la concentración obligó a habilitar un aparatoso cordón policial alrededor de todo el edificio consistorial que apenas dejó una pasarela de vallas por donde fueron 'desfilando' concejales, familiares e invitados previo abucheo de los indignados.

Una vez arriba, entre las ausencias más comentadas, la del subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz, que no parecía dispuesto a encontrarse ni con los integrantes del 15M ni con algún concejal 'popular' que estos días le ha dedicado varias lindeces a cuenta de su falta de actuación en la acampada de la plaza del Carmen. Tampoco hubo representación de la Junta de Andalucía aunque entre los presentes se pudo ver al rector de la Universidad de Granada, al presidente del Consejo Consultivo, al ex alcalde José Moratalla, al jefe superior superior de la Policía Nacional de Andalucía Oriental, Pedro Luis Mélida y a representantes del Madoc.

De los antiguos concejales se pudo ver a José María Guadalupe, María Dolores de la Torre y Carmen Sánchez, que no perdieron detalle de la protocolaria ceremonia en la que uno a uno, los 27 concejales fueron jurando (en el caso del PP) o prometiendo (en el caso de PSOE, IU y UpyD) su cargo y recibiendo el fajín y la medalla de la ciudad.

Poco después, tras depositar su voto para elegir alcalde en la mítica Jarra de los Caballeros XXIV (una réplica, eso sí, que la original, fechada en 1794 permaneció en su vitrina) José Torres Hurtado volvió a proclamarse alcalde. Pletórico, sólo se le quebró la voz cuando agradeció a su familia el apoyo brindado. En primer fila su esposa, vestida de amarillo y desafiando supersticiones; claro que, con 16 concejales y una mayoría absoluta tan holgada la suerte pasa a un segundo plano.

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