La marcha se traslada al ferial

  • El recinto se convierte durante la semana del Corpus en el lugar de reunión de casi todos · Los días se alargan desde el mediodía hasta la madrugada durante toda la feria.

Se encienden las luces y empieza la acción... o continúa, según el caso. Las bombillas de la puerta de entrada al ferial iluminan las caras de los que salen, los que entran y los muchos que esperan. En esta zona de marcha no hay un estilo definido, trajes de flamenca y tacones imposibles se mezclan con zapatillas de deporte y vaqueros, pero todos coinciden en las ganas de diversión e incluso aquellos poco entusiastas de este tipo de celebración acaban sucumbiendo a algo inevitable:  esta semana la marcha se traslada al recinto ferial.

El rebujito, la cerveza y demás bebidas espirituosas llevan horas corriendo de mano en mano,  de vaso en vaso y de caseta en caseta y eso se nota en el ánimo. No obstante se puede diferenciar entre dos tipos de feriantes nocturnos, los que acaban de cruzar el umbral de la fiesta y los que aguantan a duras penas después de ocho horas sobre el albero, habiendo sufrido más de 40 grados a sus espaldas. Beatriz López pertenece a ese segundo grupo. "Llegamos a las 3 de la tarde, ya hemos pasado por la caseta de Motril, la Universitaria, el Aljibe... es nuestra primera noche y seguiremos hasta que el cuerpo aguante", cuenta desde La Pecera, una de las casetas de la calle Vito. La intención es seguir recorriendo casetas hasta que las luces dejen de ser necesarias y den paso al sol.

En la misma calle, unas puertas más adelante está Nati Garrido, también llegó al mediodía al recinto ferial. "Hoy no queremos retirarnos muy tarde, a las dos o así, aún queda mucha semana y queremos aprovechar al máximo". La granadina destaca el buen ambiente que ha visto en la feria, aunque apunta que ha visto menos casetas que otros años. Espera que la suerte y la feria le sonría durante el resto de la semana, "todavía no hemos ligado mucho, pero aún queda tiempo", y es que como cualquier lugar para la fiesta, además de la música, el baile y el alcohol, el ligoteo forma parte indispensable de la feria.

En el camino entre caseta y caseta los que aún ven bien aprovechan para darse un retoque, barra de labios y espejo en mano, mientras otros optan por recuperar fuerzas bajo las nada favorecedoras luces de los puestos de comida rápida que hay junto a todas las casetas nocturnas. Hamburguesas, patatas fritas y bocadillos forman parte de la parte menos cool de la noche, pero de la más necesaria si se quiere salir  por la puerta  manteniendo el equilibrio.

La solidaridad también tiene cabida en mitad de la fiesta. En la caseta El Meneíto la ONG Acción en Red trabaja para recaudar fondos para la organización. Begoña Camacho es una de las voluntarias que se dedican durante estos días a trabajar tras la barra de la caseta más solidaria del recinto ferial. "Trabajamos con género, inmigración y formación, hacemos aulas de pensamiento crítico sobre temas de actualidad, tenemos una actividad amplia", explica. Camacho asegura que hasta ahora la afluencia está siendo similar a la de otros años y que hoy tienen previsto hacer algo especial para celebrar el día del Orgullo.

En la calle Maimones, la otra zona de marcha del ferial, la fiesta continúa. El ambiente en La Solera es más que animado. Aunque en la aglomeración de grupos frente a las discocasetas los efectos del alcohol se empiezan a notar. Esa es la otra cara nocturna de la feria, la de las peleas y los excesos, que por ahora parece que están siendo pocas este Corpus.

Cuando salen los primeros rayos de sol comienza el periplo hacia casa para tomar fuerzas para la siguiente jornada.

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