La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Noches lorquianas

Noches y días de reencuentro con lo que tenías. Días y noches de amistad y familia, raíz y motor de casi todo

De reposo en mi estancia parisina, nada como encontrarme una noche lorquiana en la Huerta de San Vicente con una peli de Jacques Tati al fresquito del agosto granadino. Tuve sensación de bienvenida, de rescate de lo propio, vaya que sí, con remate dos días después, nada menos que en ese espacio talismán que va ya siendo el Cuarto Real de Santo Domingo, con el césped por alfombra, con el techo cuajado de estrellas y la delicia de un Teatro para un Instante que ya no bordan sino que hacen encaje de bolillos pedagógicos con el teatro de Federico, que es lo que fue la función de esa deliciosa noche en la que aprendimos de poesía, de 'teatro oculto' (buena idea) y de para qué sirve un poeta más allá de rentabilizar y turistizar su memoria.

Difícil irse de vacaciones si programan así y gratis, que es lo suyo si se quiere hacer cultura real en una ciudad vacía de paisanos. Es dulce este quedarse en casa a disfrutar las calles vacías, el tiempo más que lento, a los funcionarios dedicándote toda la atención sin colas y hasta irte de finde a hacer descubrimientos de, por ejemplo, ese rincón perdido de todo que era Graena donde han levantado un hotelazo-balneario para dignificar, dicen, las mejores aguas. Encantados, los locales te miman en los bares cercanos, hasta con tortilla de atún y queso, una delicia oyes saber que aún hay sitios donde no te sientes turista sino visitante.

Noches y días de reencuentro con lo que tenías. Días y noches de amistad y familia, raíz y motor de casi todo. Como le pasaba a Federico, tan de lo propio y tan lejos del esnobismo de apuntarse a lo último de fuera, en ese empeño suyo de rescatar el elixir, de sublimar el día a día y devolvernos la tragedia y la poesía oculta en todo.

Nunca es tarde para Lorca, ni para reencontrarse, que puede que vengan a ser lo mismo. Vas a ver mundo y al regreso, como casi siempre sucede, redescubres que tenemos algo enorme, una voz única, sin banderías que le han colgado. Hay que rescatarle releyéndole, representándole, estudiándole en su obra, potente y actual, diversa y libre, no vaya a ser que lo silencien los politiqueos y los dineros, las instituciones, los compadreos, los localismos y todos esos nuevos censores de una voz tan necesaria que, como el fénix, cada verano alza el vuelo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios