La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Valentín muere solo

Le deja a uno con el alma tan helada como esa habitación donde aún resonará aquella soledad tan sola

Un hombre muere en su cama y solo, en un apartamento solo, donde ya no acudió nadie de toda una ciudad, Valencia, donde tardaron 'sólo' siete años en enterarse de que uno de sus vecinos ya no estaba vivo. Mundo cruel que ni de sus muertes se entera. Mientras se abren peluquerías con tratamientos de belleza y cementerios para gatos, iguanas, pitones y perros, un hombre ha muerto en un edificio repleto de soledad, con personas que ni siquiera notaron el olor a muerte durante esos siete años, más o menos, pues ni siquiera la autopsia ha podido determinar la fecha exacta del fallecimiento. Así estamos de caninos todos, con perdón para los perros. A esto hemos llegado: a un mundo donde los edificios se van tornando altos muros llenos de nichos en los que, ahítos de esta libertad tan sola, vemos la tele rodeados de personas con las que no cruzamos palabra pero nos conectamos con gente de Caracas, Hawai o Australia mientras que, quizás, el hombre que habita muro de por medio está muriéndose literalmente de libertad y abandono.

Ahora que todos tenemos que ser proactivos y autónomos para no quedarnos atrás, los lazos entre personas se vuelven así de débiles. Valentín, el muerto silencioso valenciano, dijo que se iba a un tratamiento de desintoxicación de las adicciones que le alejaron de su único hermano, que no volvió por la casa de su madre ya fallecida más que para el levantamiento del cadáver… de su hermano. Así de actual y moderno todo.

En Reino Unido dieron la voz de alarma con todos esos viejos que mueren de soledad en sus apartamentos donde ven la vida pasar llena de las alegrías y las penas siempre ajenas. Un documental nórdico muy bueno cuestiona las maravillas del sistema del bienestar, con papá Estado velando por todos y liberándonos de las ataduras familiares y personales al asegurarnos la subsistencia autónoma sin necesitar al prójimo. Porque, concluye el documental, al menos si necesitas al otro lo buscas, aunque sea por interés, pero algo saldrá de este encuentro, concluyen, que del roce surge el cariño, añado.

Nadie sabrá nunca qué pensó Valentín en esas últimas horas; ni si pidió ayuda o si realmente quería morirse. Una muerte tan anónima le deja a uno con el alma tan helada como esa habitación donde aún resonará aquella soledad tan sola.

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