La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La esperanza podemita

El nuevo hemiciclo ha ganado en interés y en capacidad de expresar lo que de verdad nos preocupa

Ha surgido como una Juana de Arco en el hemiciclo la nueva fuerza podemita. Fue en el debate de la moción de censura cuando surgió la nueva heroína, Irene, la nueva Montero pero podemita. A muchos nos gustó lo que dijo, cómo lo dijo y a quién se lo dijo, y además a la cara sin plasma para esconderse. Desde el corazón, con argumentos nacidos de la convicción, toma. Surgió una figura con voz propia nacida del dedo del sagrado Pablo, una suerte de Eva sin deuda dándole a los señores de azul en donde más les duele. Incluso hubo momentos de silencio en las bancadas del cenagal corrupto, donde ya se han acostumbrado a que les echen en cara tanta corruptela sin casi inmutarse. Es lo que hace la costumbre del mangoneo y la del reproche.

Irene auguró grandes momentos en un Parlamento que, gracias a la ruptura del turnismo PPSocialista, se volvió un buen lugar para echarse las siestas y jugar al sudoku. Ahora se reparte leña desde el estrado, se buscan acuerdos y los temas se sacan adelante hablándolos, que para eso se llama así, Parlamento. Lejos de disgustarnos, el nuevo hemiciclo ha ganado en interés y en capacidad de expresar lo que de verdad nos preocupa. También ponen de su parte los nuevos: menos pecho al aire para amamantar a las cámaras y los titulares y más estudiar cómo se hacen las leyes.

No sé si este nacimiento de la estrella Irene le gustará en el fondo a superPablo. Es tan maquiavélico (lo cita mucho) que igual es él mismo quien la encumbra para manejar de cerca el fulgor de su reina. Porque a él, que tanto le gustó Juego de Tronos, le va mucho lo de los manejos del poder en la sombra, los asuntos de dinastías y decapitaciones (simbólicas). A su delfín anterior, en cuanto le quiso plantar cara, se lo comió con patatas al pobre, con su cara de niño que daba casi compasión y ganas de abrazarlo. Con Irene no sucederá igual pues ella tiene temple.

Irene Podemos ha venido para quedarse, ya se ha visto. Irene y Pablo son los reyes de la izquierda, un Podemos muy monárquico aunque reinen de pareja de hecho. Cambian los modos pero los fondos permanecen. Como un juego de tronos. Todo queda en familia, la gran familia de Podemos, la de la izquierda, tan tribal siempre, tan monta tanto Pablo como Irene, y tanto.

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