Sevilla FC | Supercopa de España

La falta de ritmo fue la condena

  • El Sevilla fue inferior técnica y tácticamente a un Barcelona al que no le hizo falta mostrar su mejor versión para hacerse con la Supercopa

Varios integrantes de la plantilla sevillista esperan en el césped la entrega de trofeos. Varios integrantes de la plantilla sevillista esperan en el césped la entrega de trofeos.

Varios integrantes de la plantilla sevillista esperan en el césped la entrega de trofeos. / Antonio Pizarro

Se suele decir de las Supercopas que son difíciles de plantear por el poco trabajo que llevan los equipos a sus espaldas cuando el calendario obliga a disputarlas. Y no falta razón. Ésta, la más adulterada que se recuerda estuvo marcada por la ausencia total de ritmo de ambos equipos.

Incluso el Sevilla, que ya ha disputado tres partidos oficiales, sufrió duramente los azotes de un Barcelona que no estuvo ni si quiera cerca de su mejor versión- Es más, a pesar de que tuvo la posesión durante todo el partido no se lo vio sufrir ni cuando estuvo por debajo en el marcador.

El equipo azulgrana, a pesar de que, presumiblemente, iba a acusar más la falta de ritmo, sobre todo de sus internacionales, fue francamente superior a un Sevilla en el que se notó que Machín lleva trabajando menos en el club que su homólogo en el banquillo azulgrana, Ernesto Valverde.

Pablo Machín alineó a varios jugadores que descansaron en el partido de Europa League que enfrentó al conjunto hispalense con el Zalgiris lituano. Por ejemplo, Jesús Navas. El palaciego fue suplente el pasado jueves en detrimento de Aleix Vidal, y no mostró esa versión que venía dando en los partidos de pretemporada y que tanto había convencido a propios y extraños en este nuevo sistema que propone el técnico soriano.

El Sevilla con menos gancho que se recuerda en una final (a excepción de la pasada de Copa del Rey precisamente contra el Barcelona) se dejó llevar en los primeros compases y se encontró con un gol que tuvo que ratificar el videoarbitraje. Lejos de ayudar a los de Pablo Machín, éstos se encerraron en su propia área y empezaron a ceder espacio a un Barcelona que, aunque no estuviese en su mejor momento ni de lejos, es muy capaz de generar peligro si se asoma al área.

Ni Messi, ni Suárez (muy desacertado durante todo el choque), ni si quiera Busquets aportaron al partido nada especial y se los vio en mala forma después de haber disputado el Mundial.

Dembele fue el único al que se le vio algo de desparpajo en los primeros minutos junto a un Jordi Alba incisivo, aunque sin mayor peligro. Y el fútbol lo premió. Diez minutos antes de que acabase el encuentro, uno de los futbolistas más caros de la historia y a la vez uno de los posibles transferibles del Barcelona (se dice que si llegase una suculenta oferta del PSG podría salir), armó la pierna y soltó un derechazo que dejó a todo Tánger sin palabras.

El francés disparó e introdujo el balón en la portería de Vaclik previo toque con el larguero, un gol de esos que tienen la vitola de imparables.

Ni hubo reacción con el empate, ni tampoco con el gol de Dembele, pues al Sevilla se le hacía un mundo superar la presión del Barcelona a su defensa y Machín fue incapaz de trazar ningún plan para desbaratarla.

El Sevilla seguirá buscando su sistema pero, de momento, ha quedado claro que queda mucho trabajo por delante. Los jugadores no están, ni de lejos, en su mejor momento de forma y eso lo ha pagado el Sevilla frente a un conjunto que, a pesar de no estar tampoco en un buen momento, lo superó técnicamente.

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