La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La letrina de Madrid

La gente, todos los que no trincamos pues no administramos más que lo propio, se harta

Decía Iñaki Gabilondo, con ese poso de honestidad que se percibe en su voz siempre radiofónica, que da igual el color ya, que no está ya la cosa en salvar a los corruptos por ser los propios, ni en acusar a los otros de que lo son más, que no, que está en darnos cuenta de que con "letrinas" como la que se ha destapado en Madrid esto no tira, que esto es la gran derrota. Por mucho que Rajoy siga a la gallega tapándose la nariz por el pestazo de sus más cercanos y diga que el mal olor lo inventan los enemigos del crecimiento rampante que despierta a España sobre un lodazal en el que dimite Espe, en el que Bárcenas sigue con el ventilador a tope, en el que de aquí a nada vemos a los peperos de manifa a lo Bildu pidiendo el acercamiento de presos a casa. Basta.

Luego lo taparán. Seguro. Un duque manga y sigue en Suiza; un Fabra roba y sale en nada; unos presidentes andaluces dicen que trincan y, oye, Susanita, que me lo arregles con dos llamadas a los jueces. Esto ya cansa.

Francia sentenció la muerte por k.o. de la vieja política ahogada como está en su miseria de puestos a dedo que sumen partidos en la más dura derrota. La gente, todos los que no trincamos pues no administramos más que lo propio, se harta.

Quizás no estén venciendo los populismos. Quizás son el salfumán de la letrina en la que muchos (ya son legión y no de Cristo, que esa es otra) sumen a un país en el que puede que estuviéramos en crisis sino que nos estaban saqueando delante de nuestras narices, a manos llenas, de dos en dos, y desde el despacho.

No solo hay delito en este saqueo sistemático urdido por los amiguetes de los que ahora, como si tal, saldrán ante las cámaras sin pestañear, cobrando una pasta por seguir ocultando hasta que hagan el paseíllo con la poli para el registro de sus casas. No son ni creíbles alcaldes en el que el imputado que gobierna despelleja al imputado saliente. Es algo más profundo que lo legal. Es un cáncer moral que no acaba.

Gabilondo se sulfura porque no hay decencia: hubo muertos por los desahucios, gente comiendo de la basura, niños desnutridos, familias rotas, suicidios…

Algo debe cambiar de raíz. Porque cansa. Porque queremos cenar tranquilos sin este revolverte las tripas en Madrid, en Granada, en París, en cada lugar y en cada maldita sea la hora.

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