Alcances

'La isla de los vientos' retrata el "microuniverso" de La Casería

  • La película de Pedro Sara se estrena hoy en Alcances como una denuncia a la voracidad urbanística y una reivindicación de lo cotidiano y las pequeñas cosas

Comemos con los artistas. Lo hacemos a la sombra de las torres trillizas que afean la playa de La Casería. Está Pedro Sara, el director de La isla de los vientos, que hoy se estrena en Alcances, y todos sus actores. Sus actores son, básicamente, Piedad, su hombre, Moncho, y sus tres hijos, José Ramón, Antonio y Pepe, los héroes de la calle Reverbero, un pequeño lugar junto a los viejos huertos, poco más de una calle en 'ele' en la que Sara ha construido un universo. "He mirado en ese pequeño lugar como quien mira un microscopio y he descubierto algo inmenso". Como saben, Reverbero será víctima de la piqueta.

A Antonio se lo dijeron un día en la calle. "¿Sabes que van a tirar tu casa? "¿Y qué le contestaste?" "Chúpamela". "Porque tú no te quieres ir". "Sí, si me dan un piso en el centro, donde viven mis primos". Moncho se encoge de hombros. "Tiene ocho años, cuando sea mayor comprenderá lo que significa esto. Moncho es un filósofo, menciona a Jodorovsky y la memoria de los tiempos, pero Piedad no. Piedad tiene una inteligencia natural.

Llegó a La Casería cuando tenía nueve años y recuerda este lugar como un sitio feo, "las casas tenían techo de uralita y eran como cuevas". La suya no es así. La fachada tiene un color azul de cielo. Se han construido una v ivienda -ilegal, dicen- digna. Pero no le importaría perderla si pudiera cumplir su sueño: "un campo en Chiclana con su huertecito".

No recuerda con especial cariño su infancia en La Casería. "He visto a hombres pegar palizones a sus mujeres, quizá lo asocio a eso". Piedad, dice Sara, es la gran protagonista de su película porque en ella reside la sencillez. "Ya te daré yo, Pedro, ya te daré", bromea con él.

Y es Moncho el resumen de la vocación de Sara de hacer de un microscopio el universo. Diserta a la sombra de las torres sobre todo lo que ha pasado: "Han convertido a la gente normal en pobres. Les han obligado a ser pobres haciéndoles creer que tenían una propiedad para que pagaran todos los meses al banco. Todo por enriquecerse. Por enriquecerse unos han hecho infelices a los demás". Trata de entender su penitencia y concluye que quiere "una casa debajo del agua, eso es lo único que quiero, una casa debajo del agua".

José Ramón, el mayor, ha dicho en alguna ocasión que quiere ser arquitecto. Ya no lo tiene tan claro. "¿Tú le construirás a Moncho una casa debajo del agua?". "No sé." "Ser arquitecto está muy bien, puedes contruir torres trillizas como ésas". José Ramón bufa: "No, esa mierda no...". Será porque ha visto una extraña pintada en el Reverbero, una pintada en la que se lee "no a la construcción sin amor". Curiosa frase.

Llegan los chocos y las gamabas y se acaba la conversación. Señala Pedro a los niños zampando chocos: "Serán ellos los testigos de lo destruido". Ellos y La isla de los vientos.

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