Tribuna de opinión

Antonio Repullo

Secretario general del PP-A

Andalucía, tierra abierta

No son pocos, y en breve serán muchos, los ciudadanos que ya han encontrado en la comunidad andaluza una forma de vida y un lugar donde trabajar o desarrollar sus proyectos

Andalucía, tierra abierta

Andalucía, tierra abierta / Joaquín Corchero / EP

Soy andaluz, algo que entiendo no se le escapa a nadie. Nací en Cádiz y soy cordobés de adopción. Especificar tanto tiene mucho sentido en nuestra tierra. Puede sonar a obviedad, pero este hecho contiene un enorme significado.

No es ya que los cordobeses seamos distintos a los sevillanos o a los malagueños. Que los onubenses sean distintos a los granaínos, o que los jienenses no tengan, de inicio, mucho que ver con los almerienses. Si alguien no familiarizado con Andalucía tiene la curiosidad suficiente preguntará y los andaluces confirmarán que esa diversidad existe. Es más, si sólo tomásemos como ejemplo a Cádiz, veríamos cómo todo cambia según se avanza desde el interior hasta la costa.

Tan cambiante que caminar en Córdoba desde las Tendillas a la Judería son tres Córdobas distintas o, tres Sevillas diferentes desde el Mercado de Feria a la Casa de Pilatos.

Pero no crean que Andalucía cambia por las paredes de las casas que flanquean esos paseos que acabo de nombrar, o por los adoquines, o por las piedras o los ladrillos. Cambia porque somos los andaluces los que hemos construido esta realidad, los que hemos construido esas casas y esos caminos desde la particularidad de cada uno.

Y los acentos… puede que desde fuera a alguien le suene todo igual, pero bastan pocos días y algo de curiosidad para quedarse con las distintas entonaciones, cadencias y expresiones. Porque puede llover “una jartá” lo mismo que puede llover “lo más grande” y, a poco que peguen el oído, descubrirán dónde se usa más cada una de esas expresiones.

Muchos han sido los tópicos que se han utilizado para definir a Andalucía a lo largo de los años (quizá demasiados). Varios han sido reduccionistas, otros meros estereotipos y ninguno representa a la Andalucía real, la que cada día impulsan más de 8,5 millones de andaluces.

Permítanme que les hable, por tanto, de la Andalucía que conozco, la Andalucía que vivo y la Andalucía que es.

Nuestra tierra es expansiva. No ya en territorio, que todos sabemos que es mucho, sino en personas. Aquí cabemos todos y caben todos los que quieren venir. De igual manera que todos son bienvenidos, sea por vacaciones, sea por festividades o sea porque vienen a Andalucía por una oferta laboral o buscando trabajo.

No son pocos, y en breve serán muchos, los que ya han encontrado aquí una forma de vida y un lugar donde trabajar o desarrollar sus proyectos. De hecho creo que el mayor logro de Juanma Moreno ha sido respetar y proteger a los sectores económicos tradicionales para Andalucía y, al tiempo, ir a buscar, atraer y potenciar aquellos que definan la nueva economía: desde renovables a tecnológicas.

Muchos buscan aquí su refugio porque, desde la nieve a la playa, tenemos en una sola región todo lo que cualquiera pueda buscar. Por eso la mayor aspiración de un andaluz es que el que nos visite haga, de nuestra tierra, su tierra.

Esta frase toma mucho más sentido en un proceso como el actual, de transformación, en el que Andalucía sale de un letargo de casi 40 años producido por gobiernos que preferían una región dócil a una región activa; una región dormida a una región viva; una región indolente a una exigente.

Los andaluces tenemos amor propio, orgullo y necesitábamos ver que esa confianza tenía un cómplice en el Gobierno de la Junta. No queríamos que se pensara en nuestra tierra con condescendencia, con ese triste paternalismo que inducía a creer que todo podía ser acallado o que el silencio implicaba sumisión.

Andalucía sale de un letargo de casi 40 años con gobiernos que preferían una región dócil

Ha sido Juanma Moreno quien mejor ha dado cuerpo a esa actitud de rebeldía. Sobre una elección (la de 2018) que para muchos se planteaba como “una más”, Juanma enfocó esos comicios como la oportunidad de ganarse a los andaluces.

Supo hacerlo convenciendo uno a uno. Frente a un PSOE que llevaba sus campañas “a granel”, Juanma Moreno fue persona a persona (incluso vaca a vaca) y así, hablando con los andaluces mientras pisaban la misma tierra, logró descabalgar al socialismo que había gobernado ya demasiados años.

La de 2018 fue una victoria ajustada pero suficiente que, con un gobierno de coalición, dio a Andalucía la administración más estable, mejor engrasada y con objetivos más ambiciosos de su historia. Quedaba atrás lo de lograr ser consejero a mayor alegría del propio interesado y se planteó un gobierno de perfiles con competencia demostrada y una autoexigencia tan grande como la voluntad de servicio público.

Igual que ocurre con todos los buenos políticos que han hecho su campaña con el trabajo metódico de convencer de forma individual a los ciudadanos, en 2022 se vio el resultado de tanta dedicación y la victoria fue incuestionable. Atrás quedaba la concepción de una tierra callada que nunca cambiaría y delante teníamos todos aquellos logros de los que es capaz una Andalucía activa y consciente de su grandeza.

Hay un verso del himno de Andalucía que dice: “Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos”. Hoy es una frase que no hace suficiente justicia a nuestra gente porque es una realidad constatable que hoy ya somos lo que siempre quisimos ser.

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