Balance 2018 | Tribunales

Laura Luelmo: el monstruo vive enfrente

  • Bernardo Montoya, con un amplísimo historial delictivo, llevaba solo veinte días fuera de prisión cuando asaltó y asesinó a la profesora zamorana

  • El cuerpo ha sido incinerado en Gibraleón en la más estricta intimidad familiar

Llegada de Bernardo Montoya a los juzgados de Valverde, el viernes pasado. Llegada de Bernardo Montoya a los juzgados de Valverde, el viernes pasado.

Llegada de Bernardo Montoya a los juzgados de Valverde, el viernes pasado. / Raúl Caro (Valverde del Camino)

La fatalidad hizo que Laura se instalara después del puente de la Inmaculada en el número 13 de la calle Córdoba de El Campillo. Ella no lo sabía, pero enfrente aguardaba agazapado un asesino que estaba dispuesto a truncar sus sueños de joven profesora interina de 26 años.

Bernardo Montoya es uno de los delincuentes más peligrosos de la provincia de Huelva. Había salido de la prisión onubense de La Ribera el 22 de octubre. Veinte días llevaba en la calle cuando atacó a la zamorana, a la que nadie alertó de que un monstruo vivía a solo unos metros de ella, en el número 1 de su misma calle.

La joven docente, no obstante, se había percatado de que algo no iba bien. Así se lo transmitió a sus familiares, a los que expresó que el vecino la miraba de forma inquietante desde la puerta de la casa, lugar en el que se sentaba a observarla. Ellos lo hicieron constar en la denuncia que presentaron el 13 de diciembre por la desaparición de Laura, de la que no sabían nada desde la tarde del día 12.

La Guardia Civil ofreció una rueda de prensa en la que dio todo lujo de detalles sobre el suceso. En resumen (y por no seguir ahondando en la herida de los seres queridos de Luelmo), la hipótesis policial apunta a que la joven fue abordada por este individuo cuando regresaba de hacer una compra en un supermercado campillero en plena calle Córdoba y que él acabó con su vida en la misma noche del miércoles, cuando la dejó abandonada en el paraje de La Mimbrera.

La Benemérita dio pábulo a la polémica, puesto que su tesis difiere en mucho de los resultados científicos de los forenses, que en el informe preliminar de la autopsia indicaron que la víctima falleció entre el viernes 14 de diciembre y el sábado 15. Nunca la medicina legal se ha equivocado tanto. Es más, se está a la espera de los resultados de los análisis del Instituto Nacional de Toxicología, que contribuirán a que se afine mucho más en la data de la muerte.

El Campillo, la Cuenca Minera y el resto de la provincia se volcaron en la búsqueda de Laura, con batidas masivas que llegaron a rebasar las 300 personas en el fin de semana posterior a su desaparición y de la que formaron parte voluntarios y profesionales de toda índole, algunos incluso fuera de servicio.

Peinaron kilómetros de terreno a la redonda de El Campillo, sin éxito. No fue hasta el lunes 17 de noviembre, en torno a las 12:00, cuando unos voluntarios de Cruz Roja encontraron en La Mimbrera ropa femenina. Dieron aviso al 062 y una patrulla del Seprona, después de inspeccionar la zona, dio con el paradero de la joven. Lamentablemente ya se encontraba sin vida.

Toda España ha llorado a Laura. El impacto del hallazgo de su cuerpo se transformó en un sismo emocional para la ciudadanía, especialmente para la de El Campillo, que no podía explicarse cómo en su apacible población de 2.200 habitantes podía acontecer una tragedia de semejante envergadura.

Las sospechas se cernieron sobre Bernardo Montoya desde los primeros compases de la investigación. Sin embargo, primaba encontrar a Laura con vida. Los agentes de la Policía Judicial de Huelva y de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil dieron cierta rienda al todavía exconvicto corteganés por si les conducía al "escenario primario" donde pudiera tenerla retenida. Se le tenía localizado desde el viernes, aunque no se le impuso un seguimiento permanente hasta el domingo 16. Cuando se encontró a Laura, un día más tarde, Bernardo se encontraba en Palos de la Frontera, en casa de un familiar, y la Benemérita solicitó mandamiento de entrada y registro en el número 1 de la calle Córdoba.

El martes 18 Montoya se puso nervioso. La Guardia Civil ya tenía balizado su coche, el Alfa Romeo negro en el que todo apunta que trasladó el cuerpo de la víctima. En aquella jornada condujo desde Palos a Huelva. En la capital se acercó al hospital Juan Ramón Jiménez, pero cuando vio a una patrulla de la Policía Nacional decidió emprender la marcha hacia El Campillo.

Enfiló la N-435 y, pasado Valverde del Camino, se desvió por una vía rural y se bajó del coche. Ante la posibilidad de que se le perdiera la pista, la Guardia Civil decidió detenerlo. Esa misma noche, ya en la Comandancia de Huelva, Montoya acabó reconociendo que había estado con Laura. Fue una confesión plagada de medias verdades y de mentiras.

Tras la reconstrucción de los hechos en su casa de El Campillo, que finalmente se erigió como escenario del crimen, el autor confeso de la muerte violenta de Laura pasó a disposición judicial el viernes 21 de diciembre. Relató a su forma los hechos ante la juez del Instrucción 1 de Valverde, a la que espetó que "métanme a prisión porque, si no, lo volveré a hacer".

Esto ha motivado que la familia de Luelmo haya expresado su pretensión de pedir para él la prisión permanente revisable, en vista de que "no se va a reinsertar", como subrayó la letrada de la acusación particular, Patricia Catalina. Desde aquel día está en prisión por los delitos de asesinato, detención ilegal y agresión sexual: primero en la cárcel de Huelva, y luego en la de Morón, adonde fue traslado el 28 de diciembre porque en la de La Ribera no se podía garantizar su integridad física.

Los historiales judicial y penitenciario de Montoya lo dibujan como un auténtico engendro sin escrúpulos, capaz de asesinar a una anciana a la que previamente había asaltado en su casa para robarle por haberlo denunciado en 1995, o de abordar, cuchillo en mano, a una joven en El Campillo en 2008. Le puso el arma en el cuello para tratar de abusar de ella, pero acabó apuñalando a su perro. A finales de 2010 intentó agredir a un funcionario en la penitenciaría Puerto III. Luego vino otra condena por robo con violencia y lesiones, hechos cometidos también en Cortegana en 2015.

Prácticamente ha delinquido en todos los permisos penitenciarios, aunque la cárcel de Huelva mantenía un perfil bajo y se había convertido en un preso que realizaba labores remuneradas de mantenimiento y se movía con libertad por toda la zona de seguridad.

Laura Luelmo fue incinerada ayer en el Tanatorio de Gibraleón después de que la jueza diera autorización para que se entregara el cuerpo a su familia. Fue despedida en la más estricta intimidad, tres semanas después del crimen.

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