Ciencia abierta

Donald (no Trump) y otros animales muy yanquis

  • ¿Qué relación tiene la presidencia de EEUU con el osito de peluche que seguramente casi todos tenemos en casa?

Theodore Roosevelt, en una caricatura que se publicó en el Washington Post tras una cacería en Mississippi, en el pueblo de Onward Theodore Roosevelt, en una caricatura que se publicó en el Washington Post tras una cacería en Mississippi, en el pueblo de Onward

Theodore Roosevelt, en una caricatura que se publicó en el Washington Post tras una cacería en Mississippi, en el pueblo de Onward / C. A.

Hoy, 3 de noviembre de 2020, es el primer martes después del primer lunes del mes de noviembre  lo que significa que, como cada cuatro años, al otro lado del Atlántico los ciudadanos y ciudadanas de los Estados Unidos de Norteamérica se disponen a elegir a su presidente. Puede que usted recuerde que, hace cuatro años, el 8 de noviembre de 2016 escribía otro Ciencia Abierta que titulaba El planeta contiene el aliento. Su inicio era idéntico a las líneas anteriores: "Hoy, ocho de…". Reconozco que fracasé estrepitosamente en mi elección. Apostaba a que fuera Hillary Clinton la ganadora y se convirtiera en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos de América. Tras el primer presidente de color, Obama, entendía que era lo lógico e incluso era lo que parecían apuntar todas las encuestas. Mis razones para optar por la candidata demócrata se basaban en su apoyo a la lucha contra el cambio climático frente a las opiniones, por llamarlas de algún modo, de su oponente republicano que decía que todo eso del cambio climático era un cuento de los chinos.

Todas las encuestas se equivocaron, es un problema grave este el de las ciencias sociales, y a la mañana siguiente nos desayunábamos con que Donald Trump era el presidente. Tras cuatro años conocemos exactamente quién es ese señor, qué opinión tiene de la Ciencia y qué hará si no vuelve a ganar. Si, por desgracia, el complicado sistema electoral de su país le vuelve a dar el triunfo, la mejor noticia para el mundo será que cada día que pase será uno menos de su segundo y último mandato; siempre que no impulse una enmienda a la vigésimo segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos para volver a ser candidato. En esto último creo podemos estar tranquilos pues la ratificación de una enmienda a la Constitución yanqui exige tiempos y proceso largos, pero claro alguna probabilidad podría existir.

En todo caso, al igual que hace cuatro años, ustedes se preguntarán si he confundido esta columna con una crónica política. No, claro que no. No vengo hablar del presidente Trump, pero si de otros presidentes de su país que han protagonizado curiosas anécdotas con el mundo animal. Y, por supuesto que no me refiero a la coincidencia del nombre Donald con mi querido Pato Donald.

Calvin Coolidge, el trigésimo presidente de Estados Unidos Calvin Coolidge, el trigésimo presidente de Estados Unidos

Calvin Coolidge, el trigésimo presidente de Estados Unidos / C. A.

El primer ejemplo anecdótico de la relación entre un presidente de los EEUU y los animales es el bien conocido "efecto Coolidge". Todos los etólogos y psicólogos lo conocen bien: es un fenómeno observado en muchas especies de mamíferos en los que se aprecia que los machos de la especie, y en menor medida en las hembras, se muestra un aumento de la disposición a mantener relaciones sexuales ante la presencia de nuevos compañeros sexualmente receptivos. Su denominación parece derivar de una anécdota ocurrida mientras John Calvin Coolidge (1872-1933), trigésimo presidente de los Estados Unidos (1923-1929), visitaba una granja agrícola. El presidente y su esposa (de soltera Grace Anna Goodhue) visitaban por separado la granja. La primera dama observó que uno de los gallos se apareaba con muchas gallinas y preguntó por la frecuencia de esos apareamientos. Un encargado le respondió que decenas de veces cada día. La primera dama dijo: "Cuénteselo al presidente cuando pase por aquí". Al serle narrado al presidente, Coolidge inquirió: ¿Con la misma gallina? La respuesta fue: "Oh, no, señor Presidente; con una gallina distinta cada vez". Entonces Coolidge concluyó: "Debería usted comentárselo a la Sra. Coolidge". Coolidge era conocido por su fino humor y buena oratoria, aunque no era muy propenso a los diálogos en las reuniones políticas. Fue el primer presidente que utilizo la radio para sus discursos. Quizás la anécdota sea una invención, muy al estilo de las fake news actuales.

Roosevelt, posando para un retrato en 1903 Roosevelt, posando para un retrato en 1903

Roosevelt, posando para un retrato en 1903 / C. A.

La segunda anécdota está bien documentada aunque existen versiones algo distintas y se refiere a un incidente que afectó a Theodore Roosevelt (1858-1919), vigésimo sexto presidente del país (1901-1909). T. Roosevelt (Teddy, para los amigos) era un gran amante de la caza, de hecho vivió dos años en su juventud como un cowboy americano y cuando se retiró de la política viajó a África participando en numerosas cacerías. Recordemos que estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX. A principios de noviembre de 1902, el presidente T. Roosevelt participó en una cacería en Mississippi, en el pueblo de Onward. El presidente quería cazar un oso y al segundo día de batida un guía avistó a un ejemplar. Los perros lo cercaron y el oso se defendía con gran fuerza, hiriendo a varios de ellos. El guía propinó un golpe con la culata de su fusil de caza en la cabeza del oso dejándolo mal herido y atándolo a un árbol. Cuando llegó el presidente, al ver el estado de la presa se negó a dispararle por considerar era contrario a las normas de la caza, era "antideportivo". El presidente iba rodeado de reporteros de prensa y la acción se difundió por el país. El 17 de noviembre, el caricaturista Clifford K. Berryman publicó en el Washington Post una viñeta en la que se mostraba la actitud compasiva de Roosevelt ante un animal indefenso (según esa imagen el oso era en realidad un cachorro). El dibujo (mostrado en la imagen que abre este Ciencia abierta) se hizo muy popular y un matrimonio de inmigrantes judíos rusos (Morris and Rose Michtom) decidió confeccionar un juguete de peluche, el Teddy’s bear (el oso de Teddy) y exhibirlo en su tienda de dulces.

Aquel juguete gustó y recibieron ofertas para comercializarlo (ya saben, América tierra de oportunidades). El matrimonio envió uno de los peluches al propio presidente preguntando si lo podían vender, pues llevaba su nombre, y Roosevelt no vio ningún problema. El matrimonio dejó su tienda de dulces y se enriqueció con los Teddy's bear. El propio Roosevelt usó el dibujo del oso como emblema del partido republicano para las elecciones presidenciales de 1904 (que ganó). Desde entonces el peluche del oso es un juguete icónico para los americanos y luego se extendió a todo el mundo mundial.

Los estadounidenses votan hoy 3 de noviembre para elegir a su presidente para los próximos cuatro años

Ambos presidentes eran del partido Republicano y comparten un hecho al alcanzar su primera presidencia. Eran vicepresidentes y tuvieron que sustituir al presidente fallecido. Roosevelt ocupó el cargo tras el asesinato, por disparos de un anarquista, del presidente McKinley, en 1901. Coolidge fue presidente en 1923 tras la muerte del presidente Harding que falleció por un ataque cardiaco. Mientras escribo estas líneas mi querido personaje de Disney, desde un dibujo que guardo desde niño, me saluda con una mirada que, ahora, creo algo burlona. Donald siempre fue muy suyo.

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