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Salir al cine

Sangre en el imperio de la noche

  • Llega hoy a los cines Avenida la copia restaurada en 4K de 'La sangre', el primer y extraordinario largo del portugués Pedro Costa. Y en Filmin, un canal dedicado a Chantal Akerman, directora de "la mejor película de todos los tiempos".  

Hay películas recientes que aún nos recuerdan lo que fue el cine, lo que pudo haber sido, o lo que tal vez debería seguir siendo. La sangre (O Sangue, 1989), el primer largo del portugués Pedro Costa, es una de ellas. Regresa ahora a la circulación en salas selectas (Avenida, hoy jueves a las 19:15h.) gracias a la iniciativa de Atalante, en una nueva copia restaurada en 4K por la Cinemateca Portuguesa y supervisada por el propio cineasta, y no es este asunto baladí porque se trata de revelar e intensificar aún más si cabe la radical y poética negrura de la noche que la cubre, los contrastes, fotografiados por Martin Schäfer en un escalofriante blanco y negro, que apenas dejan entrever sus figuras plateadas en un paisaje oscuro, frío, duro, húmedo, un paisaje en algún lugar entre el sueño y la pesadilla.

Esas figuras son las de un triángulo desequilibrado, una ‘familia de sustitución’ que no termina de fraguarse en sus movimientos fluctuantes: dos hermanos, Nino y Vicente, machacados por un padre en ausencia intermitente y una madre de la que nunca se habla; y Clara, la novia de este último, cómplice de su rabia y su necesidad de escapar de esos cuartuchos pequeños y esas calles lluviosas y embarradas.

Ese lugar es un lugar sin nombre, una abstracción de espacios, caminos y arquitecturas de la periferia (salidos de una búsqueda concienzuda y de las fotografías de Paolo Nozolino) y el paisaje industrial, un territorio hecho de retazos y rincones entre la provincia, el arrabal y una Lisboa nocturna y fantasmal, la ciudad del tío (Luís Miguel Cintra), el trabajo precario y los acreedores, sin apenas transeúntes, siempre entre sombras, acechante, peligrosa, inhóspita.

La sangre, escribía Rui Chafes, es un filme sobre la dureza del rostro de un niño abandonado por todos, sobre la soledad de una mirada que lucha contra la frialdad de la madrugada, un niño decidido a vivir sin la ayuda de nadie. El primer y deslumbrante filme de Costa es también una declaración de principios, confirmada años más tarde, sobre el poder expresivo y condensador de la imagen, el encuadre, la luz, el montaje, los gestos, los rostros, los silencios y una ética de la mirada como bases para un cine hecho ya, especialmente a partir de No cuarto da Vanda y hasta la reciente Vitalina Varela, lejos de toda dinámica de producción industrial e institucional.

Costa remueve aquí los rescoldos del lenguaje mudo y los ritmos del cine clásico, el expresionismo más depurado, buscando formas en esa eterna noche del cazador y su atmósfera de amenaza y en los trazados urbanos y los tipos desplazados y solitarios del cine de Paulo Rocha, para retratar el desamparo de la infancia más oscura y la rabia envenenada de esa juventud sin horizonte que exterioriza en una violencia primaria ese desencanto nacido del desarraigo y la impotencia. “Morimos tanto por la sangre que heredamos como por la que hacemos correr”, escribía Joao Bénard da Costa: “La sangre presenta una sombría conciencia de esto, como si cada violación de las reglas ancestrales (en términos míticos y cinematográficos) asumiese la terrible responsabilidad del parricidio, sabiéndolo ineludible mas también fatal”.

Dónde ver “la mejor película de todos los tiempos”

No lo decimos nosotros, lo dice el nuevo canon cinéfilo salido de la revista británica Sight & Sound. Jeanne Dielman, 23, Quai du commerce, 1080, Bruxelles (1976) es la mejor película de todos los tiempos para los 1.639 participantes en su encuesta de 2022. Pero poco nos importan este podio y sus controversias, la verdad. Lo fundamental es que se pueda ver al fin, y en una flamante copia remasterizada, una obra clave de la modernidad y el discurso feminista en una plataforma española, y hacerlo además, doble gran noticia, junto a un buen puñado de títulos de la filmografía esencial de la cineasta belga Chantal Akerman (1950-2015).

Porque el tan cacareado feminismo de Akerman se inscribe plenamente en las formas y las búsquedas de un cine siempre personal aunque se camufle de ficción o auto-ficción (Yo, tú, él, ella, Los encuentros de Ana, Toute une nuit), de documental (Hôtel Monterey, D’Est), ensayo, diario o correspondencia filmada (News from home). Desde el corto Saute, ma ville (1968) rodado en su piso con apenas 18 años a No home movie (2015), doble despedida de la madre, el cine y la vida (la cineasta se suicidaría pocos meses después), el cine de Akerman no ha dejado de interrogarse e interrogar al mundo contemporáneo, de mirar donde nadie miraba y de contar las historias, también las de las mujeres, que no habían sido contadas. 

El estreno de la semana: Saint-Omer

Los premios (Venecia, Sevilla, Cesar) le hacen justicia al primer largo de ficción de la hasta ahora documentalista Alice Diop, un filme que se disfraza de película de juicios para abordar asuntos complejos sobre la identidad, las diferencias culturales, el género, la inmigración y las más oscuras pulsiones de una mujer sentada en el banquillo por el asesinato más atroz imaginable. Diop filma con convicción y fe en el tiempo y sus actrices, y el resultado es extraordinario. 

trailer Saint Omer