La favorita | Crítica Hidropesía visual, fallido esperpento

Una escena de 'La favorita' de Lanthimos. Una escena de 'La favorita' de Lanthimos.

Una escena de 'La favorita' de Lanthimos.

Ni Canino (premio en Cannes y candidata al Oscar), ni Alps (premio en Venecia), ni Langosta (premio en Cannes), ni El sacrificio de un ciervo sagrado (premio en Cannes) me interesaron. Más bien me aburrieron e incluso irritaron por su pretenciosa pedantería y crueldad de diseño. La favorita (premio en Venecia y los Globos de Oro y posible candidata a algún Oscar) me interesa aún menos y me irrita más por llevar mucho más lejos la hipertrofia visual, el formalismo vacío y la impostura autorial del director griego Yorgos Lanthimos. Contrapongo sus premios (a los que podría sumar las críticas casi unánimemente entusiastas) a mi juicio para no llevarles a engaño. Pero si cuando todo el mundo va en sentido contrario al nuestro por una autopista está claro que nos hemos equivocado y vamos en contramano, en esto de la crítica (al menos de momento) cabe la posibilidad de que sean los otros los que estén equivocados. El tiempo dirá. Y, desde luego, ustedes deciden.

Trata de las furiosas luchas entre la poderosa duquesa de Marlborough (ascendiente de Winston Churchill y Lady Di) y su prima venida a menos Abigail Masham por obtener el favor cortesano y político (además de los favores íntimos) de la reina Ana (1655-1714), primera monarca del Reino Unido al unirse bajo su reinado Escocia a Inglaterra e Irlanda y última de la casa de los Estuardo. Un escenario atractivo y una historia con muchas posibilidades dramáticas. Una película no es un ensayo histórico y por eso le están permitidas todas las libertades.

Lanthimos tiene perfecto derecho a convertir la historia real de las luchas cortesanas y de alcoba entre la duquesa y Abigail como las dentelladas entre dos fieras que se disputan los despojos de una mujer enferma y medio loca, exagerando o manipulando cuanto le plazca. Hasta el extremo de convertir su película en una mezcla entre Eva al desnudo, Las diabólicas, Misery, ¿Qué fue de Baby Jane?, La loba y cuantas películas de mujeres malas, dominantes, ambiciosas y conspiradoras se les ocurran. También, faltaría más, tiene perfecto derecho a plantearlo con el estilo que le apetezca.

Lanthimos parece intoxicado con 'Il Casanova' de Fellini y el 'Barry Lindon' de Kubrick

El problema es que en lo primero le falla el juego entre lo trágico y lo grotesco. No es precisamente un Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte valleinclanesco, pese a que los tres factores sean la clave de la película y esta aspire a tener el aire de un esperpento. Los personajes femeninos (menos, a ratos, el de la reina gracias a la poderosa interpretación de Olivia Colman) son marionetas a las que en ocasiones se intenta dar un giro trágico, y los masculinos son simplemente peleles. No funciona.

Olivia Colman, una impresionante actriz que destaca en 'La favorita'. Olivia Colman, una impresionante actriz que destaca en 'La favorita'.

Olivia Colman, una impresionante actriz que destaca en 'La favorita'.

En cuanto a lo segundo, el estilo, Lanthimos parece haberse intoxicado tras una ingesta inmoderada de Plunkett y Macleane de Scott, Il Casanova de Fellini, El contrato del dibujante de Greenaway, Barry Lyndon de Kubrick, las horrendas recreaciones históricas pop del Ken Rusell de The music lovers, Lisztomania o Mahler y hasta la María Antonieta de Sophia Coppola. Los grandes angulares, travellings, contrapicados, ojo de pez y cuantos efectos de objetivos o angulaciones acumula se quedan en meros efectos, acumulación de adjetivos visuales y una inflamación estilística tan molesta como la de las llagadas piernas de la reina protagonista.

Emma Stone y Rachel Weisz se trabajan a conciencia la sobreactuación que, supongo, el director les pide y el trazo de sus personajes impone. Los únicos momentos de verdad interpretativa, no de guiñol, y de emoción (por encima de todos el largo primer plano del final de la película) los protagoniza una soberbia Olivia Colman, actriz sobre todo televisiva (va a interpretar a Isabel II madura en la tercera temporada de La corona) que Lanthimos -un mérito debía tener el hombre- ha rescatado como grandísima actriz de cine. La única estrella es para ella. Aunque añadiré otra para los muy buenos pero desperdiciados trabajos de Fiona Crombie en diseño de producción y Sandy Powell en vestuario.

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