Aromas y sabores

Listos para beber

  • El confinamiento ha dado un empujón involuntario a los cócteles y bebidas con alcohol listas para beber: es el éxito del Ready to Drink

La bodega chilena Piernas Largas lanza los primeros cócteles a base de vino. La bodega chilena Piernas Largas lanza los primeros cócteles a base de vino.

La bodega chilena Piernas Largas lanza los primeros cócteles a base de vino. / M. L.

Beber nunca antes había sido tan diverso: destilados, cervezas, vinos, sodas, analcohólicos, mezclas, remezclas... La oferta es diversa, inclusiva, amplísima. Ante los ojos avezados o novatos de los clientes un espectro inagotable de opciones pretende satisfacer cuanto interés degustativo pueda existir. Sin embargo, cuando ya parece que no hay más oportunidad para el asombro, irrumpen en el mercado tendencias que como una ráfaga de novedad encuentran/abren un pliegue en la avidez de los consumidores y, desde ahí, se enraízan.

Talento, creatividad, curiosidad, funcionan como caldo de cultivo y, si el contexto es bueno -¡qué decir!- ideal, el crecimiento se torna imparable: lo que comenzó como tendencia puede llegar a convertirse en 'necesidad'. Esta es precisamente la historia de los llamados Ready to Drink (RTD o 'Listos para tomar').

Hablamos de esos cocteles pre-elaborados y envasados listos para beberse tal cual o quizás con algún aderezo a gusto del cliente, confeccionados para aquellos que prefieren los combinados o los cócteles pero no saben o no pueden prepararlos. Son una modalidad de servicio gastronómico que hoy está posicionándose en el tablero de consumo mundial y ha cambiado algunas reglas del juego. Beber un combinado ya no es una experiencia exclusiva de los bares, en los bares: ahora la mezcla llega a las puertas del hogar y desde ahí, al volverse más cercana e íntima, triunfa.

Pero, cómo hablar de algo nuevo cuando hace una década ya encontrábamos mezclas de espirituosos y refrescos enlatados, cervezas y vinos “saborizados”, sangrías envasadas en tetrabrick  y grandes empresas explorando los espacios de la coctelería embotellada sobre la base de sus productos alcohólicos estrella. El tema es que antes, si bien existían las opciones, no significaban un pico en los números de ventas ni un crecimiento exponencial como lo son hoy los RTD en toda la oferta (alcopops -mezclas con alcoholes fuertes como el vodka o el ron-, premixers y cocteles envasados). El confinamiento debido a la pandemia de la Covid-19 nos ha cambiado la vida, y con ella los modos y los consumos.

Cócteles RTD de Jack Daniel's. Cócteles RTD de Jack Daniel's.

Cócteles RTD de Jack Daniel's. / M. L.

Así, tan álgido contexto ha sido un estímulo fortuito de esta corriente. El cierre de los bares, el repunte de e-commerce, una mayor ingesta de bebidas alcohólicas en casa y el afán de los clientes por encontrar alternativas de ocio han acelerado una tendencia ya en boga. El notorio aumento por este concepto de las ventas netas y en volumen con respecto al mismo periodo del año anterior ha sido una de las grandes sorpresas del 2020 para varias entidades comerciales.

El emergente segmento de bebidas listas para beber (embotelladas o enlatadas) parece haber llegado para quedarse. La revolución tiene fundamentos sólidos: son atractivas, prácticas, fáciles de consumir, portables, originales, ubicuas y, sobre todo, con un vastísimo rango de sabores, fortalezas y tipos. La paleta de matices es amplia: sodas, bitters, tónicas, siropes, jugos de frutas sobre una base alcohólica (o no), más la disimilitud de técnicas empleadas y la pericia del creador, permiten una gama inacabable.

En un mundo que, además del circunstancial distanciamiento prescribe inmediatez, variedad, calidad, adaptabilidad, nuevos formatos y comodidad; este estilo de venta de cócteles, combinados y otras bebidas con o sin alcohol ha ido ganando cada vez más adeptos sobre todo en el rango millennial sin importar sexos. Los barmen de Europa, Australia, México, EEUU marcaron los antecedentes, pero en América barmen y mixólogos de Argentina, Chile, Brasil y Cuba están dando pasos firmes en este sentido.

Vodka, tequila, mezcal, whisky, cerveza, ron, ginebra, vino, todas son bases acomodaticias si se trabajan bien. Las grandes marcas del sector lo han visto claro y se han sumado a la ola. La innovación como punta de lanza de esta categoría con respecto a otras está marcando el paso. Con más frecuencia pueden verse en los estantes preparaciones tuteladas por Absolut, Jack Daniel's , Bacardí, José Cuervo, por solo mencionar algunos. Tanto en cocteles clásicos con estos fondos, como en propuestas 'de autor', la oferta ha acercado dichos espirituosos o territorios de sabor a nuevos consumidores.

Por su parte bares individuales, empresas creadas solo con este propósito, o barmen que han visto aquí un nicho para dar rienda suelta a su creatividad son la otra cara de una oferta que hoy acerca además de las versiones industriales, bebidas artesanales y por tanto más personalizados (y para algunos más saludables por lo natural). En este segundo caso sus impulsores (generalmente barmen y mixólogos de la generación más joven de la hostelería) siguen buscando provocar sorpresa y complejidad en boca y el retrogusto pero no tienden a la rimbombancia, al rebuscamiento. Al fin y al cabo, aun cuando los vuelos creativos tienen vía libre y con ellos toda la satisfacción sensorial que puedan incitar, se trata de generar una experiencia interesante y apetecible para la mayor cantidad de públicos.

Por lo pronto los expertos ya han comenzado a vaticinar un futuro prometedor  y de dividendos billonarios para los RTD. La coctelería es un área dúctil capaz de absorber con rapidez y estilo la evolución de los intereses del consumidor. No es descabellado pensar entonces que aspectos como reducción de alcohol o calorías puedan ubicarse más rápido y con mayor prestancia aquí que en otros productos de la industria y, consecuentemente, seguir desmarcándose.

Tanto las grandes empresas como los pequeños productores han estudiado sus públicos, sus demografías y continúan esculpiendo el reciente filón. Incluso cuando la nueva normalidad ya permite algún que otro encuentro tras la barra, la coctelería fuera de su templo histórico se descube posible y apetitosa. Son nuevos tiempos y nuevos ritos, otro concepto de proximidad... tiempos de Ready to Drink.

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