Corpus

La cara 'destroyer' de la feria tiene rastas y gomina

  • Las casetas de marcha se dividen fundamentalmente en dos calles y dos estilos muy definidos: las disco y las alternativasLos farolillos de la feria se apagarán hoy hasta el año que viene. Ya no hay opción para la fiesta pero durante estas noches miles de granadinos y visitantes lo han dado todo hasta última hora de la madrugada

Cuanta menos luz más favorecida suele estar la gente. Si además se acicala uno con sus mejores galas y el partenaire va dándole al codo a la vez que disminuye la intensidad lumínica se puede acabar convertido en Monica Bellucci o George Clooney. Ese efecto es parte del encanto irremediable de la noche y le añade ese plus a la diversión que de por sí entraña la feria. En las casetas tradicionales se nota menos, pero las disco hacen caja por ese extra.

Aunque muchas son gratuitas, los empresarios de las más cotizadas sacan tajada del gentío que se apretuja bajo sus lonas. Aunque la entrada cuesta diez euros, con unos seguratas que son iguales en todas las dimensiones nadie chista por el precio: se paga y se entra con el pie derecho.

Como la juventud es más osada que la ignorancia, los hay que prueban suerte todos los día y se dejan un riñón y parte del hígado. Otros han ido entrenando durante el año y simplemente aprovechan la feria para divertirse con los amigos.

Javier Melguizo y Luis Grande, ambos de 21 años, son de los asiduos en el ferial, sobre todo por la noche pero también a mediodía. "Vamos a La Rural y nos tomamos algo porque tenemos tiques y luego a las disco, hasta las 4 o las 5 de la mañana. Anoche estuvimos en la de la CNT", cuentan los jóvenes.

Con la mejor disposición de ánimo y estrenando peinado, Francisco Javier Aguilar, ya en la treintena, hace cola para entrar en El Embrujo con su amigo Jorge del Pino. "A mí me gusta más tomarme unas cervezas y luego irme a la zona de las tómbolas a tirar tiros jugando al baloncesto. Y luego le regalo lo que saco a mis amigas. Pero este año habíamos quedado aquí con unas compañeras", se excusa antes de adentrarse en la oscuridad de El Embrujo.

Las casetas de marcha se dividen en dos calles y dos estilos diferenciados: las disco y las alternativas. En estas últimas no cuesta entrar, la música no es comercial -aunque tampoco se escuchan grandes joyas- tienen vino de verano o calimocho y el público masculino comparte pelados con el femenino.

Muchas son casetas de ONG y son los propios voluntarios los que atienden al público. El dinero que se recauda va destinado a sufragar algunos de sus proyectos, con lo cual queda la buena sensación de beber para contribuir a una buena causa. Por ejemplo, El Meneíllo, de la asociación de ayuda humanitaria Acción en Red, desarrolla programas contra los malos tratos y con niños inmigrantes a los que dan clases de apoyo y les organizan excursiones con estos fondos feriantes.

Una de las encargadas, Begoña Camacho, cuenta que los visitantes son especialmente pacientes con ellos cuando la cosa está desbordada y nunca han tenido problemas de peleas, que desafortunadamente se han convertido en un episodio clásico de las fiesta nocturna de la feria.

Juan Francisco Media, un constructor de 26 años, sabe muy bien de qué habla la encargada de El Meneíllo. Él pasa las tardes y las noches en la feria pero como voluntario de Protección Civil de Alhendín. "En la calle Maimones hay bastantes peleas, esta es más tranquila (por la calle Vito)".

El jefe de la Unidad de Protección Civil de Alhendín cuenta que las incidencias en las noches de esta feria son las típicas: "Muchos mareos por el alcohol y cortes en los pies porque la gente viene con sandalias, aunque este año también hemos tenido incendios de coches en el parking".

Pero no todo el que está hasta la madrugada en la feria tiene 20 años, ni quiere emborracharse, ni quiere ligar, simplemente los hay que son unos enamorados del Corpus.

Por ejemplo, Antonio López Martínez (conocido como Pepe el de la Pura) y su esposa Encarna Sánchez, ambos de 54 años. "Venimos todos los días a mediodía y por la noche hasta más de las tres de la madrugada. Vamos a todas las casetas tradicionales e institucionales, con amigos o los dos solos. A nosotros no nos gana de fiesta ningún joven". Ella trabaja echando horas y él como comercial de maquinaria agrícola. "Nos gastamos bastante dinero en la feria, pero la vivimos y la disfrutamos".

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