Beatriz Flamini sale de la cueva de Granada en la que ha permanecido 500 días aislada

Aventura

Momento en el que Beatriz Flamini emerge de la cueva de Granada en la que ha permanecido durante 500 días / Alba Feixas
Alba Feixas

14 de abril 2023 - 09:21

Motril/Nueve de la mañana, una ligera brisa fresca y la claridad del cielo le dan la bienvenida a superficie a Beatriz Flamini, la deportista de élite que ha conseguido establecer un nuevo récord mundial de permanencia en una cueva al estar la friolera de 510 días completamente aislada bajo tierra, y sin contacto con el exterior. "¡Pero que guapos estáis todos!" han sido las primeras palabras que Flamini ha pronunciado tras aguantar a 70 metros de profundidad durante un año y casi cinco meses en una especie de letargo donde le han acompañado una constante noche oscura, la soledad, la compañía de una gran ristra de libros y su propia mente.

Aunque cualquiera lo diría. Medio centenar de personas, entre amigos, miembros del Grupo de Actividades Espeleológicas de Motril (GAEM), servicios sanitarios, Guardia Civil, científicos y medios de comunicación seleccionados para el evento la han recibido en un silencio nervioso que se rompía por momentos por aplausos y gritos de alegría.

La deportista salía fresca tras 40 minutos de ascenso hacia la superficie, que ha tocado a las 9:10 horas. Al menos en apariencia, ya que 500 días no pasan en balde. "¿Quién pagó las últimas cervezas del viernes?", ha bromeado antes de fundirse en un abrazo con sus amigos y con el mismo equipo que le ayudó a entrar en la cavidad en noviembre de 2021. Como si para ella sólo hubiera pasado una noche.

La madrileña, que además es alpinista y escaladora, salía expectante, canturreando una canción y con una sonrisa constante. Algunos amigos le han recomendado que se pusiera unas gafas de sol oscuras para protegerse de la luz del sol, algo que ha hecho tras permanecer varios segundos respirando aire fresco y sintiendo los rayos del sol. En aparente buen estado de salud y visiblemente emocionada, lloraba al ver la gran expectación con la que era recibida en su vuelta a la superficie. Varios profesionales del Grupo de Actividades Espeleológicas de Motril (GAEM) bajaron una hora antes para darle la noticia de que su reto había sido logrado, tras haber permanecido 510 días dentro de la cueva que se había convertido en su casa, y que era el momento de salir y a la vez para ayudarle si tuviera alguna complicación. De hecho, aseguran que han tenido que pedirle que subiera de la cueva más despacio para no salir antes de la hora acordada.

Beatriz Flamini es acompañada tras su salida de la cueva de Granada por compañeros del GEAM
Beatriz Flamini es acompañada tras su salida de la cueva de Granada por compañeros del GEAM / Alba Feixas

De esta forma se cumple el sueño que imaginó hace algo más de dos años y que le ha permitido además, entablar una lucha personal con sus propios pensamientos, miedos y fobias y que se verá reflejado próximamente en un documental de la productora Dokumalia, especializada en la producción y el desarrollo de contenidos audiovisuales en contextos extremos, y responsables de series documentales como El Heladero del Himalaya, Jugando a Escalar o Rescate.

El pasado 20 de noviembre de 2021 entró en una cueva a 70 metros de profundidad, en el término municipal de Gualchos, donde ha permanecido completamente aislada. De primeras puede parecer algo imposible, pero gracias al planteamiento exhaustivo de todos los actores implicados en el proyecto, Flamini estaba bien vigilada sin estarlo. Establecieron unos puntos de intercambio dentro de la cueva para poder recoger las tarjetas de memoria de la cámara que permanece con ella para grabar la experiencia, así como para poder facilitarle el material necesario para su subsistencia. Además, en todo momento ha contado con un botón del pánico para que, en caso de sufrir un accidente, un altercado, o no poder continuar con el reto, un equipo especializado pudiera socorrerla en poco tiempo.

El Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada (UGR) ha estado involucrado en la hazaña, ya que su experiencia permite estudiar cómo afecta el aislamiento social y la desorientación temporal extrema a la percepción del tiempo. La Universidad de Almería también sigue de cerca este experimento para valorar los posibles cambios neuropsicológicos y cognitivos que ha conllevado este tremendo desafío ante la soledad, la ausencia de luz y el aislamiento cognitivo y social. De hecho, previamente a su entrada en la cavidad costera, Beatriz fue sometida a diversas pruebas para controlar su corteza cerebral y funciones cognitivas asociadas, para estudiar su evolución.

Flamini, risueña y sorprendida por la gran expectación levantada tras su salida, explica, acompañada por el presidente de la Federación Andaluza de Espeleología, Francisco Hoyos, y el espeleólogo coordinador de la asistencia que le ha cuidado en la sombra, David Reyes, que esta experiencia le ha regalado momentos "difíciles y muy bonitos", como una invasión de moscas, "empezaron a poner larvas, no lo controlé y me vi envuelta en moscas", alucinaciones auditivas, "estás en silencio y el cerebro se las inventa" o la desesperación de ver como se le perdían cosas al caer por grietas impenetrables, aunque el "truco" para no abandonar esta hazaña ha sido centrarse "en el aquí y en el ahora". "He respetado mucho el silencio de la cueva para no emitir contaminación acústica. Hablaba sobre todo cuando me grababa con la cámara".

Durante su estancia en la cavidad, ubicada en el Kart de Calahonda, cerca del barranco de Vizcarra, en el término municipal de Gualchos, ha pasado dos de sus cumpleaños -entró con 48 años y sale con 50-, aunque asegura que no es consciente de ello, "estoy anclada en el 21 de noviembre de 2021, no sé lo que ha pasado en el mundo, y al ver a todo el mundo con mascarilla -el equipo que le acompaña pidió a todos los asistentes su uso para protegerla- para mi sigue siendo COVID".

El apoyo del GAEM

Y 500 días después de la gran despedida, varias personas del Grupo de Actividades Espeleológicas de Motril (GAEM) acompañan a la deportista en su salida. Ellos han sido los encargados de acondicionar esta cueva de Gualchos y preparar un exhaustivo plan de emergencias, incluso protegieron la entrada para evitar la caída de animales o la entrada de algún curioso que pusiera en peligro la hazaña. No ha sido fácil. El reto ha sido el secreto mejor guardado, ya que la cavidad se encuentra en una zona bastante asidua por los vecinos más experimentados en el senderismo de montaña, que cuenta con un gran sendero y está próximo a una explanada, una zona esencial para el aterrizaje de un helicóptero en caso de necesitar una evacuación de emergencia.

Además, los espeleólogos han sido los encargados de facilitarle durante todo este tiempo cerca de una tonelada y media de materiales y alimentos, y unos 1.000 litros de agua.

La deportista reconoce que tras exponer la idea que tenía en la cabeza, el GAEM lo organizó todo para encontrar la cueva que mejor se adaptase a sus necesidades. "Presenté el proyecto a la federación y solicité una cueva con unas ciertas características, vi cuatro cuevas y me quedé con esta por la cueva, las condiciones y el equipo", además sonríe y señala que le ha dado tiempo de sobra para conocerla a la perfección. "Me ha parecido muy estupenda y amable".

Un fallo técnico hizo peligrar el desafío

Todo estaba controlado al milímetro dentro de la cueva para que a Flamini no le ocurriese nada, por eso cuando de buenas a primeras un router que había instalado para que la deportista pudiera acceder a un ordenador, -sin acceso a internet, fecha u hora- para realizar test de seguimiento, falló, los especialistas tuvieron que idear un plan b. No se trataba de un problema baladí, ya que este aparato permitía, entre otras cosas, el funcionamiento del botón del pánico, además de que emitía unas ondas magnéticas que le causaban dolor de cabeza y afectaba a su salud.

Motivo por el que durante ocho días tuvieron que idear un plan para que los especialistas arreglasen el problema. Tiempo en el que aseguran que estuvo totalmente aislada y sin comunicación con el exterior en una tienda base.

El problema apareció un poco antes de que coronase los 300 días en soledad, por lo que su integridad física corría peligro y no se dudó ni un instante para activar el protocolo de seguridad y prevención de riesgos laborales establecido previamente por si se daba una situación similar.

Una pequeña luz verde descendió por la cueva junto con un mensaje en una botella. Fue el método utilizado por los especialistas para comunicarle de que había surgido un problema que necesitaban solucionar, de esta forma le pedían que buscase un refugio dentro de la cueva, pero lejos de donde se estaba hospedando, para no poner en peligro la misión y que siguiese incomunicada.

Pese a todo, la deportista que ha batido un récord mundial, bromea sobre el buen estado en el que se encuentra y que cuando fueron a por ella para anunciarle que ya había cumplido su objetivo, no le importaría estar unos cuantos días más. Flamini tendrá que someterse a distintas pruebas y seguimientos para ver su evolución y readaptación fuera de la cueva, tiene tiempo para organizar mentalmente la experiencia, que todo apunta a que se verá reflejado en un futuro en un libro, y organizar nuevos retos deportivos que ya tiene en mente.

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