Costa Tropical

Pescadores con el agua al cuello

  • Las nuevas políticas pesqueras de la Unión Europea ponen a los pescadores de la costa en una situación muy complicada al reducir las horas de faena

El oficio del pescador es una de las profesiones, tal vez, más duras y menos reconocidas. Con jornadas que comienzan, por lo general, en torno a las 4:30 horas de la mañana para preparar todo lo necesario para zarpar a las seis de la mañana, rumbo a un destino poco incierto, donde hay días que se regresa a puerto con las manos vacías.

Una profesión cada vez, dicen, que está más castigada por las políticas europeas que cada vez permiten menos días de faena para preservar las poblaciones de peces, proteger el medio ambiente marino, así como proporcionar a los consumidores alimentos de calidad, algo que el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Motril, Ignacio López, "se exige solo en algunas zonas del Mediterráneo".

Decisión europea de la que se está resintiendo la flota pesquera del Puerto de Motril, donde el peso económico recae sobre la pesca de arrastre, y que cohabita con tres barcos de cerco y 18 pequeños pesqueros de artes menores.

Ignacio López dice que el sector está viviendo una "incertidumbre" ya que, con el anterior plan de gestión, el 60% de la flota pesquera desapareció y generó en el barrio del Varadero un 55% de paro. Y con el actual, "no sabemos qué ocurrirá".

Hace unos años muchos pescadores decidieron invertir y comprar un barco pequeño para dedicarse a la pesca artesanal, pasando de los cinco con los que se contaba, a una flota de 18, "barcos pequeños para economías humildes".

El patrón de la Cofradía de los pescadores apunta que "si la pesca de arrastre desapareciera del Mediterráneo español, las lonjas desaparecerían totalmente".

Para este, la solución no pasa por los modelos de gestión que quiere imponer Europa, y dice que hay que seguir luchando por "hacer que las especies crezcan en número y lleguen al nivel óptimo" y siempre, "sin perder puestos de trabajo".

Decisión que avala con la regeneración que está teniendo el caladero de la zona de Alborán, en parte gracias al "sacrificio" y ajuste que se hizo en el número de barcos que se hizo en la zona.

Ignacio López explica que los pescadores ahora tienen que lidiar también con la proliferación y el arraigo del alga asiática, presente en los caladeros en estos últimos años. 

Un alga invasora que está dañando distintos caladeros, como es el existente entre la zona de La Rábita y el levante, con incidencias de hasta a 400 metros de profundidad que genera temor y desconcierto entre el sector que "no sabemos cómo pararlo".

La lonja en cifras

El año 2021 ha comenzado con buenos datos para los pescadores motrileños, que han conseguido aumentar el número de kilos de captura en más de un 35% con relación al año pasado.  Según los últimos datos publicados por Puertos del Estado, correspondientes a mayo, por el pesquero motrileño han pasado 346.000 kilos frente a los 256.000 que se llevaban en 2020, lo que representa un importante aumento en las capturas que se han tenido, y por consiguiente en la cuenta de resultados de la Cofradía de Pescadores.

Sin duda el producto estrella en la lonja de Motril es la quisquilla. Un marisco que, año tras año, sigue aumentando su producción y reportando grandes beneficios. Solo en el primer semestre del año, la Cofradía de Pescadores ha vendido 21.670 kilos de quisquilla que ha generado 446.522 euros, a un precio medio de 20 euros el kilo y que, en ocasiones ha llegado a alcanzar los 83 euros, en función de la época del año. Producto que ha aumentado de manera  considerable el número de capturas que, en el primer semestre del 2020 era de 6.340 kilos y alcanzando  algo más de 139.466 euros.

Pero no solo de quisquilla vive la lonja del Puerto de Motril, por donde han pasado, entre otros,  118.650 kilos de jureles; 36.237 kilos de pulpo; o 31.168 kilos de gamba.

El día a día de la lonja

Una lonja pesquera que es un no parar. Una vez que los barcos llegan a puerto comienza otra de las labores importantes dentro del proceso: el de clasificar, separar y mostrar para que los compradores pujen por los distintos productos del mar. Está considerado como un lugar fundamental para la actividad pesquera, porque es el camino donde comienza el pescado hasta llegar a los restaurantes o las pescaderías. Los barcos regresan a puerto tras un duro día de faena, la mayoría traen el pescado clasificado según la especie y la talla, otros en cambio, no lo hacen, por lo que deben de ser los pescadores de las lonjas quienes realicen esa labor.

La gestión de las lonjas depende de las cofradías de pescadores, que son las encargadas de subastar de forma diaria los productos que han llegado al muelle.

Mariluz Ruiz, jefa de la lonja de la dársena granadina, explica que el proceso que se sigue desde que los barcos llegan a puerto es que "el primero que entra en lonja, es el primero que vende". Un mecanismo con el que llevan funcionando unos años, ya que "antiguamente",  el primero que entraba por la bocana no siempre "traía el pescado pronto" por lo que se cambió para "no entorpecer al resto de pescadores".

Una vez procesado el material, y comprobado que cumple con todas las medidas, se muestra a los posibles compradores, del más caro al más barato.

El producto pasa por una cinta transportadora un máximo de dos veces para garantizar su frescura, donde el comprador puede hacer la puja. Si no se produjese la venta o no se alcanzase el precio mínimo que se considera oportuno, se retiraría de la subasta. En muchas ocasiones, se han llegado a donar los productos al Banco de Alimentos de Motril tras ser retirados de la subasta.

Igual que ocurría con el Patrón mayor,  Mariluz Ruiz se muestra contraria a las políticas que se están imponiendo desde la comunidad económica europea al ser  "restrictivas", ya que "la flota pesquera que hay en Motril, no es comparable a las que hay, por ejemplo, en Noruega".

 

 

 

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