olimpismo barcelona 92Antonio rebollo. ex arquero paralímpico

"Ni se me pasó por la cabeza que podía fallar aquel disparo"

  • A sus 62 años, el madrileño recuerda como si fuera ayer su memorable actuación en la ceremonia de apertura

  • "Hasta el último momento la organización intentó que Bozzo, que era catalán, lanzase la flecha", dice

El ex arquero paralímpico Antonio Rebollo recrea el encendido del pebetero de Barcelona 92. El ex arquero paralímpico Antonio Rebollo recrea el encendido del pebetero de Barcelona 92.

El ex arquero paralímpico Antonio Rebollo recrea el encendido del pebetero de Barcelona 92. / Quique García / efe

Aunque 3.500 millones de espectadores de todo el mundo estaban pendientes de su disparo, Antonio Rebollo, el arquero paralímpico encargado de encender el pebetero en los Juegos de Barcelona 92, asegura que no le tembló el pulso.

"La verdad es que no estaba nervioso. Siempre he tenido la cualidad de aguantar muy bien la presión, porque estaba acostumbrado a la competición. Ni se me pasó por la cabeza que podía fallar. Yo era como un robot: estaba absolutamente concentrado, contando los segundos que tenía que dejar quemar la flecha, porque si la tiraba antes se apagaba, y si la tiraba después, también. Y pendiente de que el disparo estuviera perfectamente coordinado con la música, tal como habíamos ensayado", relata.

La Federación Española no supo explotar la imagen del arquero que inauguró aquellos Juegos"

En aquel entonces, Rebollo tenía 37 años y un palmarés envidiable como arquero. Se retiró tras lograr tres medallas en los Juegos Paralímpicos de Barcelona y ser nueve veces campeón de España y uno de Europa. Sin embargo, era un desconocido para el gran público.

Aun así, el madrileño se convirtió en el protagonista de uno de los momentos más recordados de Barcelona 92. Y eso que, hasta la misma tarde de la ceremonia, no supo que finalmente sería él el elegido, ya que el Comité Organizador contaba con un plan B: Joan Bozzo, campeón de Cataluña de tiro con arco. Bozzo, como Rebollo, esperaba entre bambalinas e impecablemente vestido de blanco a que Lluís Bassat, el máximo responsable de la producción del evento, les comunicara quién saldría esa tarde al estadio para disparar la flecha más famosa de la historia del Olimpismo.

"Al final, Bassat entró en la sala donde esperábamos los dos ya cambiados y me dijo: 'Antonio, vas a ser tú'. Creo que hasta el último momento intentaron que el arquero fuera catalán, algo que, por otra parte, entiendo, pero la verdad es que yo no fallaba nunca y Bozzo sí", afirma el madrileño con seguridad.

A las 22:40 de aquel 25 de julio, el último relevista de la antorcha olímpica, Juan Antonio San Epifanio, Epi, encendió la flecha que sostenía Rebollo y que, segundos después, voló disparada hacia el pebetero, situado a 61 metros de altura y a 70 metros de distancia de él, hasta prender el fuego del Estadio Olímpico de Montjuïc, que enloqueció.

"Toda aquella expresión de júbilo, todo ese ambiente, me superó de golpe. Estaba alucinado. Me empezaron a llevar de aquí para allá como una peonza y no sabía ni lo que estaba pasando", recuerda.

La repercusión de su gesta fue tal que, al día siguiente, Rebollo tuvo que pedirle a un amigo que le dejara un piso para atender a la prensa. "La verdad es que nadie de la organización había previsto todo aquello", apostilla en tono de reproche.

Respecto a si aquel célebre encendido del pebetero tenía truco, el arquero aclara que el plan siempre fue que su flecha lo sobrevolase en el mismo instante que alguien prendía el haz de gas para que se encendiera la llama. Mientras tanto, la flecha pasaría de largo y caería en plena calle, detrás del estadio.

Cualquier otra posibilidad ponía en riesgo la seguridad de los asistentes y complicaba la logística. Pero Rebollo no se conformaba y pidió en uno de los ensayos que lo dejaran intentar un disparo al interior del pebetero.

"La primera vez, la flecha pegó en la estructura y cayó hacia la grada. A la segunda la metí dentro del pebetero, pero el impacto fue tan fuerte que me cargué las tuberías que había ahí dentro y tuvieron que llamar a la compañía del gas para que las arreglaran". Sólo así comprendió que no se podía hacer de otra manera a la que estaba prevista.

El madrileño dice guardar "con mucho cariño" aquel recuerdo olímpico en su memoria, pero lamenta que se perdiera una gran ocasión de promocionar su deporte, el tiro con arco.

"La Federación Española no supo explotar la imagen del arquero que inauguró aquellos Juegos ni tampoco la del equipo español que los ganó -integrado por Juan Carlos Holgado, Alfonso Menéndez y Antoni Vázquez, y eso fue una pena y una gran oportunidad perdida", sentencia.

25 años después, Rebollo tiene 62 y vive de la ebanistería. Entre sus aportaciones a la historia del tiro con arco, además del memorable encendido del pebetero de los Juegos, a él le gusta mencionar su manual internacional de caza con arco, su especialidad.

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