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Santiago Carbó Valverde

Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y director de Estudios Financieros de Funcas

Una larga semana en el Banco Central Europeo

El autor cree probable que el BCE no vuelva a tocar los tipos en bastante tiempo –hasta finales de 2024, como poco– y así se mantendrán elevados más de lo que se pensó en 2022

Una larga semana en el Banco Central Europeo

Una larga semana en el Banco Central Europeo

TRAS un verano de muchas especulaciones, septiembre se ha convertido en un mes importante de reuniones de bancos centrales. El BCE fue el jueves el primero en salir a la palestra y la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra lo harán la semana próxima. La autoridad monetaria europea subió otro cuarto de punto (0,25%) hasta el 4,5%. Todo esto ha sucedido en un entorno de muchos rumores y presiones sobre qué se iba a decidir. El mercado parece tener más claro que la Reserva Federal estadounidense no tocará los tipos el próximo miércoles y que el Banco de Inglaterra los subirá un 0,25% el jueves 21 (y ahí parará un tiempo). Sin embargo, el debate se ha recrudecido recientemente sobre la acción del BCE. Analizar esas diferentes visiones aporta algo de luz sobre cómo actúa este banco central desde sus comienzos y como está percibiendo actualmente la situación de la economía de la zona euro.

Como preámbulo, aunque el BCE ya lleva casi 25 años operando, desde la perspectiva histórica es poco tiempo comparado con los más de 110 años de la Reserva Federal y los más de cuatro siglos del Banco de Inglaterra. Por tanto, tenemos mucha menos evidencia sobre la que fijar claramente un acervo o impronta sobre las decisiones de política monetaria en el BCE en situaciones como la actual, en la que hay datos económicos que se mueven en direcciones opuestas y generan especulación. Es cierto que ha pasado por una crisis financiera, una pandemia y un periodo inflacionario por el impacto de la guerra de Ucrania. No obstante, tenemos pocas lecciones anteriores sobre actuaciones en un periodo de debilitamiento de la economía en el que la inflación no ha remitido completamente. Solamente desde 1980, Estados Unidos ha pasado más de cinco veces por episodios similares, y conocemos las decisiones sobre tipos de interés que se tomaron, lo que facilita identificar más fácilmente por dónde van los tiros en la Fed comparada con bancos centrales más jóvenes. Asimismo, en el BCE aún pesa el “error de cálculo” –eso sí, siempre es más fácil analizar en retrospectiva– con sus dos subidas de tipos de 2011, en medio de una grave crisis de la deuda soberana. Por todo ello, la decisión de esta semana era peliaguda.

¿Cuáles eran los argumentos que apoyaban la subida de tipos o, alternativamente, esperar un tiempo dejándolos inalterados? El mercado había entendido de la rueda de prensa y otras señales posteriores de la reunión del BCE de julio que habría otra subida de tipos en septiembre. Sobre todo, porque aún se está lejos de volver a la inflación del 2%, referencia básica de la política monetaria. La sensación era la de un trabajo inacabado, la de la necesidad de finiquitarlo subiendo los tipos una vez más (en la reunión de esta semana). Y, a partir de ahí, iniciar un periodo de reflexión, tras constatar que la economía europea se está debilitando. Era una última subida antes de parar. Sin embargo, aparecieron dos argumentos en estas semanas hasta hoy. Primero, las previsiones macroeconómicas -tal y como dijo el BCE este jueves- se han deteriorado desde julio, y, por tanto, había que tener más cautelas con una posible subida. Asimismo, se han deteriorado más en el país motor Alemania y en otros de su entorno. Además, en estas semanas surgió una percepción adicional entre algunos analistas: mantener los tipos como estaban –ya elevados– durante más tiempo puede ayudar más que nuevas subidas de tipos. Sin duda, se mantendrán elevados hasta finales de 2024, como poco. Crear un entorno creíble de tipos altos, pero sin subidas, puede llevar aparejado más estabilidad económica y menos riesgos que la estrategia alternativa que serían nuevos vaivenes –subidas y bajadas pronto– del precio del dinero. Estos argumentos contrarios los han apoyado distintos gabinetes y bancos de inversión, que no se han puesto de acuerdo en qué iba a pasar y, por tanto, a algunos de ellos, la decisión del jueves de subir tipos nuevamente les ha debido coger por sorpresa.

Existe otro factor relevante derivado de la corta perspectiva histórica del BCE. Desde sus comienzos, nunca ha actuado con giros inesperados, le ha costado mucho dar volantazos aun cuando la situación lo requiriese. Por esa razón, muchos analistas entendían que era más probable que el banco emisor del euro mantuviera su inercia y sus señales de julio, cuando apuntó que iba a subir una vez más los tipos en septiembre. Es lo que su corta evidencia histórica apuntaba. Y así ha sido.

¿Qué nos depararán los próximos meses? Por supuesto habrá que esperar porque nos encontramos con un cierto repunte de la inflación explicado fundamentalmente por el encarecimiento de los combustibles. La estrategia de restricción de la producción de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) parece que está funcionando en esta ocasión como muestra el aumento del coste de la energía. Justo ahora que la inflación subyacente y la de algunos productos alimenticios estaba dando una tregua. En todo caso, el crecimiento de los precios es significativamente inferior al del año pasado y se confía que en 2024 la inflación pueda seguir bajando. En ese marco y ante las perspectivas de menor crecimiento económico, es probable que el BCE no vuelva a tocar los tipos en bastante tiempo –hasta finales de 2024, como poco– y así se mantendrán elevados durante un tiempo más prolongado de lo que se pensó en 2022. Con ello se confía en lograr una inflación en línea con el objetivo del 2% y que la economía no descarrile. En todo caso, si las perspectivas macroeconómicas se deterioraran más de lo esperado, el BCE siempre tiene la posibilidad de una bajada, algo que difícilmente ocurrirá antes de bien entrado 2024.

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