Crónicas Electorosas | Elecciones Municipales Granada 2019

Tarifa de gala en el Pregón de Antonio Gala

  • Lo que se pretendió 'glamouroso' trayendo al escritor del momento al programa de la Feria del Corpus de 1984 acabó en agria polémica

El pregón del Corpus de 1984 corrió a cargo de un escrito enamorado de Granada, Antonio Gala. El pregón del Corpus de 1984 corrió a cargo de un escrito enamorado de Granada, Antonio Gala.

El pregón del Corpus de 1984 corrió a cargo de un escrito enamorado de Granada, Antonio Gala. / Ayuntamiento de Granada

Vendría a Granada -se anunció- "por su inmenso amor a Granada" y pronunciaría el Pregón del Corpus, un elemento innovador en el programa de las fiestas que también era iniciático para Antonio Gala, el escritor del momento. Solo que... a los pocos días se desveló que ese "inmenso amor" estaba tasado: 400.000 pesetas de vellón, 1.800 euros en moneda de hoy. Y lo que se pretendió 'glamouroso' acabó en agria polémica.

Con la mayoría absoluta del PSOE y Antonio Jara en su mejor momento, en el Ayuntamiento de Granada se abrió una era de esplendor y 'glamour' cuya primera traducción fue la reforma emprendida en la planta noble del caserón de la Plaza del Carmen. Aquellos jovenzuelos inexpertos y barbudos escalaban ahora un peldaño desde la experiencia de su anterior mandato y si en el primero había reinado el 'tú' coloquial y compañerista entre los concejales y los funcionarios, la mayoría absoluta, los canales de popularidad adquiridos aconsejaban ahora una cierta distancia traducida al 'usted' en el trato con los subordinados que del 'Pepe' o 'Manolo' pasaban al 'don José' o 'don Manuel'.

En ese contexto se enmarca el toque de calidad que el alcalde quiso imprimir al programa de la Feria del Corpus 1984: un pregón que abriera las fiestas con el gancho de un escrito enamorado de Granada, Antonio Gala, prestigiado y prestigioso, andaluz por convencimiento y en el pináculo de la fama aquel miércoles 20 de junio en que se abrió el balcón principal del Ayuntamiento al sonar las doce campanadas de mediodía y aparecer su figura junto a la del alcalde. Terno azul oscuro, corbata a juego....

Abajo, en la plaza abarrotada por la multitud, una masa sufriendo los calores de un Corpus en fechas tardías -como sucede cada cuatro años- que había acudido ya fuese por la novedad del Pregón, ya fuese porque a continuación desfilaba el tradicional cortejo de gigantes y cabezudos, la Tarasca, la comitiva de época que anuncia los días grandes de la Feria... Fueron veinte minutos de pregón, precedidos por una intervención 'tiernogalvanesca' de Jara, casi media hora a pie firme bajo un sol casi africano. Demasiado para los cuerpos que empezaron a dar síntomas de impaciencia.

El tradicional cortejo de gigantes y cabezudos de 1984 El tradicional cortejo de gigantes y cabezudos de 1984

El tradicional cortejo de gigantes y cabezudos de 1984 / Ayuntamiento de Granada

Y eso que el escritor cordobés por convicción no defraudó:  "Granada os ha elegido desde siempre y tenéis que corresponder". No fue el único piropo de Antonio Gala a la ciudad que lo acogía, "eternamente bella, eternamente joven, conquistadora de sus conquistadores" en un canto a la "intemporalidad", y a los granadinos que lo escuchaban, a los que exhortó: "Os impulso, granadinos míos, a hacerle fiestas a Granada" desde una fiesta en la que -invitaba- "debéis ser generosos de vosotros mismos".

Las crónicas de su buen discurso están en la ediciones de la prensa local de la jornada sucesiva. Todo envuelto en aquel primer aviso del "inmenso amor" y el "por tratarse de Granada" con el que se había anunciado la presencia de Gala en uno de los días más señalados de la Feria. "¿Cuándo he dicho yo que Antonio Gala pronunciaría el Pregón por su inmenso amor a Granada?", me espetó una tarde Antonio Jara cuando estalló la polémica.

Y no le faltaba razón: él no lo había dicho. El alcalde anunció la presencia de Gala en una entrevista en directo en Radio Granada-SER tres semanas antes de la Feria. Un anuncio tan inesperado que algunos de sus concejales desconocían. Y en un clima de gran repercusión por la noticia, el concejal de Relaciones Institucionales, José Miguel Castillo Higueras, que había estado al margen de la negociación con el escritor, se subió al 'carro' de la noticia con la imprudente coletilla del "inmenso amor", que tiempo después se convertiría en caramelo envenenado porque en el aquel primer momento Jara la dejó pasar sin consciencia de la repercusión que llegaría a tomar cuando se conoció la tarifa del amor granadino.

Fue la periodista Inmaculada Vilardebó quien desveló el pago. Se hizo en los propios salones municipales en los momentos previos a la comparecencia del escritor. Un talón en mano y en el día, en momentos en los que el Ayuntamiento acumulaba fama de pagar tarde, mal o nunca. Cuatrocientas mil pesetas en la época eran un dineral. Divididas por los veinte minutos de tiempo que permaneció en el balcón del Ayuntamiento, salían a 20.000 pesetas el minuto, más de 300 pesetas por segundo...

Abajo, en la plaza abarrotada por la multitud, una masa sufriendo los calores de un Corpus en fechas tardías Abajo, en la plaza abarrotada por la multitud, una masa sufriendo los calores de un Corpus en fechas tardías

Abajo, en la plaza abarrotada por la multitud, una masa sufriendo los calores de un Corpus en fechas tardías / Ayuntamiento de Granada

Tarifa estándar de un Pregón que, cuando trascendió a la prensa, varios concejales del equipo socialista de gobierno trataron de desmentir: la presencia de Gala solo había costado los gastos del viaje, es decir: billete del avión de Madrid, de ida y vuelta en la misma jornada. Desmentido inútil, porque la noticia era cierta y confirmada. Entonces habló Jara, hasta entonces en silencio. "Alcalde, usted no. Pero su concejal de Relaciones Institucionales lo dijo y nadie lo desmintió".

A Jara le había dolido el certero comentario editorial que le lanzaba Ideal: '400.000 pesetas de vellón' y el "eso se lo dirá usted a todos" con la que le devolvía al alcalde la frase con que había justificado la tarifa ante el Pleno, que le conminaba a confirmar el pago: "Antonio Gala es la mejor pluma del país" (sic). Se podía justificar la tarifa y el pago, decía Ideal, de un pregón "erudito y brillante", palabras "meditadas y consultadas", pero no "la transparencia transgredida que había convertido en "accesorio" la normalidad del pago a un escritor por su trabajo: "Que ustedes se lo callen, teniendo oportunidades sobradas para manifestarlo, no es normal".

En el Pleno, Jara debió responder a una moción del grupo de Alianza Popular, que quería saber en qué partida del Presupuesto municipal y sus bases de ejecución se podía encajar la "gratificación" percibida por Gala, de la que no había tenido conocimiento ni el Pleno ni la Permanente, donde también estaba representada Alianza Popular. Al escritor se le había contratado mediante decreto de la Alcaldía, una fórmula "poco ortodoxa", según el portavoz de AP, Valentín García Mellado.

Jara le espetó que no tenía obligación de informar, porque entraba en sus competencias. Y cuando García Mellado replicó con la "inoportunidad" del caso, el alcalde creyó haberlo llevado a su terreno y remató el debate: lo que molestaba a los populares era la "oportunidad" y no la "legalidad" del pago, por el que había comenzado la polémica.

Entre los que no desmintieron estaba el propio Antonio Gala, que con casi total probabilidad habría leído aquel "inmenso amor" por el que venía a Granada y estaba en las previas de su Pregón en todos los periódicos locales. También permaneció en silencio cuando estalló la polémica. Solo dos semanas después se pronunció -si es que lo hizo, porque no se refería explícitamente al Pregón- para denigrar en una línea a los "plumillas locales" desde sus 'Conversaciones con Troylo', que mantenía semanalmente en El País. No nombró su tarifa de 400.000 pesetas por una intervención a la que desde el balcón del Ayuntamiento aquel día del Corpus refirió como "no es un pregón ni un bando, es una charla entre amigos".

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