Javier Moro: “Quiero la mejor uva para hacer el mejor vino posible”
Desde que Javier Moro (Pesquera de Duero, Valladolid, 1962), presidente de las bodegas Emilio Moro de Pesquera de Duero y El Bierzo, reconstruye con sus padres y hermanos el lagar de su abuelo para entrar a formar parte de la denominación de origen en 1989, estas “han sido transgresoras”. ”El primer vino –dice– lo sacamos con seis meses en barrica, algo que no existía en la Ribera del Duero porque no era ni joven, ni crianza”. Un hecho absolutamente inusual pero que marcó la trayectoria de esta casa y que abrió una senda que “hoy sigue prácticamente el 80% de la producción de Ribera del Duero”, convirtiendo a Emilio Moro en una marca líder a nivel nacional e internacional.
Pregunta.Cuando uno llega a la bodega y ve estas tierras preñadas, ¿qué siente?
Respuesta.No vengo todos los días porque mi mundo está en la calle. Yo nací en la calle como director comercial de la bodega, vengo mucho pero para reuniones y citas, aunque sin duda es maravilloso el entorno.
P.¿Cuándo comenzó todo para usted?
R.Hace 36 o 37 años. Transmitir esa pasión de la familia y que uno de los hijos estuviera vendiendo vino con la primera añada que sacamos con denominación de origen en 1989, hizo que yo conociera la calle, y cuando digo la calle, es el mundo. A raíz de salir los primeros cuatro Emilio Moro, quise darle más peso a Emilio Moro y quitarle el nombre genérico para darle entidad. Ya empezamos a jugar en el año 94 y 95 con barricas francesas y americanas, y en el 98 cambiamos y empezamos a trabajar con el roble francés. Así nace el concepto de Malleolus que viene del majuelo, que es como llamaban mi abuelo y mi padre a los majuelos viejos, porque los jóvenes son viñedos.
P.Emilio Moro ha escrito un página en enología.
R.Venimos de una etapa donde todas las etiquetas son clasistas. Todo está marcado con la palabra crianza y sobre todo con el roble americano por bandera. Nosotros ahí cambiamos. Nos fuimos a una etiqueta con cápsula naranja que no había hace 26 años. Fue toda una revolución y abrimos una puerta al roble francés. De ahí vienen Malleolus Valderramiro y Sancho Martín.
P.¿Es para usted una bodega generacional?
R.Somos tradicionales porque ya somos la cuarta generación, pero muy pioneros. Muy prêt-à-porter, como digo yo, siempre buscando que los vinos estén actuales. Hemos creado tendencia al desmenuzar todo tipo de vino, personalizar cada estilo, ser versátiles en función de los años del viñedo, de la exposición o del suelo. Hemos ido creando personalidad a cada estilo de vino con la misma variedad. En eso sí hemos sido muy puristas, por decirlo de alguna manera. Lo que plantó mi abuelo hace 100 años sigue ahí, todo está clonado con ese primer majuelo que él plantó.
P.¿Cuál es el secreto?
R.Uno de nuestros secretos es la materia prima, es la base fundamental para hacer vinos de calidad. En la actualidad tenemos 370 hectáreas en producción, y todo clonado. Somos muy creativos y hacemos muchas pruebas en fermentaciones. Siempre vamos por delante al poner ese vino en el mercado. El Malleolus que se hizo hace 10 años no es el que hacemos ahora. Vamos microcambiando. Tenemos nuestras propias levaduras. Hemos ido creando nuestro contexto, que es lo más importante, que tenga identidad propia.
P.En 2022 se hace cargo de las bodegas, ¿qué balance hace hoy?
R.Mi propuesta primero era darle mayor internacionalización, llegar a más países y exportar más. Estamos en 75 países, pero cada vez con más presencia. De segundo está el tema de la sostenibilidad, que creemos que es el futuro. Todo lo que se está haciendo va enfocado a ello. Tanto en energética como en material reciclable, por ello tenemos un almacén inteligente. Vamos incluso a bajar el peso de las botellas de las gamas top pensando en la huella de carbono.
P.¿Ha afectado el baile de aranceles desde que está Trump en EEUU?
R.Han bajado un poco las ventas. Eran muy buenas pero se han tambaleado, aunque sigue siendo nuestro segundo mercado. Lo importante es que se asiente. Estábamos trabajando con un 10%, y ahora está en el 15%. Dentro de lo malo, no es tan grave. Lo peor es la inestabilidad.
P.¿Y el capital humano?
R.Llevar a la máxima expresión la bodega en modernidad también implica capital humano. Trabajamos con 135 personas.
P.Dan mucha relevancia a las cuestiones sociales.
R.Hay un equipo perfectamente diseñado y tenemos muy presente el encauzamiento para devolver parte de lo que tenemos a la sociedad. Estamos en plena reconversión, preparando la bodega para los próximos 50 años. Vienen retos importantes. Se está exigiendo más a los viticultores con los que trabajamos, siempre buscando lo mejor. Mi máxima es la calidad en todos los procesos, empezando por la uva. Quiero la mejor uva para hacer el mejor vino posible. Aparte de eso, técnicas nuevas y siempre sabiendo leer la calle.
P.¿Cuándo estará la nueva ampliación?
R.Acabaremos dentro de 3 años. Tenemos todos los mimbres para hacer esto de maravilla. Recibimos a más de 14.000 personas y la zona es maravillosa. Habrá incluso un hotelito con encanto. Mi objetivo a medio plazo es máxima calidad junto a imagen.
P.¿Cómo ve la bodega del futuro?
R.La veo con ese recorrido moderno sin perder la tradición, sobria, sin perder el respeto por esos valores que nos han caracterizado: el trabajo, creer en la familia, creer en la humildad, en el respeto por los demás, va a ser fundamental llegar a todo tipo de público. Queremos que nos vean como una bodega con valores de familia pero que siempre ha estado revolucionando el mercado de alguna manera. Queremos ser pioneros, transgresores en todo.
P.Su experiencia como comercial de la empresa le habrá venido genial para saber lo que hay en la calle y cuál es la demanda o lo que se necesita.
R.Exactamente. Es fundamental saber leer eso con tu equipo técnico de enología y con tu equipo de márketing.
P.A eso se suma el ADN bodeguero.
R.Es todo. Aporto mucho valor en la parte estratégica y luego ya los distintos departamentos profesionales lo aterrizan. Yo quiero ser el número uno del mundo. No sé si tardaré un siglo, dos o tres, pero quiero ser el mejor, que no quepa duda. Con esa premisa solo empezaré a estar a gusto cuando tenga mi obra hecha. Mi bodega por un lado y mi máxima calidad por otro. El día que se inaugure yo seré profesionalmente el hombre más feliz del mundo. De esa forma se posicionará Emilio Moro donde tiene que estar.
P.¿Cuesta mucho salir al mundo?
R.El mercado americano, para España, es pequeño. Es una pena que con las bodegas que hay en España no vayamos a comernos el mundo. Porque estar fuera de casa muchas horas es duro. Cuesta hacer una marca, cuesta muchísimo dinero, muchísimas horas de sueño, muchísimo trabajo y mucha responsabilidad. Nosotros creo que tenemos un buen equipo de exportación, entre los que me incluyo. Nuestro ADN es internacional.
P.La gran presencia que está teniendo la gastronomía estará siendo vital para un bodeguero.
R.En España se come bien a todos los niveles. Comer y acompañarlo de un buen vino es lo más. Afortunadamente en nuestro país cada vez se come mejor, con más elegancia, más creatividad, acompañados de los mejores vinos y se hacen maridajes perfectos. Por eso hemos creado un abanico de perfiles de vino con distintas expresiones de cada uno. Unos van bien para copeo, como Elalba, pero luego, a nivel gastronómico, tenemos La Revelía, que con toda esa comida del sur, mediterránea, es perfecta, y luego nuestros vinos tintos los hacemos con un componente de fruta muy elegante donde la madera la trabajamos muy bien en un segundo orden para que sea, como digo yo, la sal del guiso. Y que sea fácil de beber. Ahora hay que transmitir esa elegancia, esa sutileza que tiene la tempranillo y más aquí en este microclima que tenemos en Pesquera de Duero, ponerla en valor. Se trata de que un Malleolus, que aparentemente tiene cuerpo, te lo puedas tomar con cualquier cosa. Esta bodega no está en hacer vinos duros sino pensando en la gente. Esa cultura y ese saber entender al hombre de la calle, aunque parece una tontada, es de lo más valioso que una bodega puede tener.
P.Como buen comercial, ¿por qué hay que pedir un Ribera del Duero frente, por ejemplo, a un Rioja?
R.En todas las denominaciones de origen hay cosas buenas y cosas malas. ¿Cuál es la diferencia entre los distintos tempranillos? Lo primero es que aquí tenemos altitud y frescura. Manejamos entre 750 metros y 900 o 950 metros. La Rioja no tiene esa altitud, su máxima está entre 650 y, tirando lejos, 700. Esos cambios y esa frescura hacen que estos vinos sean tan atemperados, tan aterciopelados, con esa buena acidez y un pase en boca tan elegante, tan fácil de beber. Hay riojas para quitarse el sombrero de buenos, pero a la larga es más fácil beber un Ribera por el concepto del tempranillo representado aquí. Por la altitud, por la orografía, el microclima. Ribera tiene esa amabilidad en boca que lo diferencia. Es más fácil beber, con todos mis respetos claro.
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