Leopoldo Salinas: "Experimenté el síndrome de Stendhal en Edimburgo"

Leopoldo Salinas acaba de publicar su segunda novela, El tiempo vencido, en la que relata el regreso de un combatiente en la Primera Guerra Mundial a la Mallorca de 1919

"Cualquier joven idealiza la guerra y luego se da cuenta de que es una trampa porque siempre hay un inútil al mando"

"Estoy obsesionado con Dennis Lehane, me ha flipado Mystic River y acabo de comprar Vivir de noche"

Leopoldo Salinas, durante un momento de la entrevista.
Leopoldo Salinas, durante un momento de la entrevista. / David Domínguez
Fernando Pérez Ávila

21 de junio 2024 - 06:59

Leopoldo Salinas (Valladolid, 1989) es ingeniero industrial y escritor vocacional, aunque trabaja como financiero. Autopublicó su primera novela, Y a lo lejos, una luz en 2020. Ahora acaba de sacar con Espasa El tiempo vencido, la vuelta a Mallorca del hijo bastardo del archiduque Luis Salvador de Austria tras combatir con el ejército austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial. Dice en la solapa de este libro que le interesan los héros cansados e involuntarios, aquellos que deciden pelear a pesar de todo.

-¿Cómo acaba un tipo de Valladolid escribiendo una novela histórica ambientada en Mallorca?-Yo soy de Valladolid, pero con 12 años a mi padre lo destinan a Madrid y allí ya curso estudios y hago la carrera. Mi primer trabajo es en Banca March en Mallorca. Mi tío vivía allí y yo ya conocía mucho Mallorca, pero la típica. A partir de que trabajo allí me hago amigo de un grupo de gente y empiezo a descubrir la isla. Estoy un año y alucino cuando conozco el interior y la Tramontana. El interior es el gran desconocido, parece la Toscana. Pollensa, Alcudia... Y la Tramontana me vuelve loco. Es una montaña como Guadarrama enfrente del mar. Me encanta navegar, he estado en Croacia, Grecia, Turquía, pero nunca lo había hecho en Mallorca.-¿Y lo de la novela?-Había escrito ya una primera novela ambientada entre Cuba y Madrid y no sabía dónde ubicar la segunda. Un amigo me dijo que tenía que ser en Mallorca y a partir de ahí empiezo a tirar del hilo. Hay un personaje histórico que es el archiduque, Luis Salvador de Austria, que es el punto de apoyo sobre el que se construye todo lo demás.-El bastardo es ficción, ¿no?-El bastardo es ficción, pero no es nada descabellado que hubiera alguno. El archiduque nunca se casó, no tuvo familia, pero dejó toda su fortuna a su secretario, que se casó con una mujer en la que está basada otro de los personajes.-¿Cómo ha sido el proceso de documentación?-Este proceso de documentación me sirve para entender desde cómo iban vestidos hasta si había agua corriente o electricidad. En la primera novela abusé de todo esto y ahora he aprendido que tenía que aprender cómo funcionaba Mallorca en 1919, pero darlo en detalles que no interrumpieran la trama. No es un ensayo sobre Mallorca en 1919, sino que tenía que ir metiéndolo en situaciones cotidianas, enciendes un candil en vez de la luz, te lavabas la cara en una jofaina...-Hablamos de la aristocracia, ¿verdad?-Claro, el pueblo no tenía nada, y menos en la Tramontana. Quizás en Palma había algo de electricidad.-Habla usted de Mallorca como si tuviera el síndrome de Stendhal, o el de Chopin, si es que existe, por citar alguien que quedó fascinado por la isla y vivió en ella...-Yo experimenté una vez el síndrome de Stendhal, sí, pero no fue en Mallorca.-¿Dónde fue?-En Edimburgo. Hice un viaje a las Highlands y dejé Edimburgo para el final. Es un viaje que recomiendo a todo el mundo. Iba en coche con un amigo y yo estaba pelado de dinero. Cuando llegué a Edimburgo, flipé. A mí me gusta mucho la Historia, lo medieval... He vivido en Londres también, Edimburgo es como un Londres pero en pequeñito. En Mallorca no lo experimenté, fue algo más paulatino y no tuve esa explosión de belleza. Pero bueno, las verdaderas relaciones son las que van poco a poco.-¿Será Edimburgo el lugar en el que se ambiente su tercera novela?-No lo había pensado, pero la tercera estará ambientada en Boston en 1941. Va de un soldado republicano de la Guerra Civil que se exilia en Irlanda y de ahí pasa a la mafia en Boston.-Parece una historia de Dennis Lehane.-Estoy obsesionado con ese tío. Leí hace poco Mystic River, la película es buena pero el libro es acojonante. Y ahora acabo de comprar Vivir de noche.-¿Sabe que ha publicado otra no hace mucho?-Sí, Golpe de Gracia. Es muy bueno, ¿eh? Otro autor que me gusta mucho es Amor Towles, ¿lo conoce?-Claro, Un caballero en Moscú.-Esa me encantó, y luego busqué su primera novela, Normas de cortesía, que me flipó. Y fíjese que el último, La autopista Lincoln, no me está gustando. Estoy a punto de dejarlo.-A mí tampoco me gustó...-¿Qué le habrá pasado?... Mire que yo por Dennis Lehane y Amor Towles me voy a la guerra...-Hablando de eso, la guerra está muy presente en su novela, ¿por qué?Todos hemos tenido 16 años y a esa edad idealizamos la guerra. Siempre he leído mucho. El primer libro que leí fue El último mohicano, con 12 años...-Mucha tela, ¿no?-Claro, claro, no tenía ningún sentido. Pero bueno, a partir de ahí empecé con otras lecturas sobre guerras, cosas medievales, El corsario negro, luego lees a Reverte, Manfredi, ¿conoce a Mandfredi?-No he leído nada de él.-¿No ha leído El Ejército perdido?-No-Pues es un libro sobre la expedición de Jenofonte, la Anábasis, que un ejército griego se queda metido dentro del imperio persa y tiene que salir de ahí cascándose con todo el mundo. La cosa es que idealizas la guerra y, claro, hasta que no tienes veintitantos y has seguido leyendo, no te das cuenta de que es una trampa. A la gente patriota e idealista le dicen que van a servir a su país y al final va a tener a un inútil al mando, alguien como Pedro Sánchez o Feijóo o cualquier otro político. La guerra es el fracaso de personas que no han sabido gestionarse. Mi primera novela iba sobre un tío que luchaba en la guerra de Cuba y volvía a España, donde lo fichaban como espía. En esta he intentado tratar la vuelta a casa. Es el nostos de la literatura griega antigua, el regreso del héroe. De ahí viene la palabra nostalgia. A mí me encanta la mitología, mi padre me recitaba la Iliada y la Odisea en griego cuando era chico. He crecido con Ulises. Una vez leí que las aventuras ocurren cuando alguien decide irse de casa o cuando un desconocido llega a la ciudad. Me interesaba mezclar ambas cosas, un tío que vuelve a casa y se encuentra algo que no esperaba. Un tío además que sabe matar, que ha hecho de la muerte algo muy cotidiano, al que no se le pueden tocar mucho los huevos.-Acabemos con una de actualidad. Mallorca, como muchas otras ciudades, ha caído en las garras del turismo masivo, ¿cómo ve este fenómeno en su querida isla?-Es algo general, yo es que prohibiría ya algunas cosas. Soy financiero, sé que el PIB español se sustenta en el turismo y en la construcción. Somos un país de sol y ladrillo. En los ochenta y noventa nos cargamos toda la industria. Somos el patio de recreo de Europa. Pero es que esa rapidez, ese turismo de dos o tres días, que hay gente que duerme en la playa para ahorrarse una noche de hotel... Eso hay que controlarlo, aunque se reduzca el influjo de pasta que llega. Estamos instalados en una rapidez para la que el ser humano no está preparado. Por internet, el móvil o lo que sea. Eso nos satura y algo tendrá que ver en la cantidad de suicidios que hay, sobre todo en jóvenes menores de veinte años. Estamos obsesionados con el dinero y creo que podemos vivir tranquilamente si crecemos un poco menos.

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