“Las leyendas tienen sus raíces en la historia, de lo contrario serían cuentos”
José Manuel Fernández Martín | Buscador de leyendas
José Manuel Fernández Martín (Granada, 1961) ha sido policía municipal, pero tiene una afición: buscar leyendas por los pueblos para luego escribirlas. Ha publicado su sexto volumen, a medias entre la ficción y la realidad, que corren de boca en boca y de generación en generación. José Manuel Fernández también ha realizado documentales televisivos sobre el agua de Granada o el naufragio de flota de Felipe II en La Herradura.
Pregunta.–Para empezar, ¿qué es para usted una leyenda?
Respuesta.–Es el susurro de un pueblo que, generación tras generación, ha querido dejar una huella de sus miedos, sus esperanzas y sus sueños. Las leyendas nacen de un lugar, de una noche, de una mirada al pasado, y crecen con la imaginación y la emoción de quienes las cuentan. .
P.–¿Cuántos años ha estado usted buscando estos relatos?
R.–Llevo muchos años recorriendo los pueblos de Granada en busca de leyendas. No ha sido un trabajo de fechas cerradas, sino un camino que se ha ido haciendo con el paso del tiempo. Mi método ha sido, sobre todo, escuchar: escuchar a los mayores, con la gente que aún conserva la memoria oral. He trabajado con fuentes escritas, archivos y crónicas antiguas, pero siempre respetando la voz popular. Después, el trabajo ha consistido en unir esas historias dispersas, contrastarlas y darles forma literaria sin que pierdan su esencia.
P.–¿Y cuáles han sido sus fuentes?
R.–Ante todo, las gentes de los pueblos, villas y anejos. La tradición oral ha sido fundamental: conversaciones con vecinos, relatos transmitidos de padres a hijos, historias contadas al calor de una hoguera o una plaza. A eso se suman archivos municipales, crónicas antiguas, libros locales ya olvidados y estudios históricos. Pero también han sido fuente los propios lugares: calles, fuentes, castillos y paisajes que conservan la memoria de lo vivido. Mi trabajo ha consistido en escuchar, contractar, verificar y aunar para forma a todo ello sin traicionar su espíritu.
P.–Sin la tradición oral no habría leyendas.
R.–La tradición oral es la forma más antigua y sincera de transmitir la memoria colectiva. Gracias a ella han sobrevivido historias que nunca aparecieron en libros ni en archivos, y que forman parte de la identidad de los pueblos. El peligro de la transmisión oral es que con el tiempo la leyenda se diluye como la niebla al amanecer.
P.–¿Ha conseguido relatos que nadie haya escrito sobre ellos?
R.–Sí, he logrado recoger relatos que no habían sido publicados con antelación y que han sobrevivido en la tradición oral. En otros casos, he recuperado versiones locales y detalles olvidados de leyendas conocidas, aportando una mirada nueva. Recuerdo con especial emoción a Tico Medina, cronista de la provincia de Granada, que una mañana me llamó por teléfono para felicitarme por el trabajo que estaba realizando. Me pidió escribir el prólogo del segundo volumen. Fue una auténtica inyección de ánimo.
P.–Y me imagino que en algunas hay mucha más realidad que ficción.
R.–Así es. En muchas leyendas hay un núcleo de hechos reales sobre el que la imaginación popular ha ido tejiendo elementos fantásticos. Precisamente ese equilibrio entre realidad y ficción es lo que las hace tan interesantes y reveladoras de su tiempo. Las leyendas tienen sus raíces en la historia, de lo contrario serían cuentos.
P.–¿Cuándo publicó su primer libro sobre el tema?
R.–El primero lo publiqué en 2012. Tuvo una acogida muy positiva, sobre todo en los propios pueblos, donde muchas personas se reconocieron en esas historias y valoraron que se recuperara y fijara por escrito su memoria. Esa respuesta fue la que me animó a continuar y a seguir desarrollando el proyecto hasta hoy.
P.–¿Tan pródiga es la provincia de Granada en leyendas?
R.–Muchísimo. La provincia de Granada es especialmente rica en historia y leyendas porque ha sido desde la prehistoria, tierra de paso y de convivencia de culturas durante siglos. En general Andalucía es muy rica en leyendas. Cada pueblo tiene una raíz que mezcla historia, mito y tradición oral. Esa diversidad histórica y geográfica ha hecho que el territorio sea extraordinariamente fértil en relatos.
P.–¿Dígame una leyenda que le haya impresionado?
R.–Una de las leyendas más llamativa es la conocida como La tragedia de los Rufinos, en Pedro Martínez. Me marcó porque no se apoya tanto en lo sobrenatural como en la crudeza de una injusticia real, ocurrida a comienzos del siglo XX. Es una historia donde el honor mal entendido, la cobardía colectiva y la violencia acaban destruyendo no solo una vida joven, sino a toda una familia. Esa leyenda demuestra que muchas veces lo verdaderamente trágico no es el mito, sino la propia condición humana.
P.–¿Da por finiquitada su labor de recuperar leyendas?
R.–Nunca se puede dar por finalizado una labor así. Mientras haya personas que rememoren y recuerden con lugares que hablen, siempre habrá leyendas por recuperar. Es cierto que este ciclo puede cerrarse, pero más que un final es una pausa o una transformación: el patrimonio legendario es inagotable y siempre hay mucho más que descubrir y conservar.
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