Rubén Amón, periodista y escritor: "Los toros son la expresión más evidente de la subversión y la transgresión"

El autor publica 'Morante, punto y aparte', ensayo en el que analiza cómo el torero se ha convertido en un fenómeno contracultural y de masas

El periodista y escritor Rubén Amón / Asís Ayerbe
Gonzalo Gragera

24 de enero 2026 - 06:59

“Un artista en plenitud”. Así define el periodista y escritor Rubén Amón (Madrid, 1969) a Morante de la Puebla, torero referente de un tiempo y símbolo de la tauromaquia, según el autor madrileño. Amón ha publicado el ensayo ‘Morante, punto y aparte’ (Espasa), libro en cuyas páginas se analiza cómo el diestro ha logrado convertirse en un fenómeno de masas, en un “hito” de nuestra cultura.

Pregunta.Escribe usted en ‘Morante, punto y aparte’, que estamos ante el “primer torero de arte que manda de verdad”. ¿Una afirmación desmedida?

Respuesta.Desmedido es todo lo que rodea a Morante, y creo que esa frase es una gran verdad. Nunca hemos visto a un torero de arte movilizar a tanto público, a tanta gente. Nunca hemos visto a un torero con tanta influencia. Eso tiene un mérito enorme. Más aún en el periodo más crítico de la historia de la tauromaquia. Mandar con el tiempo a favor tiene mérito, pero hacerlo con la inercia en contra tiene muchísimo más mérito. Morante se ha convertido en un fenómeno de masas juvenil cuando se supone que el ambiente era de lo más hostil hacia la tauromaquia.

P.También afirma usted que, a diferencia de Gallito, Manolete, Ordoñez y otros, Morante es un torero de síntesis. Se parece a todos y a ninguno.

R.Para mí es muy interesante la manera en la que Morante metaboliza el pasado y lo convierte en un fenómeno de vanguardia. Esa conciencia de los toreros antiguos habita en Morante, quien es un torero de toreros. Morante les gusta a los toreros, y a su vez los lleva muy adentro. Y esto es interesante porque los expone de una manera que pasa por la asimilación, y no por la imitación. En su tauromaquia vemos otras tauromaquias. Si tuviéramos que ir a Marte con un espécimen de torero, llevaríamos a Morante, pues es el torero que representa todo. Es el híbrido perfecto del valor, del poder, del ingenio, de la técnica, el oficio o la inspiración.

P.¿Por qué cree usted que Morante de la Puebla se ha convertido en un símbolo de la tauromaquia? ¿Por qué cree usted que ha trascendido en su condición de torero?

R.Teníamos una revolución social pendiente de hacer. Morante ocupa un lugar importante en una sociedad necesitada de símbolos con los que manifestar su actitud de rechazo a las imposiciones y a ciertas actitudes paternalistas del Gobierno. Morante aparece como un héroe accidental de ese fenómeno, de una sociedad en busca de un líder en el que reconocerse. El maestro ocupa ese lugar porque representa lo contracultural, lo alternativo, lo transgresor. Y además lo hace desde una posición de legitimidad: la verdad es la que torea. Un chaval de quince o dieciséis años va a ver Morante porque quiere protestar contra Sánchez o contra Urtasun pero, cuando observa la epifanía de lo que sucede con Morante, vive una transformación, una revelación. Lo que me interesa del fenómeno es la connotación de revelación que supone ver a Morante. Encontrarte con una manifestación extrema del arte y de la expresión.

Las artes viven momentos muy críticos de mansedumbre y sumisión al poder. Morante ha roto esa barrera"

P.¿La simpatía de Morante hacia Vox ha propiciado una mayor estima y respeto por parte de la afición?

R.No creo que Morante especule con su dimensión política y social. A mí no me gustó que brindara el penúltimo toro de su vida –si es que lo es- a Ayuso y el último a Abascal, Aunque entiendo, claro, que son ejercicios de coherencia. Pero me parece que la dimensión interesante de Morante está en despertar la atracción hacia un fenómeno que tiene muy poco de arcaico, de conservador y de casposo. Los toros son la expresión más evidente de la subversión y la transgresión. No digamos en estos tiempos de tanto control y de tanta censura. Morante representa la contracultura. La cultura contra la cultura convencional y amaestrada. Las artes viven momentos muy críticos de mansedumbre y sumisión al poder. Morante ha roto esa barrera.

P.Y todo ello sin plan de medios, página web, campañas de promoción, sin content plan.

R.El vínculo con el morantismo es genuino porque va de cuerpo a cuerpo y de alma a alma. No hay más. No hay ninguna construcción al respecto. En ese sentido, se ha producido ahora un fenómeno muy interesante. Nosotros tenemos la idea de que los toros están fuera de la sociedad porque ya no ocupan el lugar que antes ocupaban en los medios convencionales de información. Pero es que resulta que el 85% de los chavales se informan por las redes sociales. Morante en las redes sociales ha sido un fenómeno descomunal. Ha roto también con el umbral de la prensa convencional.

P.Relaciona usted esa naturalidad de ser artista, sin construcción ni cálculo, con nombres como el de Camarón, Bambino o Lola Flores.

R.Sí, porque creo que lo que inspira a todos estos casos es, por un lado, el dolor, y por otro es la verdad. Cuando uno ve a Morante en el abismo se percibe un punto de intensidad y de repercusión que lo calificaría de insoportable. Se lo dije a él en Ronda. Y lo dije cuando estuve presentando el libro: Morante es un torero insoportable en la medida en que supera la gestión de nuestras emociones.

Morante ha dado a Sevilla más que Sevilla a Morante"

P.Le tengo que preguntar por un titular que desconcertó en Sevilla, que dice así: “La imagen de Morante despidiéndose del toreo en Madrid es un corte de mangas a Sevilla”.

R.Tenemos madurez para aceptar estas opiniones, ¿no? (risas). Quise decir que en el itinerario de Morante, para los sevillanos, no estaba previsto que el maestro se despidiera en Las Ventas vestido de Antoñete. Y creo que la plaza de Sevilla ha sido algunas veces justa con Morante, pero otras muy injusta. Morante ha dado a Sevilla más que Sevilla a Morante. La forma de marcharse del torero –si es que se ha ido-, reivindicando un monumento para Antoñete, no estaba en el espectro de lo natural en el morantismo. Eso quise decir. Sin ofender a nadie. Una vez también dije que cuanto más vengo a La Maestranza menos me gusta Las Ventas. Esto me costó una pancarta en Las Ventas, en el tendido siete, donde se decía: “Fuera de Las Ventas Rubén Amón”. Mi plaza en Sevilla. Que conste.

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