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Un lustro exigente para la reina Letizia

  • La Reina ha acudido a cerca de mil actos en cinco años.

La reina Letizia, en un acto reciente. La reina Letizia, en un acto reciente.

La reina Letizia, en un acto reciente. / EFE

Casi el millar: 999. Ésas han sido las actividades oficiales que doña Letizia ha protagonizado en los cinco años transcurridos desde que Felipe VI asumió la jefatura del Estado y ella se convirtió en Reina.

Una media de doscientos actos por año en solitario o en compañía del rey en los que ha tenido oportunidad de contactar con representantes de los más diversos sectores de la sociedad. En todos, más allá del contenido específico de cada una de las hojas de esa agenda, ha estado sometida a un minucioso escrutinio de sus gestos, de su vestimenta, de sus complementos, de su peinado...

Siempre ha estado marcada de cerca por los objetivos de los reporteros gráficos, que en muchas ocasiones superan en número a los que son testigos de los actos que el rey protagoniza en solitario y que la hacen partícipe involuntaria de duelos estilísticos con otras reinas o primeras damas.

Con ello ha tenido que convivir este lustro, con las exigencias como reina, como madre y como mujer provenientes de ámbitos dispares, y con su propia exigencia por el perfeccionismo. Se la exige y se exige.

Esa lupa constante puesta sobre ella puede explicar que haya intentado buscar espacios de privacidad como algunas vacaciones cuyo destino sigue siendo ignoto junto al monarca, la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Inevitables han sido también las comparaciones con la reina Sofía, con quien compartió portadas ante la catedral de Palma a cuenta de un desencuentro por una foto con la princesa de Asturias.

Un momento que dio pie a todo tipo de comentarios, entre ellos los que le reprochan una excesiva protección de sus hijas, y que evidenció la fuerte personalidad que quienes conocen bien a doña Letizia afirman que es un rasgo esencial de su carácter.

Entre los momentos vividos estos años seguro que guarda en un lugar preferente ese 30 de enero del año pasado en el que el Rey impuso a la princesa Leonor el Toisón de Oro como símbolo de continuidad dinástica.

Y otro especial en el que su rostro delataba su orgullo de madre: la lectura del artículo 1 de la Constitución por la heredera del trono el día que cumplía 13 años.

En esta media década, la reina ha ido conectando especialmente con ámbitos como el de la salud y la educación y se ha volcado en apoyo a asociaciones que trabajan contra las enfermedades raras, contra el cáncer o contra las enfermedades mentales.

También ha respaldado iniciativas en beneficio de los discapacitados (es presidenta de honor del Real Patronato sobre Discapacidad) y ha actuado como embajadora especial de la FAO para la nutrición.

En ese contexto, es muy activa en la defensa de los buenos hábitos alimenticios y en concienciar sobre los problemas relacionados con la malnutrición y la obesidad infantil.

Y recogiendo el testigo de la reina Sofía ha realizado cuatro viajes para respaldar la labor que llevan a cabo los cooperantes españoles en países de Latinoamérica y África.

Vistiendo el chaleco rojo característico de estos cooperantes, el pasado mes de abril, el mismo día en que se celebraban las últimas elecciones generales, se desplazaba a Mozambique. En años anteriores estuvo en Honduras y El Salvador (2015), Senegal (2017), y República Dominicana y Haití (2018).

Son algunos de los 53 viajes que ha realizado en este tiempo sola o junto al rey, a quien, sin embargo, no ha acompañado en las tres cumbres iberoamericanas que se han celebrado desde 2014.

Desde Zarzuela se destaca su interés por la formación profesional como elemento fundamental de preparación e incorporación de los jóvenes al mundo laboral, así como su intención de colocar a la mujer como referente en sus actividades y comprometerse en todo momento en la lucha contra la violencia machista.

No ha faltado el contacto con quienes fueron sus compañeros de profesión asistiendo a eventos como algún seminario de periodistas y protagonizando anécdotas como el día que se dirigió hucha en mano a fotógrafos, cámaras y redactores que cubrían su presencia en una cuestación de la Cruz Roja para que contribuyeran a ella.

La reina gusta de añadir algunas reuniones fuera de agenda en los eventos y visitas que realiza, como el encuentro con las monjas dominicas de Lerma con motivo de su presencia en esta localidad burgalesa el pasado mes de abril para inaugurar una nueva edición de la exposición de arte sacro "Las edades del hombre".

Muy activas en las redes sociales, ese colectivo de monjas no dudó en volcar en ellas las fotos del encuentro de carácter privado y sus comentarios de que se encontraron con una persona con corazón, sencilla y cercana y a la que regalaron un libro: "Si no puedes perdonar, esto es para ti".

Esa percepción de cercanía es la que la reina desea transmitir frente a los comentarios de sus más críticos en estos cinco años.

Cinco años en los que tenido que poner en práctica toda la preparación acumulada en su etapa como princesa de Asturias y en el que aseguran que acentuó su afán perfeccionista por conocer en detalle datos y pormenores de los asuntos que se iban incluyendo en su día a día.

Fue un curso acelerado para reinar que contrasta con toda una vida de preparación por parte de Felipe VI, con quien ha colaborado en introducir cambios en la institución acordes con la apuesta del monarca el día de su proclamación: una monarquía renovada para un tiempo nuevo.

Un tiempo aún con muchas páginas por escribir y en las que ella será una de las protagonistas.

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