FESTIVAL DE MÚSICA Y DANZA DE GRANADA | CRÍTICA

Niño de Elche, antología del cante heterodoxo

  • Francisco Contreras trajo al Palacio de los Córdova su flamenco inclasificable en el marco del Festival Internacional de Música y Danza

Niño de Elche, en un momento de su actuación anoche en los Córdova. Niño de Elche, en un momento de su actuación anoche en los Córdova.

Niño de Elche, en un momento de su actuación anoche en los Córdova. / Festival de Granada | Fermín Rodríguez

Francisco Contreras volvió a Granada después de su intenso y viajero periplo por la vida y por la música. Convertido definitivamente en el Niño de Elche, criatura que ha parido tras un proceso de transformación musical, discursiva y poética, el artista ilicitano vino a expresar que el cante flamenco es una música heterodoxa, llena de contradicciones y fábula. Como Silvia Plath y Lady Lazarus, como Woody Allen, como Chechu Monzón y el Gran Wyoming, como Nietstzche y Zaratustra, es Niño de Elche el personaje de Francisco Contreras Molina.

El Carmen de los Córdova, con el escenario en el extremo oeste y el público (que no era gente joven como dijo alguien en la puerta sino de mediana edad en adelante) acariciado por el frescor de la ribera del río Darro, fue el marco elegido por el Festival. La verticalidad de los cipreses del fondo contrastaba con la horizontalidad del escenario en un juego de formas que albergó en una suerte de triángulo de la Santísima Trinidad a los cuatro artistas del elenco que venían a arremeter contra la Trinidad de los flamencos. Francisco Contreras sube a escena saludando tímidamente. Se conforma el rito: Semicírculo de los músicos en torno suya, se desviste, se desnuda en escena y se coloca el traje, el chaleco, la vestimenta clásica de cantaor: Surge el personaje.

Raúl Cantizano, todoterreno musical que estuvo más que correcto, marca el ritmo y la melodía. Farruca deconstruida musicalmente en un interesante juego de guiños andalusíes en las modulaciones para interpretar un poema en catalán de Juli Vallmitjana. La seguiriya del silogismo, en latín, con una salida de sonidos arabescos y nasales, está cargada de impresiones, paisajes, psicodelia y, como descubre al final el propio artista, psicofonías. El Cagancho fue el primer cantaor que grabó, por lo tanto es un fantasma y su cante una psicofonía, dijo el artista, marcando la pauta de su trabajo y su poco inmaculada concepción del arte.

Uno de los momentos más bellos de la noche fue la malagueña del Mellizo, precedida por un interesante estudio sobre el prefacio del mismo cante que ya se hacía en el XIX. El tema destacó por su laxitud y emociones dispersas, culminando con la clásica “Se la llevó Dios / a la mare de mi alma…” y acompañado por la precisión musical del piano que capitaneaba Alejandro Rojas. Hermoso retal. Cantizano se pone ahora ante la caja y toca a ritmo de procesión, por saetas, dejando un loop que serviría de base rítmica. Sobre ésta, Contreras canta la Mariana que grabó Bernardo de los Lobitos en otra antología (¿ortodoxa?) de los años 60.

Tras los músicos, la Alhambra impasible, testigo de aquel incandescente poderío del Concurso de 1922 contra el que tanto arremetieron escritores de la Generación del 98 como Eugenio Noel. Niño de Elche resucita al antiflamenquista para un recitado de mordacidad concentrada como el veneno, que interpretó al baile Alicia Acuña. El clavicordio aportó una excelsa musicalidad al cante por seguiriyas que abordó ahora el cantaor, antes de adentrarse en uno de los temas que recoge su disco antológico y que es obra de George Clown y Tim Buckley, Deep Song. “No eres más que un hombre en las carreteras de la muerte”, cantó el artista como una letanía.

Acostumbrados a los éxodos que se producen en algunos conciertos del cantaor (sobre todo tras sus controvertidas declaraciones), la mayoría del público permaneció sentado a la silla, salvo algún que otro matrimonio mayor que se levantó en el número que sigue a continuación. Pero es que rondaba ya la una de la mañana, los relojes biológicos y todo eso. Entre cante y cante, Niño de Elche explica y reflexiona sobre/contra la música flamenca, los críticos de flamenco, los cánones flamencos. Así se adentra en la composición Polo de Manuel de Falla, muy aplaudida por el público. “Un público inteligente”, dijo el cantaor.

Fandango cubista de Pepe Marchena, es el tributo sonoro que, a través de Ana Reverte, realiza ahora en un curioso tema por fandangos con unos estribillos de gran musicalidad que el cantaor interpretó entre el público, de pie, y con la mascarilla puesta. Niño de Elche presentó a los músicos que le acompañaban y se fue despidiendo con un alegato al hurto en su Tango de la Menegilda. Guitarra en mano, puso el broche final con los Fandangos y canciones del exilio, donde rememora a Juan El Camas o al Bizco Amate y La Caña en clave de pasodoble. Rondaban las dos de la mañana cuando los aplausos despedían al inclasificable artista que, por distinto, resulta memorable y siempre nos deja pensando.

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