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Herencias malditas

  • Testamentos como el de Rocío Jurado, Rocío Dúrcal y Lina Morgan levantaron polvareda, como ahora el que de Paquirri

Rocío Jurado con parte de su familia, cuando reinaba la paz entre ellos. Rocío Jurado con parte de su familia, cuando reinaba la paz entre ellos.

Rocío Jurado con parte de su familia, cuando reinaba la paz entre ellos.

Dicen que una herencia no se reparte, se descuartiza. Si no que se lo digan a Kiko Rivera, quien 36 años después de la muerte de su padre, Paquirri, aún anda entre abogados intentando aclarar cuáles fueron realmente las últimas voluntades del torero. Los Pantoja y los Rivera no son la primera familia dividida por un testamento, ni la única. Rocío Jurado, Rocío Dúrcal, Camilo Sesto, la duquesa de Alba, Lina Morgan y un largo etcétera engrosan la extensísima lista.

El clan Jurado, con la matriarca en el centro, en el Rocío. El clan Jurado, con la matriarca en el centro, en el Rocío.

El clan Jurado, con la matriarca en el centro, en el Rocío. / Efe

Un año tardaron en acordar el reparto de la herencia de Rocío Jurado. Con un legado valorado en unos siete millones de euros, la cantante de Chipiona quiso incluir en su testamento, además de a sus tres hijos y a su marido, a sus hermanos e incluso a su secretario. La que salió mejor parada del reparto fue Rocío Carrasco, nombrada heredera universal, aunque la artista trató de contentar a todos y dejar las cosas bien atadas para que nadie se enfadara, no lo consiguió.

En cuanto falleció comenzaron los rifirrafes en el clan, las acusaciones públicas en platós de televisión y el distanciamiento. Rocío Carrasco se alejó de la prensa del corazón, Rosa Benito y Amador Mohedano iniciaron una guerra televisada, Ortega Cano acabó en prisión, José Fernando dilapidando su parte de la fortuna en clubs de alterne y adicciones varias, y acabó ingresando en un centro de rehabilitación. Gloria Camila ejerció de portavoz y, en lugar de mediar, lo que hizo fue avivar más el fuego con sus declaraciones. A la saga se ha unido recientemente Rocío Flores Carrasco, quien parece querer dedicar sus esfuerzos a continuar aireando por platós de Telecinco el enfrentamiento de por vida con su madre. Todo un drama que no parece terminar nunca.

Rocío Dúrcal y Junior con sus dos hijas. Falta su hijo Antonio. Rocío Dúrcal y Junior con sus dos hijas. Falta su hijo Antonio.

Rocío Dúrcal y Junior con sus dos hijas. Falta su hijo Antonio. / Semana

Lo que menos esperaba tampoco Rocío Dúrcal era que, tras su muerte, su marido y sus hijos, que siempre habían estado tan unidos, acabaran enfrentándose en el juzgado por el reparto de su herencia. En el inventario que Junior, el marido de la cantante, hizo de los bienes del matrimonio se le olvidó incluir varias propiedades que ambos tenían en Miami, México y Marbella. Los hijos de la pareja, sobre todo los dos mayores, entraron en cólera y acudieron a la justicia.

Comenzó entonces una guerra que tan solo pudo calmar Shaila, la hija pequeña y la que hizo de puente entre sus hermanos y su padre. Al final, las aguas volvieron a su cauce y lograron reconciliarse antes de que falleciese Junior.

Camilo Sesto y su hijo, Camilo Blanes. Camilo Sesto y su hijo, Camilo Blanes.

Camilo Sesto y su hijo, Camilo Blanes. / Instagram

Camilo Sesto, por su parte, dejó a su único hijo, Camilo Blanes, montado en el dólar. En el testamento del artista que murió a los 72 años por un fallo renal en diciembre de 2019, Camilín –fruto de la relación con la mexicana Lourdes Ornelas– aparecía como el heredero universal del artista. Recibió un patrimonio millonario y unos derechos de autor que podrían generar alrededor de 200.000 euros al año.

Ni siquiera Camilo Sesto, que sólo tenía un heredero, se libró de que le surgiera un hijo no reconocido

Aunque está claro que el patrimonio de Camilo Sesto pertenece a Camilo Blanes, de 37 años: una casa en Torrelodones, una parcela de 2.500 metros en la misma zona, un chalet en La Chopera de Las Rozas y una casa en Marbella; dos millones de euros en activos financieros y los éxitos musicales del cantante, es decir, los derechos de las canciones que componía y producía. En total, el patrimonio suma alrededor de seis millones de euros.

A pesar de que, según el testamento, Camilín no tendría que pelear con nadie por la suculenta herencia, son varias las polémicas con las que se ha encontrado. La última de ellas: un joven barcelonés de 30 años que asegura ser hijo del intérprete y que pretende luchar por sus derechos. El asunto todavía no se ha aclarado ante la Justicia.

Por si fuera poco, la madre de Camilín le acusa de estar malgastando la herencia en "adicciones" y "amistades poco recomendables" que entabló desde que llegó a España procedente de México, donde vivía antes que su padre muriese. La carrera musical que tenía previsto emprender, además, la dejó aparcada para darse a la buena vida.

‘La duquesa de Alba con cinco de sus seis hijos. ‘La duquesa de Alba con cinco de sus seis hijos.

‘La duquesa de Alba con cinco de sus seis hijos. / Efe

Consciente de que a su desaparición podría abrirse la veda entre sus hijos, la duquesa de Alba repartió su herencia en vida. En realidad lo hizo para poder casarse con Alfonso Díez, que levantaba los recelos de sus vástagos. Con todo, tras su fallecimiento, Jacobo, su hijo más rebelde y con el que tenía una relación más complicada, manifestó su descontento con el reparto y tensó un poco más la relación entre todos. Pero no quedó ahí la cosa. Tras la apertura de un testamento sin demasiadas sorpresas –tampoco quedaba tanto por repartir–, dicen que fue su viudo el que no quedó del todo contento. Al parecer, Cayetana había manifestado su deseo de dejarle en una posición económica desahogada, pero lo que le tocó no fue para tanto al final. Díez jamás discutió ni una coma de lo que la duquesa había considerado que le correspondía.

Lina Morgan y su chófer y heredero, Abelardo González. Lina Morgan y su chófer y heredero, Abelardo González.

Lina Morgan y su chófer y heredero, Abelardo González.

La abultada herencia de Lina Morgan, acumulada tras una vida dedicada al trabajo, parece que acabó en manos de Daniel Pontes, su chófer y apoyo hasta el último momento, y del padre Ángel, con el que la actriz colaboraba asiduamente, obviando a la familia que todavía le quedaba y con la que tampoco había tenido relación en sus últimos años de vida. Sus sobrinos, de hecho, fueron vetados de la capilla ardiente por expreso deseo de la finada. Protestaron y señalaron a una presunta coacción a la artista, pero todo quedó en nada porque Lina dejó el asunto bien claro por escrito.

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