La mayor concienciación hace que aumenten las denuncias de mujeres

Las 3.500 voces del feminismo de Granada

  • Las asociaciones feminista de la ciudad se sumarán a la manifestación del próximo martes día 15 contra las políticas de Vox sobre violencia de género, igualdad y LGTBI, así como contra el pacto de Gobierno andaluz

Representantes de los principales colectivos feministas de Granada Representantes de los principales colectivos feministas de Granada

Representantes de los principales colectivos feministas de Granada / Carlos Gil

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En Granada hay más de 3.500 mujeres activistas feministas en las 65 organizaciones integrantes del Consejo municipal, según las plataformas 8-M y 25-N. En realidad el número es mucho mayor en la provincia, no militantes pero sí practicantes. Tantas como las que se pueden contar en las imágenes que guardan el relato de lo que sucedió el pasado 8 de marzo, del que se considera el llamado año del feminismo en el mundo, el 2018.

Apenas un año más tarde de aquella movilización que sacó a la calle a miles de personas de todo el país, el partido político Vox lanzaba como premisa para apoyar el pacto de gobierno en Andalucía de PP y Ciudadanos, entre otras cosas, la derogación de la Ley de Violencia de Género. La reacción fue inmediata, y es que con el feminismo han topado: el próximo martes se han convocado por toda España movilizaciones feministas en rechazo tanto a las manifestaciones públicas como a las intenciones políticas de este partido de ultraderecha.

Además de las reacciones de las asociaciones feministas, el pasado jueves se conocía que la veterana activista granadina por los derechos LGTBI, Kim Pérez, de 77 años y con décadas de lucha por los derechos de personas trans, anunciaba que a partir del día 15 comenzaría una huelga de hambre como rechazo a las políticas de Vox y del pacto de gobierno andaluz. Una de las voces más valientes de esta ciudad que tampoco ha podido evitar reaccionar.

Para sacar la instantánea del tejido asociativo feminista de Granada, hay que matizar que es amplio y diverso. Recorre varias generaciones y aunque comparten el objetivo común de la lucha por la igualdad y los derechos de la mujer, es cierto que entre ellas existen divergencias en cuestiones organizativas e ideológicas.

Aún así, se han unido a las más de cien organizaciones que han reaccionado ante las intenciones de Vox de derogar las leyes andaluzas contra la violencia machista, de igualdad y de apoyo al colectivo LGTBI como un rompeolas con un lema común: Nuestros derechos no se negocian, ni un paso atrás. Ellas son las plataformas 8-M y 25-N –aúnan a otras grandes formaciones como La Volaera–, la Asamblea Feminista Unitaria y Café Feminista. Estas dos últimas son las más jóvenes en este panorama.

La Asamblea Feminista Unitaria, formada por unas 30 mujeres, se define como anticapitalista ya que desde la misma afirman que “el capitalismo y el patriarcado se dan la mano y eso hace a las mujeres estar doblemente en un estado de precariedad”. Además, entienden que pese a las diferencias que puedan tener políticamente con mucha gente “hay que ir juntas siempre para intentar ser más”.

En cuanto a la relación con el resto de asociaciones, explican que es de colaboración aunque atienden a la diversidad de corrientes que hay: “Nos unimos en momentos puntuales pero el resto del tiempo somos independientes”. Se constituyeron a raíz de la lucha contra la propuesta de contrarreforma de la ley del aborto de Gallardón sobre 2014, explica Lucía Esteban Reina. A partir de ese momento empezaron a reunirse en torno a la idea de que “había que hacer un feminismo más combativo, que fuera más allá de las dos fechas en las que siempre nos movemos –8 de marzo y 25 de noviembre– pensamos en un feminismo más de calle, estar presentes en todo”.

La veterana activista Kim Pérez comenzará una huelga de hambre el próximo martes día 15 de enero

“En la lucha contra las violencias machistas hemos estado haciendo durante los dos últimos años concentraciones para visibilizar a todas las mujeres que son asesinadas cada año y poniendo el foco en los hombres, que son quienes asesinan a esas mujeres”.

Sobre la entrada de Vox en el Parlamento andaluz responde que lo afrontan con “cabreo pero con mucha fuerza” porque tienen “una oportunidad histórica” para demostrar que no van a permitir que les quiten todas las conquistas conseguidas durante las últimas décadas. Y sentencia: “es cierto que nos esperan unos meses moviditos pero estamos dispuestas a resistir”.

Café Feminista, es la asociación más joven aunque son un grupo nutrido –aproximadamente unas 80–, se constituyeron hace apenas un año y medio y en sus filas solo hay mujeres. Su visibilización proviene en gran parte de redes sociales y de las manifestaciones, donde, dicen, intentan “hacer todo el ruido posible”.

Son una asamblea horizontal no mixta que nace del proyecto Café Feminista, creado en Huelva y del que han salió ocho cafés más en toda Andalucía. Cuenta Mai Ramírez que en sus reuniones, hacen hincapié en los proyectos de formación porque entienden que “la base está en la educación feminista”.

Además llevan a cabo acciones concretas como campañas contra el acoso en la ciudad, y otras como por ejemplo la que ahora mismo están creando, “un protocolo de actuación contra el acoso en los bares”. Además de salir en todas las manifestaciones intentan “dar respuesta a cada cuestión patriarcal que surge en la ciudad”.

Por otro lado, y aunque no aparecen en la fotografía, a raíz del pasado 8 de marzo, nació la iniciativa Mujeres Periodistas de Granada formada por unas 50 comunicadoras que también han suscrito el manifiesto nacional feminista y que acudirán en conjunto a la manifestación del martes día 15.

Entre sus aportaciones está el cambio y la reivindicación de un “periodismo digno y feminista”, así como “ofrecer una visión más igualitaria y con enfoque de género al contar lo que ocurre en el mundo”. Ellas no olvidan uno de los huecos de la profesión y luchan “por la paridad en la organización de los medios de comunicación y en sus órganos de dirección”.

Pero la historia no sería la que hoy se vive ni existirían muchos de los derechos de los que hoy disfruta la mujer si no fuera por aquellas mujeres con décadas de activismo a sus espaldas. El grupo de las más veteranas de la ciudad confluyen en dos grandes plataformas, la 8M y la 25N. Ellas son cabeza de manifestaciones y promotoras y participantes de políticas públicas relacionadas con la mujer en esta ciudad desde hace tres décadas.

Ellas contemplaron cómo en los años 80 emergía el movimiento en Granada. El colectivo independiente de mujeres, del que forma parte una de las voces feministas con más solera de la ciudad, Francisca Fuillerat, nació en 1987 (aunque existían las asociaciones de mujeres Mariana Pineda o Amas de casa).

El auge más importante del movimiento asociativo arrancó con la creación del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) en los 90, y parte principal de su labor era “promover el asociacionismo y la participación”, recuerda Fuillerat. Las medidas llevadas a cabo en esos años en los que España se empezaba a quitar las legañas del franquismo, las mujeres empezaron a crear colectivos y su participación en la vida pública ganaba más terreno poco a poco.

“Lo teníamos todo por hacer, todo era nuevo y muy ilusionante”, relata Fuillerat que se incorporó al IAM como coordinadora en el año 2000 aunque militaba desde hace más de una década en la lucha feminista en el colectivo Ni 20 mujeres.

Unos años más tarde se creó la Federación Provincial de Asociaciones de Mujeres María Lejárraga –nombre de la primera diputada socialista de Granada en 1933– que aglutina más de 70 asociaciones en la capital y la provincia. Precisamente, argumenta, “es en la zona rural donde se requiere más el feminismo”.

Otra de las guerras ganadas de aquella época fueron la creación de los consejos municipales de Igualdad –primero llamados de la Mujer–. Precisamente el de Granada celebró el pasado octubre sus primeros 25 años. Los acuerdos de los consejos no son vinculantes, aunque subraya Fuillerat que cada vez tienen más fuerza y aunque los partidos políticos a veces torpedeen las propuestas, ellas seguirán insistiendo.

Las más veteranas, cuenta Fuillerat, practican la doble e incluso la triple militancia. Algunas pertenecen también a partidos políticos y sindicatos, además de tener sus trabajos y familias. “Hemos cuidado a hijos, familiares y al tiempo hemos llevado para adelante nuestra militancia”. Un servicio al feminismo que antes era integral.

Con el paso del tiempo las instituciones evolucionaron en cuestión de género y fueron asumiendo parte del trabajo que antes llevaban a cabo los colectivos feministas. Fuillerat cuenta que tanto ella como muchas otras veteranas tenían que hacer la defensa por su cuenta: “Acompañar al juzgado a las víctimas de violencia de género, acompañar a la entrega de los menores al padre maltratador o incluso refugiar a estas mujeres en nuestras propias casas”.

Hasta que las instituciones empezaran a hacer políticas de género, eran las mujeres quienes se encargaban de ellas mismas en un tiempo en el que no había ley contra la violencia machista, los delitos de pasión estaban reconocidos y la protección a la mujer era algo antinatural. Simone de Beauvoir ya avisó cuando dijo que “el feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”.

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