Granada

1908. Alfonso XIII en El Fargue

  • El rey estuvo en Granada, sabemos lo que comió, las perdices que cazó, pero yo no sé lo que nos arregló. Se llevó dos preciosos regalos de nuestros mejores artesanos.Visitó la fábrica de pólvoras de El Fargue, quizá quería saber cómo se fabricaban los cartuchos

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EL 1 de diciembre de hace un siglo llegó a Granada Alfonso XIII. La lástima es que no resolviera con su presencia nuestros problemas. Visitó la Alhambra, comió en el Washington, cazó en Trasmulas y descansó en Láchar. Tuvo tiempo de contemplar las obras del Hotel Alhambra Palace que estaba terminando su amigo el Duque de San Pedro y de subirse en el tranvía cremallera en Las Vistillas.

Fue recibido en la Virgen de las Angustias, almorzó en el hotel Washington y tomó el té en el Carmen de Benalúa invitado por el Conde. Desde allí se dirigió a la fábrica de pólvoras de El Fargue. Probablemente sentiría curiosidad por saber cómo se fabricaban los cartuchos que utilizaba para cazar liebres.

Subió por San Juan de Dios y en la Cuesta de San Antonio se agolparon los vecinos aplaudiendo sin parar. El Fargue entero engalanó ventanas y balcones. Las muchachas de la alquería vistieron sus mejores galas "realzando así su natural belleza", dice el comentarista. Del fondo de las arcas sacaron las mejores ropas. Era la primera vez que allí pisaba un rey y tal vez haya sido la última. En la fábrica lo esperaban el Gobernador Militar; no faltó el capellán y hasta el maestro armero. La música la puso la banda de obreros polvoristas que entonaron la Marcha Real dirigidos por el Señor Alonso.

Pudo el rey contemplar cómo se prensaban los petardos, cómo se preparaba el ácido pícrico (un explosivo); pero sobre todo se interesó por conocer el proceso de fabricación de la pólvora de caza.

Relata el periodista, nada menos que Francisco de P. Valladar, la opípara merienda que se le ofreció a base de pavo trufado, jamón con huevo hilado, pastas inglesas, dulces de Santiago, bombones, Cordón Russ, Néctar González Byass y puros habanos. Luego dicen que los granadinos somos tacaños. Por lo menos los de El Fargue, no.

visita accidentada

Pero con el alboroto no faltaron los accidentes y nos cuenta el cronista que un niño de tres años, Fernandito Gor, se cayó y se hirió en la sien. Tuvo que ser atendido por el doctor Don Fermín Garrido que se hallaba entre la comitiva. Enseguida pidió el botiquín de la fábrica y todo arreglado. Más grave fue la coz que un caballo del regimiento Vitoria le asestó a otro niño, Enrique Rodríguez, rompiéndole una rodilla. Y en la cuesta de San Antonio otro caballo atropelló a una niña, Consuelo Castillo, y tuvo que ser trasladada al Hospital de San Juan de Dios. Seguro que esos tres niños nunca olvidarían la visita del rey Alfonso y más siendo el XIII.

Al día siguiente el monarca se dedicó a cazar en los campos de Trasmulas. En el pueblo le regalaron un escopetero de nogal tallado con motivos alegóricos de temas cinegéticos; se trataba de un precioso mueble salido de las manos del ebanista granadino José Muñoz y del carpintero José Jerez. Dicen que era una verdadera obra de arte. El día anterior le entregaron una reproducción del Patio de los Leones de nuestra típica taracea ¿dónde habrán ido a parar?

En la casa de los Condes de Agrela le ofrecieron un suculento menú para el que se necesitaba, además de los cubiertos, un diccionario de francés: Consommé Alphonse XIII, potage crème Nivernaise, filets de Barbue à lAmiral, pomme de terre à l'Anglaise, selle de veau Prince Orioff, petits pois, mousse de Jambon à la Broche, etcétera, hasta finalizar con los coquants au Chester. Luego se trasladó al hall para jugar al bridge. No lo pasó mal, ¿no?

Antes de salir de caza le prepararon otro ágape por si había quedado escaso el anterior; en este caso empezaba con los oeufs à l'Orsay y terminaba con el gâteau Alcazar. Tal vez esas cúrsiles denominaciones afrancesadas dieran especial fuerza a los cazadores porque al finalizar la jornada se cobraron 942 perdices y 5 liebres. O el rey era muy bueno con la escopeta o los campos de Trasmulas muy generosos o la comida iba bien condimentada.

Del almuerzo siguiente nada cuento y la cena me la callo. El rey estuvo en Granada, cien años han pasado, sabemos lo que comió, pero yo no sé lo que nos arregló.

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