Granada

Aulas en la última frontera

  • El último informe del Observatorio para la Infancia en Andalucía señala que el 31,8% de los menores de edad en la región están en riesgo de pobreza

  • Un 5,9% presenta carencias materiales severas

Jóvenes en una de las diez escuelas de verano puestas en marcha por la Junta. Jóvenes en una de las diez escuelas de verano puestas en marcha por la Junta.

Jóvenes en una de las diez escuelas de verano puestas en marcha por la Junta. / granada hoy

"Un niño tiene que venir descansado, bien alimentado, limpio... y eso, a veces, aquí no ocurre". Pilar González Moreno suma 26 años como maestra en el Colegio Luisa de Marillac, en Molino Nuevo. En el corazón del Almanjáyar. En su clase hay colchoncillos y mantitas. Los sacan cuando alguno de sus niños cae redondo después del desayuno. Ocurre, pocas veces, pero ocurre. "Vienen niños que no tienen hábitos", de familias donde "los horarios no se tienen en cuenta" y se hace vida en la calle. Y una de las primeras necesidades que tienen los pequeños es la de dormir. Y si no lo hacen en casa, lo hacen en la escuela. "¿Para qué los queremos despiertos, si no van a rendir?". La lógica, lo más básico, es lo que marca en buena medida la rutina en este colegio, donde se garantiza que todos los niños desayunen, donde hay instalada una ducha. "En los últimos años la situación ha cambiado, pero antes garantizábamos que todos los alumnos se ducharan una vez a la semana". Hoy todavía se usa la ducha, pero de forma puntual. "Un niño que no viene bien aseado no puede rendir, no se puede concentrar en nada". Dormir y asearse son cuestiones que para esta escuela son "primordiales", explica esta maestra, que trabaja en un entorno que lo tiene todo -porque allí no hay nada- para mandar a estos chicos al limbo que se encierra bajo el eufemismo de estar en situación de riesgo de exclusión.

"La gente no lo cree porque no lo ve. No estamos hablando de una pobreza profesionalizada ni de niños famélicos. Es una pobreza que se concentra en barrios por donde nunca pasamos, por tanto, nunca lo vemos. Esta cara de la pobreza es esa mujer a la que ves y dices estás más delgada y ella no dice nada porque está más delgada porque si hay algo para cenar, esa cena es para los niños, y ella muchos días se queda sin cenar". Esa es la mirada que el presidente español de Save The Children, Andrés Conde, tiene sobre un hecho, la pobreza infantil, que en Andalucía tiene una cifra: 726.059, según el informe Desheredados, de esta misma organización. Según la OCDE, que sitúa a España como uno de los países con menos movilidad social, más desigualdad y con el ascensor social más atascado, la mayoría de estos niños están condenados a ser pobres de adultos. Pobres de por vida. Sus hijos también lo serán y la rueda seguirá.

"No hay niños abandonados, pero hay otras carencias y privaciones"

El Observatorio para la Infancia de Andalucía (OIA) publicó el pasado mes de junio su último informe sobre Infancia en riesgo de pobreza o exclusión social, pobreza relativa y grave en Andalucía, que indica el porcentaje de menores con carencias materiales severas, las tasas de pobreza relativa y de pobreza grave. En este documento se señala que en 2017 el 31,8% de los menores de 18 años "se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social en Andalucía". Si se aplica ese porcentaje al número de menores de edad en la provincia de Granada (168.533, según el último Informe del Defensor del Menor), se deduce que más de 53.000 granadinos de menos de 18 años viven en ese umbral de riesgo. El pasado año, además, un 5,9% "de las personas menores de 18 años en Andalucía presentan carencias materiales severas", lo que supone que esta situación afecta a casi 10.000 menores en la provincia.

"Aquí no hay niños abandonados, o hambruna. Pero hay otras carencias. Hay menores que sufren privaciones, situaciones de desigualdad con sus semejantes, que el cine les resulta prohibitivo, que no van a los campamentos, que no realizan actividades de ocio con sus padres porque éstos están en paro o se dedican a trabajar y no tienen tiempo ni dinero para todo lo que sea lúdico, educativo e incluso afectivo. No hay tiempo para abrazos. Y en ese desapego crece el menor", explica el defensor del Menor, Jesús Maeztu. Ese es el hecho significativo y luego las estadísticas tienen que ver con los conceptos. Se suele utilizar el índice AROPE que maneja nueve conceptos (irse de vacaciones una semana al año, mantener la vivienda a temperatura adecuada, no poder afrontar gastos imprevistos...). Si no se pueden cumplir con al menos cuatro de estos conceptos se entiende que se está en una situación de carencia material severa. En España el 32,3% de los menores vive en hogares que no pueden permitirse una semana de vacaciones al año. En Andalucía esa tasa es del 41,5%. Hay otros índices. Por ejemplo, en este mismo informe de Save The Children una niña que participa en el estudio define a un niño pobre como "un niño que no puede soñar". Esta afirmación, que da un toque poético a la estadística, indudablemente reduciría bastante las cifras.

Otra cosa son hechos más tangibles. En el último informe de Cáritas Diocesana en Granada, presentado a primeros de junio, se señalaba que en el 56% de los hogares atendidos en la provincia por esta ONG católica había menores. En el 38% de los casos atendidos por Cáritas se trataba de una persona que vivía en pareja con hijos a su cargo, mientras que en el otro 18% se trataba de familias monoparentales. La entidad realizó en 2017 tareas de seguimiento y apoyo escolar a 625 menores y jóvenes en situación de "vulnerabilidad social junto con sus familias".

De vuelta al informe del Observatorio, se señala que sin las pensiones de jubilación y supervivencia "el riesgo de pobreza alcanzaría al 39,8% de las personas menores de 18 años". Por otro lado, Unicef y Save the Children sitúan en un 10% la población infantil andaluza que está en situación de pobreza severa. El dato publicado recientemente por el INE sobre condiciones de vida de los españoles sitúa la carencia material severa en Andalucía en un 5,2%, prácticamente el mismo que la media nacional. No se trata de hambre porque según el INE sólo el 2,6% de los hogares no puede permitirse comer carne, pollo o pescado cada dos días, pero sí de malnutrición (dieta inapropiada, exceso de comida basura y barata, a veces obesidad) y unas desigualdades que le van a condenar a la pobreza. En esta condena pesan las carencias materiales y otras, como la ausencia de expectativas o la baja autoestima.

Así lo reseña la maestra del Luisa del Marillac. "Se implica a las familias en las tareas que se sabe que pueden hacer", indica la maestra, que asume que el papel de la escuela no puede oponerse a la realidad del barrio, ni trabajar desde ningún tipo de superioridad. "No podemos suplir a las familias". "De frente no vas a conseguir nada, te tienes que poner al lado de ellos".

"Uno de los problemas" del barrio es que se reproducen, año tras año, los mismos modelos de familia. Se casan muy jóvenes, y tienen hijos a la edad en la que podrían estar en el instituto. "Cuando existía la EGB -que se extendía hasta los 14 años-, al regresar del verano se nos habían casado dos o tres".

La realidad es así de tozuda. "Cuando están en Infantil muchos te dicen que quieren ser maestro, bombero policía..." profesiones que reproducen "modelos de poder"; lo que los chiquillos admiran. Cuando esos mismos alumnos aterrizan en quinto o sexto de Primaria -y son más conscientes de la realidad, de su entorno- "te dicen que lo que quieren es casarse". Y lo hacen a edades muy tempranas, lo que acarrea que haya quien abandone los estudios de forma prematura y, de paso, se continúe con la cadena. "Son niños que crían niños", resume la maestra. Otro de los problemas es la baja autoestima ya señalada. Se ven incapaces de salir de esa situación.

La fiscal de Menores Rosa Guerrero habló de esa cadena y de la necesidad de romper con esas herencias recientemente, ante la veintena de chavales que recogieron en la Delegación de Educación su título de Secundaria. "Habéis roto ese círculo. No estáis haciendo lo que hacen vuestros padres". Los chicos han conseguido titular gracias a AtreveT y Atrevi2, dos iniciativas que permiten a alumnos que abandonaron de forma temprana los estudios -en algunos casos por un embarazo, muchos de ellos de población gitana- reengancharse y terminar al menos la ESO. Un mínimo -académico- con el que enfrentarse a la realidad. Lo consiguen con el mismo currículo que el resto de estudiantes de la ESO, pero se adapta el ritmo de trabajo a sus necesidades. Por ejemplo, los centros abren por la tarde para acoger a aquellos que tienen que trabajar. También se les permite ir con los bebés. Algunos de los que ahora se han graduado fueron alumnos del Luisa de Marillac, centro que participa de forma muy activa en estas iniciativas.

El responsable de los dos programas para que estos jóvenes puedan al menos conseguir el título de Secundaria es Miguel Ángel Caballero, coordinador hasta ahora del área de Compensatoria de la Delegación provincial de Educación. Suya fue la última intervención en la entrega de diplomas: "Un joven que se reeduca es una generación que se salva".

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