Cetrería El arte milenario en el siglo XXI

Ignacio Jiménez, de la empresa Artemisa Flor y Fauna, lleva dedicado a la cría de rapaces desde los 16 años Entre otras tareas, se encarga del control de plagas de palomas e imparte conferencias

Cetrería El arte milenario en el siglo XXI
Cetrería El arte milenario en el siglo XXI
Belén Rico Granada

23 de enero 2016 - 01:00

El halcón peregrino es el animal más rápido del mundo. Puede volar a 130 kilómetros por hora pero cuando caza, al lanzarse en picado sobre la presa, alcanza casi los 400 kilómetros por hora. Es prácticamente imposible seguir su trayectoria por el cielo. Incluso para un ojo tan experto como el de Ignacio Jiménez Segura es difícil observar al animal en la maniobra. Y eso que él lleva dedicándose a eso mucho tiempo, porque empezó a entrenar aves rapaces con tan sólo 16 años.

Desde pequeño se sentía fascinado por los pájaros y, aunque en su casa no había tradición en ornitología, pronto comenzó a criar todo tipo de aves pequeñas, que luego dieron paso a cotorras y loros. "A los 15 años me empezó a rondar por la cabeza la posibilidad de tener una rapaz y a los 16 ya poseía mi primer halcón", cuenta el joven que en la actualidad es propietario de una empresa de cetrería: Artemisa flor y fauna.

Ahora cuenta con cuatro halcones, entre cernícalos americanos y lanarios. Pero ha tendido de todo, desde águilas harry a casi todo tipo de híbridos... También ha ido evolucionando en sus prácticas con esas aves. "La cetrería básicamente es la caza con rapaces. Para eso las tienes que adiestrar y es necesario también ejercitarlas para que estén fuertes, porque los animales salvajes que tienen que cazar como viven en el campo sí lo están".

Al principio él empezó a cazar con sus halcones pero luego abandonó esta práctica. "Antes lo hacía pero ya no, porque no me gusta. De la caza he pasado a la conservación".

Ahora Ignacio Jiménez se dedica a impartir charlas sobre las rapaces en granjas escuela y otros centros educativos para enseñar las técnicas de la conservación y el cuidado de las rapaces.

También ha estado trabajando en el Parque de las Ciencias con estas aves y ha dado conferencias en la Facultad de Ciencias sobre Cría en cautividad o Sobre ética en la cetrería actual e impartido cursos relacionados. "Enseño técnicas de reintroducción en los centros que hay especializados en esta tarea. En Granada no existe ninguno, pero sí uno en Jaén para el quebrantahuesos".

El cetrero explica que este tipo de buitre había desaparecido en Andalucía y ahora se cría en cautividad en este centro para luego soltar los ejemplares y recuperar la especie en la naturaleza. "Las técnicas que se emplean para que cace el quebrantahuesos son las mismas que las de un halcón, y pueden aplicarse para que cacen".

Con el término rapaz, aclara Jiménez, se denomina a todas las aves que se alimentan con carne, aunque en este grupo hay especies muy diversas, desde el búho real, a águilas o buitres.

En el Parque de las Ciencias él ofrecía "espectáculos", allí denominados "talleres", aunque ya prefiere no hacer este tipo de exhibiciones. "El Parque de las Ciencias es como un hotel de lujo para ejemplares que tienen desde problemas físicos a psicológicos", aclara el cetrero, quien detalla que hay desde animales a los que se les ha cortado una pata para hacerse un llavero con ella hasta otros que han sido criados a mano y han perdido el instinto cazador. "No se reconocen como aves sino como miembros de la especie que los alimenta. Entonces se vuelven peligrosos, porque no les dan miedo los humanos, pueden acercarse a cogerles comida y son animales fuertes: un águila de cinco kilos puede romper los huesos de los brazos de un adulto rápidamente". "Allí se les enseña a los niños que eso no se puede hacer con estos animales", relata el cetrero, quien comenta que el Parque de las Ciencias también compra aves criadas en cautividad porque al final para una exhibición hacen falta ejemplares que sirvan para el espectáculo. Él ya no participa con ninguno con sus halcones en estas exhibiciones, aunque recibe ofertas para que vuelen en bares, en bodas para que lleven los anillos... de todo. "Yo no estoy de acuerdo con eso, pero dentro del mundo de la cetrería hay de todo, claro".

Lo que sí hace su empresa es dedicarse al tema del control de plagas. "En aeropuertos nunca hemos trabajado pero sí para ayuntamientos o particulares porque tienen un problemas con las poblaciones de palomas. Los halcones no tienen ni que cazarlas, sólo con que sobrevuelen la zona, como son sus depredadores naturales, las palomas ya salen menos, no crían... porque no están tranquilas", explica el cetrero.

En esta tarea su empresa tiene ahora mucha demanda, porque en Granada hay muy pocos cetreros. "Sólo somos 50 porque se necesita tiempo y dinero. Los ejemplares son caros y hay que pasar exámenes periódicos. Además hay muchas inspecciones", cuenta Jiménez del mundo de estos animales que desde hace siglos han intrigados a hombres que los han visto desaparecer antes sus ojos para reaparecer con una presa.

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