Chanchullos en la portería: una práctica tan antigua como el verano

Los porteros de muchos edificios de apartamentos se sacan un sueldo extra buscando inquilinos

R. F. / Motril

26 de julio 2010 - 01:00

Una familia merodea por varios bloques de apartamentos cercanos a la playa mirando los carteles de 'se alquila' y tomando nota de los números de teléfono. Un portero sale con paso firme y veloz hacia ella y le ofrece enseguida enseñarle algunos apartamentos. También ocurre cuando el propietario de una inmobiliaria les ha mostrado a sus clientes algún piso. El portero acecha. "Psss", sisea, y les llama cuando salen de la inmobiliaria. Les dice que él se lo puede conseguir más barato. Se trata de una especie cuyo hábitat ideal es el verano: el portero chanchullero.

Los propietarios de los edificios, de algunos apartamentos y los responsables de las inmobiliarias pondrían precio a su cabeza, en caso de poder echarle el guante. Pero se conforman porque, según dicen, no pueden hacer nada. Así, siguen actuando de manera impune ante la Justicia, ganándose un dinero nada desdeñable que puede alcanzar los 3.000 o 4.000 euros al mes. Su rentable negocio se puede extender desde uno a seis apartamentos. Muchos de ellos llevan tantos años que todo el mundo les conoce. Han sobrevivido incluso a los tiempos de crisis, sin obtener el permiso obligatorio por parte de Turismo y sin declarar sus ingresos ni pagar impuestos.

Juan José Fernández, gerente de la inmobiliaria Adaix, situada en Playa Granada, admite que los alquileres ilegales siempre les hacen daño -a pesar de que confiesa que en su negocio las cosas van muy bien- y destaca que gestionar el arrendamiento de un piso vacacional a través de una empresa como la suya tiene más garantías, como el asesoramiento. En estos negocios cobran entre un 15 y un 20% de comisión por facilitar el alquiler del inmueble.

"En vez de estar haciendo lo que deben, que es trabajar como porteros, se dedican a hacer negocio con los apartamentos", dice el portavoz de una asociación de vecinos. Algunos están compinchados con los dueños de los apartamentos, que juegan a varias bandas en su afán de alquilar su piso antes y después de sus vacaciones, para que su veraneo en una quincena de agosto les salga gratis.

En los apartamentos legales, como pueden ser los de Almuñécar Chinasol o los del edificio Góndolas, en la portería se les da unos servicios como el cambio de sábanas o de bombonas de butano. Existe la tranquilidad de que hay una persona a la que acudir en caso de problemas.

Por contra, los clientes confiados que sucumben ante un arrendamiento ilegal se encuentran con que no tienen ni un papel a la hora de reclamar que la cocina o el aire acondicionado no funcionan o que la ventana no cierra. Y tampoco pueden hacerlo si la vivienda está alquilada a más de una familia a la vez y han entregado su dinero sin que conste en ningún documento oficial. No pueden ir a reclamar a la Oficina de Turismo ni a ningún otro lugar. Simplemente, ante la Ley, aquella operación de arrendamiento nunca se celebró.

Los turistas a los que se les ha dado gato por liebre deciden no volver a ese destino, por lo que, al final, todos pierden.

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