Rosa María Calaf | Periodista "El 8M no hay que politizarlo y mucho menos partidizarlo"

  • La periodista reivindica el mensaje feminista y llama a la reflexión de la ciudadanía ante el verdadero mensaje de la ultraderecha

La periodista Rosa María Calaf La periodista Rosa María Calaf

La periodista Rosa María Calaf / Carlos Gil

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Rosa María Calaf es un emblema del periodismo patrio, un espejo en el que se miran muchas mujeres que se dedican a la información. La histórica reportera aparece puntual a nuestro encuentro con el cabello rosado y un semblante amable y, en un gesto de complicidad, saludaba diciendo "para que luego digan que las mujeres no somos puntuales, eh".

Confiesa que se adapta como mejor puede a las nuevas tecnologías y pide consejo sobre la mejor opción en ordenadores portátiles para hacer exclusivamente lo que más le gusta, escribir. Cercana, natural y con mucha personalidad. Así es ella, todo un icono del reporterismo cuya labor es muy reconocida por ser la corresponsal española pionera y más veterana de TVE, medio en el que ha desarrollado su carrera profesional durante cerca de 40 años.

En la actualidad se dedica a impartir conferencias sobre periodismo, igualdad y derechos humanos en instituciones académicas y asociaciones. Además colabora con diversas organizaciones humanitarias y es una implacable activista de la causa feminista. 

La histórica periodista barcelonesa atiende a este periódico con motivo de su presencia en el Seminario Internacional de Epistemología de la Comunicación, unas jornadas que organiza la Universidad de Granada en la Facultad de Comunicación y Documentación. Calaf ha acompañado al catedrático de la UGR, Domingo Sánchez-Mesa, en la presentación de su libro Narrativas transmediales. Las metamorfosis del relato en los nuevos medios digitales.

-¿Qué significado tiene el feminismo en su vida?

-Feminismo tiene que ver con derechos, estamos hablando de los derechos humanos de la persona y que, en este caso, se refieren a más de la mitad de la población. El feminismo es simplemente la defensa de los derechos de las mujeres, que no hay ninguna razón para que un colectivo como la mitad de la población esté supeditada a la otra mitad por razón de género. Es un puro y simple derecho humano esencial, la igualdad. Lo que es curioso es que un concepto tan sencillo se haya sido capaz de tergiversarlo de tal manera. Es decir, que evidentemente todas esas fuerzas que no quieren que haya una igualdad, por múltiples razones como la pérdida de privilegios, el puro uso político o el rédito electoral sean capaces de convertir el feminismo en una lucha contra'. El feminismo no va contra nadie, va absolutamente a favor de todos y una sociedad que cuente con las capacidades y el esfuerzo de toda su población va a avanzar mucho más que una que cuente solo con la mitad.

-¿Y qué importancia juega una celebración como la del 8M en todo esto?

-Es importante porque pone sobre la mesa el tema. Ojalá no tuviéramos que hacer un 8 de Marzo, como ojalá no tuviéramos que hacer el día de nada, porque eso quiere decir que "ese algo" está en peligro. Pero como la realidad es la que es, menos mal que por lo menos desde su celebración, podemos poner el debate sobre la mesa e incorporarlo al debate social, de qué tipo de sociedad queremos construir. Y que quede claro que no tiene nada que ver ni con izquierdas ni con derechas porque esto es otra maniobra para desviar la atención de lo que es realmente la lucha feminista, el tratar de encasillarlo en una cuestión política. No hay que politizarlo y menos partidizarlo.

-¿Qué se siente al ser un referente para muchas mujeres que ejercen el periodismo?

-Para mí es un orgullo si ha servido para defender los derechos de muchas mujeres. Imagínate, es una satisfacción enorme. Al mismo tiempo es una obligación. Te vas poniendo cada vez más exigencias porque vas viendo que no puedes parar de pelear y cuando ya llevas tantos años hay momentos que sientes una ligera frustración, pero quiero creer que ahora estamos en el punto de defender lo conseguido y seguir avanzando. Que no nos convenzan de algo que no es verdad, sobre todo a las jóvenes, y es de que no hay que hacer nada porque ya está hecho, porque cuando compras ese mensaje corres el riesgo de que eso que está hecho desaparezca.

-En su larga trayectoria profesional, ¿cuáles han sido las mayores dificultades que ha tenido que afrontar como mujer?

-Yo creo que las que tenemos todas, pero evidentemente, cuando yo empecé en el periodismo en el año 70 y, además, en el internacional, en ese momento eramos cuatro gatas. Entonces, el primer obstáculo es que se te reconozca que eres capaz, porque la capacidad no se te supone. Eso es lo complicado pero, además, ser implacable, no cansarte porque esa necesidad de demostrar es permanente, por mucho que ya hayas hecho muchas cosas,siempre puedes ser puesta en cuestión. Y desde luego, no se te permite un fallo. La realidad es que lo que define también los obstáculos es la condición de ser mujer, el estar es una permanente lucha por probar que eres capaz. Digamos que ahora no es tan necesario, por suerte se ha avanzado muchísimo, pero también se ha retrocedido en otros planos.

-¿Cree que, en cierta medida, ese retroceso tiene que ver en cómo se utiliza la imagen de la mujer en los medios?

-Absolutamente. Sobre todo, en los medios visuales esta imagen está totalmente estereotipada y debemos de romper con esa definición de roles que ,además, es totalmente ficticia. Por otra parte, está hipersexualizada y lo que se muestra es la imagen de una mujer que es un objeto a desear o a poseer, pero casi nunca un sujeto a respetar o a imitar, cosa que no sucede con los hombres. La presentación de una mujer en algún tipo de cargo, por ejemplo, siempre es materia opinable, siempre hay algo que discutir. Hay unos tics sociales que están anclados en el imaginario y que está costando muchísimo eliminarlos. A pesar de que la legislación, en España concretamente, está avanzada y es reconocida como una buena legislación incluso comparativamente con países de nuestro entorno, en la aplicación de la misma y en la penetración del mensaje de igualdad no se consigue en la misma medida. Y en esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que, por diferentes motivos, siguen ejerciendo prácticas que perpetuan los estereotipos y la hipersexualización.

-En un momento de lucha ferviente en el que hay empoderamiento y unión de las mujeres por la igualdad. ¿Qué le parece la aparición de un partido con un discurso como el de Vox?

-Yo lo que creo que hay que tener cuidado de no darles voz, precisamente. Lo que se aconseja sobre todo por parte de todos los grupos y personas que están luchando contra las noticias falsas y contra esta potenciación de mensajes tóxicos es que no hay que repetir nunca lo que dicen porque les estás volviendo a dar protagonismo. Todas esas fuerzas que lo que pretenden es ir hacia atrás, engañando a las mujeres de buena fe y haciéndoles creer que se quiere decidir por ellas, eso es absolutamente falso, precisamente lo que se quiere es que sean ellas las que decidan. No queremos una sociedad sólo dirigida por mujeres al igual que no queremos una sociedad sólo dirigida por hombres. De todas formas, intereses por desviar cual es el núcleo de la lucha feminista es algo que ocurre en todas las revoluciones. Todas las revoluciones provocan una contrarrevolución que suele ser muy virulenta porque es reactiva.

-¿Y cómo se puede evitar?

-Es algo en lo que no hay que caer porque la manipulación informativa está dando unos instrumentos falaces para tomar decisiones, estamos viendo como por culpa de esto el ciudadano de buena fe está votando en contra de sus propios intereses. Yo lo que pido es que ante cualquier mensaje, se reflexione y se vea cual es la intención real de ese mensaje, no agarrarse a mensajes sencillos y de impacto con mucha carga emocional, porque tomar decisiones en base al miedo o la emoción es una forma muy fácil de equivocarse.

-¿Cree que la radicalización de algunas actitudes o comportamientos quita credibilidad al movimiento feminista?

-Lo que ocurre es que en todos los movimientos de lucha por los derechos siempre hay unas partes o unos grupos que son más radicales que otros. Irse a los extremos nunca beneficia al grueso porque el fin de los extremos, sean del tipo que sea, es sostenerse ellos en su radicalización, no en el consenso o el desarrollo moderado. Todo esto enturbia los mensajes esenciales, muchas veces de auténtica buena fe, por convicción, pero otras por pura manipulación para desviar la atención de la cuestión central. También hay que entender que existen y hay que tomar la decisión propia de si uno quiere ser radical o no, pero eso tiene que ver con la libertad de las personas.En esto los medios tienen un papel fundamental ya que en esa función de servicio a la ciudadanía, tenemos una responsabilidad enorme, porque de la conformación de esos mensajes el ciudadano será capaz de tomar decisiones basadas en argumentos cabales, rigurosos, plurales e independientes. Una vez que se tienen esos elementos, la opinión es libre, cada uno con esos mensajes puede hacer lo que quiera, pero si solo tiene una parte es probable que se equivoque.

-¿Qué ha cambiado entre las periodistas de ahora y las de antes?

-El cambio más evidente, de entrada, es que hay muchísimas más. Pero sobre todo el darse cuenta de que este papel, también va con ellas. Hoy día hay unas dificultades ocultas que no son tan evidentes, antes estaba muy claro contra qué peleabas, es más fácil tener una causa cuando peleas por el voto, por el acceso a la universidad, al trabajo, por poderme vestir como quieras, por poder tener una cuenta bancaria... La dificultad ahora es que la opresión es mucho más sutil y es más complicado desenmascararla. El rechazo ahora no es tan frontal.

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