Covid-19

Francisco, un superviviente de Granada con una salud como un camión

  • El Covid-19 se cruzó en la vida de este zubiense de hierro que superó el coronavirus pese a tener graves patologías previas, y que esperaba tres cirugías vitales que se tuvieron que retrasar

  • Ya se ha sometido a ellas y el viernes fue dado de alta en el Hospital Universitario Clínico San Cecilio

Francisco Reyes Ortiz, junto a su esposa Carmen Fernández, junto a la que estuvo ingresado mientras los dos pasaban el Covid-19 Francisco Reyes Ortiz, junto a su esposa Carmen Fernández, junto a la que estuvo ingresado mientras los dos pasaban el Covid-19

Francisco Reyes Ortiz, junto a su esposa Carmen Fernández, junto a la que estuvo ingresado mientras los dos pasaban el Covid-19 / HUSC

"Era una bomba de relojería, sabías que en cualquier momento se podía poner malísimo". "Nos dijimos 'no lo va a superar'". "Corrió peligro su vida". Francisco Reyes Ortiz, Paco como le llama su mujer Carmen, se revolvió ante un destino que no era el suyo y cambió esos comentarios de sus médicos en otros como "este señor tiene un mérito tremendo", "es superviviente porque supera todas las adversidades que le van surgiendo", o "Francisco ha sido entrañable". Con 73 años, este zubiense ha superado el coronavirus tras veinte días ingresado sufriendo alteraciones cardiacas, insuficiencia renal crónica, un aneurisma de aorta intraabdominal, hipertensión, diabetes, colesterol y una patología pulmonar crónica, además de tres intervenciones quirúrgicas cardiovasculares vitales en apenas dos semanas después de superar el Covid-19. El pasado viernes, en el Hospital Universitario Clínico San Cecilio, fue dado de alta.

En la historia de Francisco se cruzó el coronavirus de una forma que podría haber resultado fatal. Antes de que el mundo se pusiera patas arriba aguardaba para someterse a una cirugía para corregir un aneurisma de aorta abdominal, cuyo diagnóstico se complicó durante el preoperatorio al detectarse también una arritmia de la que fue intervenido antes de la pandemia aunque no terminó con el problema. "Retrasar procedimientos en estos pacientes puede ser fatal", explica el doctor José Miguel Lozano, cardiólogo y responsable de la unidad de arritmias del HUSC, y uno de los tantos artífices de haber ayudado a Francisco a convertirse en un superviviente.

Pero no hubo más remedio que hacerlo, suspender la cirugía con el riesgo que conllevaba una eventual rotura del aneurisma. El SARS-Cov-2 lo inundó todo, obligó a todo un país a sobrevivir casi como si fueran tiempos de guerra, solo que las grandes batallas diarias se combatían en las trincheras de los hospitales. Día y noche. "Tira con tu madre ahora mismo al PTS, y cuando la sueltes vienes a por tu padre", dijo el médico de cabecera de La Zubia a uno de los hijos de Francisco cuando les dijeron que su padre y su madre estaban contagiados de coronavirus. Carmen se lamenta por creer que ella fue la que llevó el Covid a casa: "El día 10 de marzo estuve en el PTS para una infiltración. Y había una chica estornudando que decía 'vaya con la alergia' y no, era ya el virus".

Francisco y Carmen, junto a los médicos que les atendieron los últimos meses Francisco y Carmen, junto a los médicos que les atendieron los últimos meses

Francisco y Carmen, junto a los médicos que les atendieron los últimos meses / HUSC

La esposa de Paco empezó con síntomas cuando Pedro Sánchez anunció el decreto de estado de alarma y tres días después, cuando este empezaba, el 'bicho' ya campaba a sus anchas en su organismo. "Empecé con fiebres, diarreas, vómitos, sudando, malísima. Me separé de la cama de mi esposo, me fui a otro dormitorio, todo por separado. El día 30 me estaba muriendo y le dije a mis hijos que me llevaran al médico que no podía aguantar", relata Carmen, que por más medidas que tomó no pudo evitar que Paco se contagiara. Tenía los mismos síntomas, pero se lo achacaba a sus arritmias y al marcapasos, "pero era el coronavirus".

Aquel 30 de marzo, en pleno pico de la pandemia en Granada, pudo marcar las vidas de la familia Reyes Fernández. Pero fue cuando se empezó a fraguar la leyenda del paciente que tenía la salud como un camión. Como 40 camiones. Los que tiene en la flota de la empresa que creó de la nada, un clásico de las carreteras españolas: Transreyes. La primera parada fue la planta Covid del Clínico San Cecilio. Allí, en el dedo 3 de la sala 2 del PTS les esperaba el matrimonio Javier De La Hera-Elena López-Mezquita y todo su equipo. "Es un paciente que conocemos medio hospital. Nosotros lo conocimos por el tema del Covid, pero lo seguían cardiólogos, los cirujanos vasculares, los nefrólogos. Tiene muchas patologías de base y todas bien llevadas, a pesar de la edad que tiene", cuenta De la Hera. Francisco y Carmen encontraron en Javier y Elena sus ángeles de la guarda, pero sobre fueron los de sus hijos, que vivían con la incertidumbre de tener a sus dos padres ingresados por coronavirus.

"Necesitaban un poquito más de atención porque no sólo es tu papá, es tu mamá la que también está ingresada. Sabes que tu papá tiene muchas patologías de base y escuchas que la gente mayor se muere. Entonces hablar por teléfono, escuchar, tranquilizar es muy importante. La labor de comunicación, además de la asistencial, es muy importante", cuenta el doctor De la Hera, internista del Hospital del PTS sobre una función que desarrolló su esposa, la doctora López-Mezquita.

Francisco Reyes sonríe en su habitación antes de darle el alta Francisco Reyes sonríe en su habitación antes de darle el alta

Francisco Reyes sonríe en su habitación antes de darle el alta / G. H.

Francisco fue ingresado por Covid en un momento crucial, cuando los médicos estaban prácticamente a ciegas con los tratamientos. "Vimos que el virus se comportaba como si fuera una enfermedad autoinmune, por lo que fue de los primeros a los que se le administraron corticoides. "Decíamos 'que responda, que responda', y respondió", añade De la Hera. Tanto que, pese a tener todas las papeletas, Paco no llegó a entrar en UCI. El doctor recuerda la cautela con la que tuvieron que actuar todos por el "mucho miedo" que les daban las patologías previas que tenía Francisco en el riñón, el corazón y el pulmón. "Cuando ves que funcionan las cosas transmites más seguridad, el paciente está más tranquilo", añade.

Después de veinte días, casi a finales de abril, y sin separarse de Carmen, que se había buscado la vida para que Francisco estuviera a su lado en la habitación, ambos salieron del San Cecilio con el alta bajo el brazo. Pero su aventura no había terminado. De hecho, el reloj empezaba a correr hacia atrás. Aunque hubiera superado el Covid, quedaba una sesión de chapa y pintura nada menos que en el corazón. Los doctores De la Hera y López-Mezquita le dieron el relevo al equipo del doctor José Miguel Lozano. "A este paciente lo teníamos programado para los días de antes, pero cuando estalló la pandemia lo suspendimos. De hecho, cuando unos días después quisimos planificarlo para hacerlo durante la pandemia, porque nos parecía que era un paciente que no debía esperar, entramos en su historia vimos que estaba ingresado por una infección por Covid", cuenta el jefe de arritmias del HUSC. "Dijimos 'no lo va a superar' porque se le iba complicando todo y asombrosamente salió del Covid, y en un estado bueno que dio lugar a que siguiéramos adelante con el plan que teníamos previsto", se sincera el doctor.

Francisco y Carmen, en el pasillo de vascular durante su último día de ingreso tras la operación del aneurisma Francisco y Carmen, en el pasillo de vascular durante su último día de ingreso tras la operación del aneurisma

Francisco y Carmen, en el pasillo de vascular durante su último día de ingreso tras la operación del aneurisma / G. H.

Un mes y medio después de salir del hospital tras ganarle al coronavirus, Francisco Reyes regresó al PTS para nada menos que una doble operación: un implante de marcapasos con estimulación hisiana, y un bloqueo de la conducción normal de la electricidad para que la frecuencia del corazón no fuera muy alta. Se hizo con la mayor de las delicadezas posibles y con un método novedoso, que buscaba una mayor estimulación fisiológica del tejido. De esta manera se podía afrontar con mayor garantía de éxito la intervención vascular para arreglar el aneurisma que quedaba todavía pendiente. "Pensábamos que una descompensación del corazón se lo podía llevar por delante", explica el doctor Lozano.

"Hicieron un trabajo excelente, se quedó perfecto", valora de su compañero de cardiología el doctor Luis Miguel Salmerón, jefe de cirugía vascular del San Cecilio y último eslabón de la recuperación de Francisco. Su parte era la más delicada, la última etapa para que los Reyes Fernández puedan vivir con normalidad y sin mirar, nada más que lo necesario, a los hospitales. "Quería valorarlo personalmente para ver qué me encontraba, por la edad que tiene y lo que había pasado, pero me encuentro a un señor con una edad aparentemente menor de la que tenía, y en un estado físico bastante bueno y sobre todo un ánimo increíble", dice el doctor Salmerón.

Era una operación que no se podía demorar más y ya habían pasado casi cuatro meses desde su detección. "Se encontraba por encima del rango quirúrgico y cada día que pasaba corría el riesgo de que se podía romper la aorta", cuenta el jefe de vascular. La mortalidad, en estos casos, es muy alta. Pero con un enorme ánimo, Paco aceptó la cirugía. Había pasado una semana de la anterior. "Otros en su lugar renuncian a ella cansados de tanto hospital", añade el doctor Salmerón.

El lunes pasado fue el día. Y fue rápido. Con una técnica mínimamente invasiva, aprovechando un quirófano único en el sur de España (híbrido, con un instalación radiológica estable que permite hacer control de rayo X durante la cirugía), el equipo del doctor Salmerón eliminó el aneurisma de Francisco. Pasó el martes en UCI por protocolo y dos días después ya estaba en planta. Cinco después se iba para casa. Todo se había acabado para Francisco, que era la misma persona pero con un corazón más fuerte todavía.

Los doctores De la Hera y López-Mezquita fueron sus médicos durante el Covid-19. Los doctores De la Hera y López-Mezquita fueron sus médicos durante el Covid-19.

Los doctores De la Hera y López-Mezquita fueron sus médicos durante el Covid-19. / G. H.

"No tengo palabras para denominarlo. Ha sido todo un éxito. Le decía a mis hijos que no sé si es que tengo buena suerte y siempre me tocan buenos médicos, o es que son todos iguales. Tienen un corazón que no les cabe a las criaturas. Mejor no puedo hablar de ellos. Son un equipo fabuloso en todos los sentidos", cuenta Francisco desde el sofá de su casa, aún emocionado por la despedida que le brindaron en el hospital. "Si yo adoro a mis hijos, el equipo que hay en el hospital es han sido mis hijos. Nos han querido, nos han mimado y dado mucho cariño", añade Carmen.

Igual de emocionados que los doctores De la Hera y López-Mezquita, que se dieron un abrazo para toda la vida: "Entablamos cierta amistad, son momentos bonitos que van a quedar en el recuerdo". "Si tienes buena calidad de vida y la cabeza en su sitio, vas tirando adelante", agrega el internista. "¡Qué maravilla de matrimonio, vaya par de dos!", exclama Carmen al recordarles.

"Hay personas así, que tienen una naturaleza muy fuerte. Tiene mucha carga de enfermedad, pero cuando ves que tiene energía, también para afrontar la enfermedad, influye. Hay pacientes con su edad que parece que tienen 20 años más. La constitución de cada uno influye y la suya es fuerte", cuenta de Francisco el doctor Lozano. "No todos los pacientes serían capaces de afrontar una situación tan delicada de salud con el ánimo y su valentía", completa el doctor Salmerón. "Me sorprendió la confianza que tenía en todos los médicos. A pesar del alto riesgo y del calvario que ha pasado, en vez de achantarse y decir que ha llegado su hora, la fortaleza y la fe, y la confianza en si mismo le ha sacado", sentencia.

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