García Lorca, suspenso en Historia de la Lengua

Los suspensos no siempre son achacables al alumno

Son numerosos los casos de suspensos que demostraron luego su capacidad en la materia

Hoy lo único suspendido de Lorca es su legado

García Lorca, suspenso  en Historia de la Lengua
García Lorca, suspenso en Historia de la Lengua
José Luis Delgado José Luis Delgado

13 de marzo 2017 - 02:33

Siguen en cuestión las Leyes de Educación. Y una de las cosas que habría que revisar es el control de calidad en el profesorado. Los casos de ilustres personajes que fueron suspendidos en algunas de las materias de sus carreras se cuentan por docenas; y en absoluto deslucen su prestigio, entre otras cosas porque no siempre los suspensos son achacables al alumno. Algún profesor se pasa toda su vida profesional suspendiendo sin darse cuenta de que tendría que revisar sus métodos pedagógicos; cree que los demás son tontos y no podrán nunca llegar a la cima de sus elevados conocimientos porque el único listo es él. Y como quiera que no haya control de calidad en sus enseñanzas, llega a la jubilación tan convencido de que es supermán. Y no digamos nada de los semidioses miembros de los tribunales, algunos de los cuales no tienen ni la cuarta parte de la preparación del opositor al que suspenden.

No es el caso del suspenso que le dieron a Federico García Lorca en Historia de la Lengua Española en la Facultad de Filosofía y Letras; nunca fue un aventajado estudiante ni fue exquisita su caligrafía, pero es que además el examen que hizo fue un desastre, hasta el punto de que uno de los miembros del tribunal que actuaba de secretario era su amigo, el poeta Juan Antonio Tamayo que, con todo el dolor de su alma y a la vista del desastroso examen, tuvo que firmar la papeleta de suspenso. Nada pudo hacer tampoco Gallego Burín, por entonces joven profesor auxiliar que también intercedió por el examinando suplicando el aprobado al presidente del tribunal don Eloy Señán. Hoy lo único que queda en suspenso de Lorca es su legado que nunca llega porque las comunicaciones con Granada son nulas.

Dicen que a Azorín también lo suspendieron en Literatura y por eso dejó escritas estas palabras en su libro Madrid (1941). "La afición o repugnancia a las materias estudiadas depende en gran parte del maestro". Y para suspensos los que obtuvo Valle-Inclán, tanto en Bachillerato como en las carreras de Letras y Derecho; los más sonados fueron los que le dieron una y otra vez en, precisamente, Gramática Española. Igualmente fueron suspendidos en Literatura Manuel Machado y el que luego sería prolífico escritor madrileño Ramón Gómez de la Serna. Pero quizás los más curiosos fueron los que le dieron en Pediatría y Oftalmología en la Facultad de Medicina de Madrid al que luego fuera Premio Nobel de Medicina Severo Ochoa.

Muchos recordarán a otro de los más ilustres personajes de la ciencia, Albert Einstein, uno de los peores alumnos de la Escuela Politécnica de Zúrich en las asignaturas de Letras que acabó siendo luego el padre de la Teoría de la Relatividad y autor de esta otra frase: "La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado lo que aprendió en la escuela". También decían del científico naturalista inglés Charles Darwin que era un chico imposible "escaso de inteligencia; una desgracia para sus padres". Y el propio Giussepe Verdi no fue admitido en el Conservatorio Superior de Música de Milán. Son muy numerosos los casos y seguro que esta misma mañana se estarán fraguando otros en cualquier centro de enseñanza.

Dicen que el propio Bill Gates, el fundador de Microsoft, fue muy mal estudiante; tenía que estimularlo su padre ofreciéndole 25 dólares por cada sobresaliente. Y es que parece que lo que se estudia es lo que ya está estudiado y hay chicos tan aventajados que lo que les interesa es el futuro; lo que está por llegar. Por eso se aburren al tener que memorizar lo ya sabido. A ver si las reformas educativas que vienen dan en la tecla empezando por seleccionar adecuadamente al profesorado sin olvidar su continuo control de calidad porque a lo mejor los alumnos no son tan torpes como a veces nos creemos.

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