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"El Loyola es y debe seguir siendo un colegio mayor; no un parvulario"

Fachada del Colegio Mayor Loyola, cerrado desde 2014. Fachada del Colegio Mayor Loyola, cerrado desde 2014.

Fachada del Colegio Mayor Loyola, cerrado desde 2014. / g. h.

"Como podéis intuir, quiero un curso totalmente diferente, este espacio es y debe seguir siendo un Colegio Mayor, con todo lo que ello implica, y de ninguna manera un "parvulario" de chicos universitarios con sus "niñerías", sino personas decididas, jóvenes emprendedores y sobre todo jóvenes con criterios éticos y morales, que están preparando un mundo mas cordial, más humano, menos egoísta y más solidario.". El que fuera director del Colegio Mayor Loyola en Granada Ignacio Bertrán dejó escrito en junio de 2011 su malestar por el comportamiento de algunos de los colegiales. El párrafo que aquí se reproduce figura en una de las tribunas del director que pueden leerse en la página web del Colegio Mayor, que cerró sus puertas tres años después, en 2014. En la decisión de la Compañía de Jesús, entidad que gestionaba el centro, fue clave la cuestión económica, pero también otros aspectos que se consideraron "irreversibles" y que están relacionados con las novatadas que un antiguo colegial y antiguo estudiante de la Universidad de Granada ha relatado recientemente a través de las redes sociales.

Lo confirma otro de los antiguos directores del centro, Francisco Rodríguez. "El peso fundamental fue económico. Durante cuatro años descendió el número de matrículas", recuerda Rodríguez, que fue el primer director seglar del Colegio Mayor, cargo que ocupó durante dos años, de 2012 a 2014. Justo el periodo en el que el antiguo colegial circunscribe el relato de las situaciones de acoso o bullying que sufrió. Rodríguez reconoce que existía una "rumorología" sobre las novatadas y "las familias podían tener conocimiento" de las gamberradas que sufrían los recién llegados. "Esa incidencia tuvo que ver posiblemente con el descenso de las plazas" registrado en los últimos años de la residencia. También indica que esa caída en las inscripciones fue común al resto de colegios mayores. Pero Loyola terminó por cerrar. ¿Llegó a la Compañía el relato de las novatadas de aquellos años? Rodríguez afirma que así fue. La propia dirección fue la que movió un tema que se terminó por escapar de su capacidad de gestión. "Percibí que esas actuaciones habían perdido el concepto de integración y se llega al maltrato psicológico", reconoce el antiguo director, que afirma que ese maltrato "a nivel físico no se pudo constatar". No hubo denuncias ante la Policía Nacional, pero sí se intentó frenar aquello. "Considero que hay una trayectoria que se llega a una curva cada vez más desagradable", ahonda Rodríguez.

Existía "rumorología" y eso pudo influir en el continuo descenso en el número de colegiales

Se sancionó, se expulsó a algunos colegiales. Se mantuvieron reuniones con las familias, se tuvieron asambleas "para tratar de la convivencia colegial". "Queríamos reconducir la situación" bajo la premisa de "tolerancia cero" hacia las novatadas. En ese contexto se produjeron reuniones también con el Defensor Universitario, cargo que en aquel momento ostentaba Enrique Hita. "Le dimos datos concretos de lo que veíamos" y desde la Defensoría se requirió información. También hubo colegiales que se personaron en el despacho del Defensor a título individual.

La Compañía comunicó en marzo de 2014 su decisión de cerrar el colegio mayor. Planteó un ERE para todo el personal y la actividad cesó el 12 de julio de ese año. Aquella decisión motivó una nueva tribuna del director que puede leerse en la web del Loyola. "Si las circunstancias económicas han estado presentes sin duda en todo el periodo de consultas y discernimiento previo a esta decisión, no es menos cierto que en nuestro caso han debido valorarse algunos factores más [...] La decisión ha sido considerada sólo cuando tales factores se nos mostraron irreversibles, no antes". Entre esos factores "irreversibles" a los que se hace mención están los problemas de convivencia generados por las novatadas. "Cuando una obra no cubre los objetivos, los jesuitas deciden no continuarla", especifica Rodríguez. Aquello no cumplía ni los objetivos económicos ni los ligados a la vida universitaria ni a los valores de la Compañía.

Cuatro años después del cierre, Ignacio Martínez reconoce que debería haber denunciado ante la Policía Nacional las situaciones de acoso que sufrió en el Colegio Mayor. "¿Debería haberlo hecho? Sí. Es difícil explicar por qué, pero ninguno de los novatos que nos sentíamos tan oprimidos supimos ver esa opción". "Además, existía el miedo de que no se resolviese nada y la represalia por parte de los acosadores fuese mayor".

Tras el relato en redes sociales y su difusión, la Universidad de Granada indicó que "investigaremos" lo ocurrido, aunque puntualizó que "es un asunto que tiene que ver con un colegio privado y sus colegiales".

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