Obituario

Manuel Fernández Vílchez: Siempre queriendo y nunca olvidando

  • El empresario durqueño fallecido es una institución en la hostelería granadina. 

Manuel Fernández Vílchez: Siempre queriendo y nunca olvidando Manuel Fernández Vílchez: Siempre queriendo y nunca olvidando

Manuel Fernández Vílchez: Siempre queriendo y nunca olvidando

Manolo, empresario hostelero durqueño, llevaba desde los nueve años dedicado en cuerpo y alma al sector turístico de Granada. Recién cumplida la mayoría de edad, fue encargado del histórico restaurante El Zahor, conservador de nuestra tradición gastronómica y del auténtico sabor andaluz. Por aquel entonces ya recibía el Diploma al Mérito Turístico del ministerio de Turismo del Gobierno de España.

Era un hombre con un gran espíritu de lucha, que a lo largo de toda su trayectoria, sin pausas ni desfallecimientos, ha dedicado su vida al sector del turismo. 60 años que han sido testigos de multitud de establecimientos hosteleros que han contribuido, en gran parte, a enriquecer el patrimonio gastronómico de nuestra Granada.

Desde el mítico Los Mariscos (el germen de toda la saga hostelera), pasando por Tavares (un rincón lisboeta en el legendario hotel Zayda), El Burlaero (restaurante taurino testigo de grandes figuras del toreo y grandes tertulias), hasta llegar a Las Copas y La Alegría (joyas gastronómicas actuales y de referencia en el centro de la ciudad).

Destacar, y además en su caso es reconocido, que junto al hombre fuerte, siempre la mujer importante. Por ello, Manolo ha colmado de maternal ejemplo a sus hijos. Doña Carmen, una compañera de viaje incondicional en su lucha y esfuerzo diario.

Marido, padre, amigo, empresario, hombre de palabra y gran aficionado taurino, cualidades y valores que ahora les toca a sus hijos Manuel, Mari y Elena, inculcar a sus nietos María, Salim y Sara. Pero para esa tarea no estarán solos, cuentan con su incansable yerno Salim, su “otro hijo”, y su nuera Marisa.

Amigo Manolo, “siempre queriendo y nunca olvidando”. Como te gustaba despedirte todas las mañanas después de mi desayuno en Las Copas tras ocho años en la Plaza del Carmen.

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