Pasado con presente incluido

Manuel Robles 'Manolín', la zurda de oro

  • Jugó en el Granada CF de Primera en la época en la que el equipo era tachado de 'matagigantes'

  • Formó parte de las alineaciones de Sevilla, Villarreal y Getafe

  • Fue el promotor de la Escuela de Fútbol de Santa Fe y ahora mata el gusanillo como comentarista en Canal Sur Radio y TG7

Manuel Robles 'Manolín' junto a su nieto en Los Cármenes. Manuel Robles 'Manolín' junto a su nieto en Los Cármenes.

Manuel Robles 'Manolín' junto a su nieto en Los Cármenes. / A. C.

De niño le calentaba la cabeza a su padre para que lo llevara a Los Cármenes a ver jugar al Granada. Su padre era guardia civil en Montefrío y tenía pocas oportunidades de ocio para llevar a su hijo al fútbol. Aun así el padre le decía a su hijo que sí, que algún día lo llevaría. Una noche oyó a su madre decirle a su padre: "No ilusiones más al niño prometiéndole que lo vas a llevar al fútbol si luego no vas a poder cumplir ese compromiso".

Efectivamente, su padre nunca cumplió su promesa porque murió cuando él tenía solo diez años. Por eso, cuando ya de futbolista vistió la camiseta del Granada y salió por primera vez a jugar al viejo Los Cármenes, el primer pensamiento fue para su padre. "¡Qué orgulloso se hubiera sentido si me viera en este campo al que nunca me trajo!". Aquel niño de la historia tiene ya 68 años. Se llama Manuel Robles aunque en el mundo futbolístico todos lo conocían por Manolín.

Antes de jugar en el Granada jugó en Recreativo y después en el Sevilla, en el Villarreal y en el Getafe. Tuvo una lesión en la rodilla, le hicieron una chapuza de operación y a los 29 años se vio obligado a retirarse de fútbol. Pero como el balompié es su pasión, después fue entrenador en varios equipos y el promotor de una de las primeras escuelas de fútbol que se crearon en Andalucía: la de Santa Fe.

Trabajó después más de 30 años en una correduría de seguros y ahora pasa su tiempo leyendo la prensa, comentando los partidos del Granada Club de Fútbol en Canal Sur y con sus nietos, uno de los cuales quiere seguir el ejemplo de su abuelo. También monta en bicicleta porque hace cuatro años lo operaron de la dichosa rodilla. Le pusieron una prótesis y dice que a partir de entonces es un hombre nuevo. Como Albert Camus, lo mejor que Manolín ha aprendido sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debe al fútbol.

El sueño de un niño

Con la camiseta rojiblanca. Con la camiseta rojiblanca.

Con la camiseta rojiblanca. / G. H.

Lo primero que aparece en Manolín cuando voy a verlo a su casa es su amabilidad. Es una amabilidad sana y sin contrastes que le suministra una sonrisa permanente a su rostro. Manolín vive en la Avenida de la Hispanidad en Santa Fe y cuando está sentado en su butaca y ve colgadas en la pared las fotos con formaciones futbolísticas de cuando estuvo en el Sevilla o de cuando estando en el Granada eliminaron al Barcelona de la Copa del Rey, casi no se cree que haya formado parte de esas alineaciones. "Algo tendría yo cuando confiaban en mí", se dice para constatar que hubo un momento de gloria del que él formó parte.

Manolo Robles, alias Manolín, nació en Santa Fe en un caluroso día de agosto de 1950. Su padre era Guardia Civil y lo cambiaban de destino constantemente: Trevélez, Baza, Deifontes, Montefrío… Fue en Montefrío donde por primera vez se sintió importante vistiendo una camiseta de fútbol. Hasta ese momento todo habían sido simulacros. Su padre murió joven, los 50 años, y su madre con sus tres hijos volvió a Santa Fe, donde estaba su familia.

Al ser huérfano de un hijo que había pertenecido a la Benemérita pudo estudiar en un colegio de Madrid, en el Infanta María Teresa, que estaba muy cerca del Santiago Bernabéu. Allí Manolín soñaba que algún día sería futbolista como Pirri y Velázquez, dos de sus ídolos futbolísticos. En ese colegio pudo jugar al fútbol en serio porque, de alguna forma, era una cantera para el equipo de la capital de España. "De allí salió Santisteban, por ejemplo", recuerda Manolín.

Cuando vuelve a Santa Fe, ya con 19 años y después de jugar varios partidos con el equipo de su pueblo, es fichado por el Recreativo del Granada. El equipo le paga sus estudios en el Ave María para que juegue con la camiseta rojiblanca. Dos temporadas en el filiar son suficientes para que los técnicos de primer equipo se fijen en él.

Con el Granada. Manolín, el segundo por la derecha. Con el Granada. Manolín, el segundo por la derecha.

Con el Granada. Manolín, el segundo por la derecha. / Archivo

-Yo le debo mi pase al Granada a Joseíto, que confiaba mucho en mí. Jugué con el Granada en la temporada 72-73, una de las más gloriosas del equipo. Cuando Porta fue Pichichi y cuando ganamos al Real Madrid, al Barcelona y al Bilbao. Nos llamaban matagigantes y no perdimos ningún partido en casa. Fíjate que a mí, en Los Cármenes, me tocó marcar a Pirri, al que admiraba mucho. Cuando estaba marcándolo me decía: anda, quién me iba a decir a mí que yo iba a marcar a Pirri. Cuando terminó el partido le pedí un autógrafo.

Manolín tenía un futuro en el fútbol. Todos los que le veían jugar lo decían. Un periodista lo llamó la zurda de oro porque era con el pie izquierdo con el que le pegaba fuerte al balón.

-Un día, en un entrenamiento, me venía bien la pelota para chutar con la derecha pero hice un movimiento y me la puse en la izquierda. Joseíto, que vio la maniobra, me gritó: "¡Manolín!, ¡¿para qué quiere usted el pie derecho?!". A lo que yo le contesté: "Pa' arrancar la Vespino". Todos se echaron a reír, hasta el mismo Joseíto, con lo serio que era.

Fue a final de esa temporada cuando sufrió una lesión de rodilla: el dichoso menisco. La operación se la hizo un traumatólogo que no reparó que tenía que esmerarse con la pierna de un futbolista. Él piensa que hoy hubiera sido diferente porque hay facultativos especializados en ese tipo de operaciones. Así que la cosa no salió lo bien que él hubiera querido porque esa rodilla le estuvo dando la lata todos sus días de deportista.

Aun así él confiaba que algún día podría jugar a pleno rendimiento. En la temporada siguiente un hecho fortuito que aparece revestido de desgracia le hace fichar por el Sevilla. En el Pasarón, campo del Pontevedra, muere de forma súbita el jugador del Sevilla Pedro Berruezo. Iban seis minutos de juego y el jugador cae de manera fulminante en el campo. Un infarto de corazón, fue el pronóstico al que más se acercaron los médicos. El Sevilla busca interior izquierda y lo encuentra en Manolín, que es cedido por el Granada. En este equipo, que estaba en Segunda, está dos años, hasta que sube a Primera. Después pasaría al Villarreal y terminaría su vida deportiva en el Getafe.

-La rodilla no dejaba de molestarme y yo sabía que ya no podría jugar más al fútbol a pleno rendimiento. Un día me dije: Manolín, hasta aquí has llegado. Así que decidí dejarlo definitivamente. Bueno, jugué algunos partidos en los dos años siguientes en el Motril y en el Loja, pero más como entrenador que como jugador.

La escuela del fútbol

Tenía 29 años y toda una vida por delante. Para entonces ya se había casado y tenía tres hijas: Ana, Eva y Rocío. Había que buscarse las habichuelas en otra actividad que no fuera el fútbol y se puso a trabajar en la Correduría de Seguros Maldonado, donde ha estado 33 años.

Pero el fútbol seguía siendo su pasión. Un día, para alimentar esa inclinación suya al universo del balompié, le propuso a Pepe Rodríguez Tabasco, por entonces alcalde de Santa Fe, que el Ayuntamiento creara una escuela municipal de fútbol.

-Pepe era más un hombre de cultura que de deportes y vio el proyecto con algo de recelo. Pero lo pude convencer de que el pueblo podía tener una de las pocas escuelas de esta disciplina que había en España. Fue un acierto porque la escuela aún sigue funcionando y a ella van muchos chavales a jugar.

Estamos llegando al final de nuestro encuentro cuando Manolín me cuenta que después de la muerte de su mujer, en 2010, estuvo más de cuatro años sin ganas de hacer nada. Una pequeña depresión le tuvo amohinado y le quitó las ilusiones en la vida. Ahora dice que se ha recuperado totalmente de ese bache anímico y que puede que haya contribuido a eso su total recuperación de la rodilla que le permite practicar el ciclismo, otro de sus deportes favoritos, y su faceta de sagaz comentarista en Canal Sur y TG7.

Como comentarista de Canal Sur Radio. Como comentarista de Canal Sur Radio.

Como comentarista de Canal Sur Radio. / G. H.

-Es que Gerardo Girón me llamó un día y me dijo que ya que estaba jubilado a ver si podía ir con él a comentar los partidos del Granada en Canal Sur Radio. Por supuesto con esto no ganas nada de dinero, pero me divierte y me lo paso bien, que es de lo que se trata. También me llamó Pedro Baena para su programa en TG7 en el que se analizamos todas las semanas cómo va el Granada.

-¿Y cómo va el Granada?

-Pues bastante bien. Ahora el público se divierte viendo a nuestro equipo. En este sentido casi prefiero que esté en Segunda. En Primera íbamos a campo con mucho pesimismo y siempre a sufrir y a especular por cuantos íbamos a perder.

-¿Qué tenía el fútbol de antes que no tiene el de ahora?

-Yo creo que antes se sudaba más las camisetas y se tenía mucho más cariño al club que te fichaba. Salías al campo a romperte la cara por el equipo. Ahora hay más mercantilismo. Eso sí, la verdad es que a mí me hubiera gustado jugar en estos tiempos.

-¿El fútbol hace amigos?

-Sí, claro que sí. Bueno están esos que se te acercan con interés cuando eres famosillo, pero esos no son amigos. Yo, la verdad, es que mantengo la amistad con muchos antiguos futbolistas. ¿Sabes lo peor de un futbolista?

-No.

-El ego. Aquel que llega a un equipo y se cree imprescindible o que es el mejor. Yo creo que en el fútbol hoy día falta mucha humildad.

-¿Has cumplido todos tus sueños?

-En general sí. Pero tengo una espina clavada: nunca jugué en el Bernabéu. El día en que el Granada jugaba allí no estaba bien y no entré en la convocatoria.

-¿Te ha salido algún nieto con afición al fútbol?

-Sí. A mi nieto Ignacio se le da muy bien.

-Pues a lo mejor vas algún día a verlo a jugar al Bernabéu.

-Ojalá, jajajajaja.

Manolin, en la actualidad. Manolin, en la actualidad.

Manolin, en la actualidad. / A. C.

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