Ayer y hoy

El alcalde Tejeiro y los pitos ministeriales

  • Una céntrica calle recuerda al alcalde Manuel Tejeiro

  • Supo dimitir indignado ante el desaire del Gobierno cuando inauguraron el monumento a Colón, pero Granada seguía con las "Angustias"

La calle en honor al alcalde Tejeiro. La calle en honor al alcalde Tejeiro.

La calle en honor al alcalde Tejeiro. / G. H.

Dede ser bonito ser alcalde de una ciudad tan importante como Granada cuando hay tortas por el cargo; y hasta los podemos tener a pares; el caso más curioso es el que se anuncia ahora; se pretende compartir el sillón; ahora yo, mañana tú. Mejor sería colocar un sillón de doble asiento, algo parecido a aquel pupitre doble que había en las escuelas de mi tiempo. No sería la primera vez. Dos sillones tiene nuestro escudo oficial: en uno se sienta Fernando y en otro Isabel.

Recoge nuestra historia local el caso de varios alcaldes que repitieron mandato; Rafael Garay lo fue en dos ocasiones, Felipe de la Chica en tres; en dos Germán García Gil de Gibaja, el conocido como el alcalde "gegegege" por el reiterado sonido de la ge inicial de su nombre y apellidos; y en otras dos Gallego Burín (1938 y 1941).

Escudo de Granada con el doble sillón. Escudo de Granada con el doble sillón.

Escudo de Granada con el doble sillón. / G. H.

Traemos a la crónica de hoy a un curioso granadino que ejerció de alcalde en tres momentos importantes. Una calle recuerda su nombre; antes era Portón de Tejeiro, entre Recogidas y Alhamar, lugar en el que la familia tenía su residencia, aunque su joyería estaba en Zacatín, número 9.

Manuel Tegeiro (se escribía con g), de profesión joyero, fue alcalde coincidiendo con el final del siglo XIX y principios del XX (1891 a 1892), (1899 a 1901) y en 1903. Periodos interesantes, sobre todo el primero, al coincidir con los actos conmemorativos del IV Centenario de la gesta de Colón en América, del final de la Guerra de Granada y la Toma de la ciudad, de las Capitulaciones de Santa Fe, la inauguración del monumento a Isabel la Católica y Colón encargado al escultor Mariano Benlliure, etcétera. Mucha tela para una ciudad que no nadaba en la abundancia y a la que le sobraban los problemas.

Pero aún así, Tejeiro fue alcalde por tres veces. Ya traía rodaje de vida pública cuando participó en los actos de la coronación de José Zorrilla como poeta nacional. Por su condición de joyero hizo precisamente la corona y algunos souvenirs que allí se vendieron.

Sin embargo dio pruebas de una gran honestidad política y ciudadana cuando, aún siendo elegido por el pueblo por el partido conservador, presentó su dimisión el 2 de noviembre de 1892 en un gesto que más de uno debiera aprender.

Portada de la Ilustración con el monumento a Colón. Portada de la Ilustración con el monumento a Colón.

Portada de la Ilustración con el monumento a Colón. / G. H.

Organizados los actos del IV Centenario en los que se incluía la llegada de la Reina con su hijo el futuro Alfonso XIII y la inauguración del monumento a Colón, se recibe la noticia de que la comitiva real no vendrá a Granada desde Sevilla porque el príncipe está enfermito; pero en su lugar vendrán tres ministros, los de Fomento, Justicia y Guerra.

Ante este inesperado desplante, calificado de grosero desaire a Granada, Tejeiro anuncia su dimisión y el pueblo su revolución. Los ministros serían recibidos con una enorme pitada, para lo cual se pusieron a la venta miles de pitos, bautizados como los pitos ministeriales. Los había de madera, de metal y de hojalata; se vendieron más de 9.000 silbatos, con lo que la pitada en Granada resultó atronadora.

Los silbantes recorrieron las principales calles, destruyeron el arco de triunfo preparado para el recibimiento y arrancaron los mástiles y gallardetes que engalanaban el paseo hasta llegar al entorno del monumento en el Salón a los gritos de ¡Viva Granada!, ¡Viva el Alcalde!, ¡Abajo el Gobierno! (presidido por Cánovas del Castillo).

Alertados estaban los bomberos mandados por Afán de Ribera. Fue quemada la tribuna; ardieron las columnas de madera y la rica crestería que coronaba el conjunto. El monumento fue al fin descubierto a los gritos de ¡Viva Colón! Fueron valientes nuestros abuelos. Granada, a pesar de rezar en las Angustias, seguía angustiada. Tejeiro repitió alcaldía, pero no sirvió de nada.

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